Diario Vasco

132 víctimas de maltrato han pasado este año por pisos de acogida en Gipuzkoa

La imagen de un dormitorio del centro de acogida de urgencia de la Diputación. Nadie quiere salir en la imagen.
La imagen de un dormitorio del centro de acogida de urgencia de la Diputación. Nadie quiere salir en la imagen. / LOBO ALTUNA
  • Acuden a estos recursos residenciales de urgencia y deben ser protegidas durante un tiempo de sus agresores

«Vivir el maltrato es duro, pero también es muy difícil salir de esa situación, se necesita mucho apoyo». Son palabras de la responsable de los programas de asistencia a la violencia de género del Ayuntamiento de San Sebastián, Arantxa Arrizabalaga, que lleva muchos años de dedicación y ha visto pasar muchos casos de mujeres por despachos, centros de acogida o pisos de emergencia, en los que se procura refugio y protección.

Sabe en carne ajena que el miedo es libre y que a veces hay que cerrar alguno de estos recursos residenciales porque el maltratador conoce la ubicación y ya no vale como lugar de amparo en el que la mujer se esconde, normalmente junto a sus hijos; ese lugar en el que estar «tranquilas y seguras». En lo que va de año, un total de 132 mujeres guipuzcoanas víctimas del maltrato y sus hijos han pasado por estos pisos de acogida.

Diputación y ayuntamientos cuentan con una compleja red de atención residencial para estas mujeres que son víctimas de violencia de género. Muchas de ellas no saben a dónde acudir para escapar del maltratador, ni cómo salir de la situación que padecen. Algunas necesitan de una protección especial porque no hay orden de alejamiento que valga cuando la forma de pensar de su verdugo está guiada por «la maté porque era mía».

En el llamado centro de acogida urgente o de corta estancia pueden vivir hasta un mes, un plazo de tiempo que suelen agotar por falta de alternativas. El recurso está formado por seis apartamentos individuales con capacidad para sendas unidades familiares. A veces la comparten dos mujeres, si es que han llegado solas, pero comida y cena se hacen en la gran cocina comunitaria en la que además tienen la oportunidad de charlar. Igual que ocurre en el salón, al que acuden sobre todo a ver la tele y en el que también se ponen en común posibles problemas que puedan surgir.

El lugar cuenta con seguridad para proteger a esas mujeres silenciosas que habitan los apartamentos, con capacidad para doce personas y despachos para psicólogas. «La presencia de agresores en el centro ha sido absolutamente residual, pero la protección da seguridad», señalan los responsables. Por este centro han pasado este año, hasta el 31 de octubre, 64 mujeres, de las que 24 llegaron con niños.

Los pequeños estaban asustados. ¿Y ellas? «El estado de confusión es importante porque vienen de una situación terrible a un espacio extraño para ellas, un recurso en el que hay otras personas a las que no conocen». No solo pueden ser de edades diferentes sino también de nacionalidades distintas y de esferas culturales y sociales variadas.

Cada vez es más frecuente, además, que estas mujeres sufran problemas de salud mental o adicciones. Lo que todas tienen es miedo. Mucho miedo. Las 132 personas que este año han pasado por los dos tipos de centros forales, el de urgencia y el centro de acogida de media estancia, lo tienen. En el segundo la urgencia ha desaparecido, pero no la necesidad de una intervención integral y especializada.

Los pisos autónomos

El estado de alerta, la ansiedad, los trámites burocráticos, las denuncias interpuestas o la petición de ayudas avanzan. Y llega el turno de lo que los técnicos forales califican como atención primaria, esas viviendas que ocupan mujeres y personas a su cargo que están en proceso de superación de la violencia. No necesitan medidas especiales de protección, pero sí un lugar en el que vivir con sus hijos de forma temporal.

¿Cuántos pisos hay repartidos por el territorio? Andoain, Arrasate, Bergara, Donostia, Eibar, Errenteria, Hernani y Zarautz cuentan con plazas disponibles para estos casos, que pueden variar según las necesidades. La Diputación cuenta con dos propios.

En San Sebastián, ahora mismo, hay cinco viviendas repartidas por la ciudad, pisos anónimos y, como ocurre con los otros, lo más discretos posible. Pocas personas conocen su ubicación en la propia institución y hay reglas establecidas como, por ejemplo, no recibir visitas. De nadie, por cercano que pueda ser. Son medidas de seguridad no tan extremas como en el centro foral de atención urgente, pero lo bastante para que estas mujeres maltratadas estén lo suficientemente tranquilas y se sientan seguras.

«No son las más vulnerables», reconoce Arantxa Arrizabalaga, la técnico del Ayuntamiento de San Sebastián. «Sin embargo se están separando, no tienen dónde ir y tienen secuelas, muchas veces de la violencia psicológica que ha acompañado a la física».

El departamento municipal de Servicios Sociales cuenta con cinco de sus pisos de emergencia asignados, en principio, a las víctimas del maltrato. Uno está adaptado. Son viviendas de dos habitaciones «y alguna de tres». En cada una de ellas suele vivir una familia, aunque también es posible que dos mujeres compartan residencia. La edad media de estas personas ronda los 30 y los 45 años y tienen niños a su cargo.

Este año han pasado ocho personas por estos pisos donostiarras, siete de ellas con hijos menores a su cargo. Esta misma semana había tres. Pero los datos del Ayuntamiento donostiarra indican que aunque no residieran en sus recursos, 149 personas acudieron a su 'ventanilla' de los malos tratos: 97 por violencia machista, 13 por violencia doméstica (la que no proviene de la pareja sino de otro miembro de la familia) y 39 más por conflictos y separaciones.

Estos pisos -las instituciones quieren dejarlo muy claro- no son una alternativa residencial, sino una cesión a personas que precisan apoyo, un alojamiento temporal. Durante este tiempo, los profesionales y la mujer elaborarán un plan individualizado para encontrar vivienda, solicitar posibles ayudas económicas o normalizar su situación y la de sus hijos.

Algunas llegan a estos recursos municipales desde el centro de emergencia de la Diputación porque se considera que el riesgo está contenido. Las hay resolutivas, con ganas de moverse y empezar una nueva vida; otras se hunden en el victimismo. Hay mujeres protectoras y también algunas que tienen la tentación de utilizar a sus hijos en la separación...

Como en la propia sociedad. Solo que el maltrato ha llevado a 529 mujeres a recibir tratamiento psicológico solo en los servicios forales y a 65 en los del Ayuntamiento donostiarra. Aunque estuvieran bajo protección en centros públicos. Todavía hay otras que tienen el escondite en casa.

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