Diario Vasco

El vertedero de Lapatx cierra sus puertas definitivamente

Un camión deposita su carga de residuos en el vertedero cántabro de Meruelo.
Un camión deposita su carga de residuos en el vertedero cántabro de Meruelo. / MIKEL FRAILE
  • El único basurero en activo en el territorio cerrará sus puertas el próximo 1 de diciembre

  • Con la colmatación de la instalación de Azpeitia, la basura se seguirá enviando a Cantabria y, próximamente, a Tudela y Mutiloa

El único gran vertedero en activo en Gipuzkoa, el de Lapatx, en Azpeitia, cerrará definitivamente sus puertas el próximo 1 de diciembre, un día después de que el último camión deposite su carga en el vertedero. El anuncio fue realizado ayer por el presidente de la Mancomunidad de Urola Medio, Aitor Bereziartua, quien recordó que las instalaciones azpeitiarras han llegado a un punto en el que ya no caben más residuos. A partir de ahora, dijo, «se va a hacer todo lo posible para sellar» el terreno.

La basura no es una ciencia pero es matemática. Si no cabe en un vertedero, es que no cabe. Lapatx se convirtió a principios de año en el último asidero de Gipuzkoako Hondakinen Kontsortzioa (GHK) para encontrar un lugar en el que depositar los residuos con los que ya no sabemos qué hacer. Era la última gran infraestructura capaz de acoger nuestros restos. A partir de ahora, a la espera de que la incineradora entre en funcionamiento en 2020, la basura se envía ahora a Cantabria (Meruelo), y próximamente se llevará también a Tudela y a la planta de Lurpe, en Mutiloa.

En enero de este año la Mancomunidad del Urola Medio puso el 3 de febrero como fecha límite para seguir recibiendo la basura de todo el territorio, pero llegado el momento aceptó que camiones procedentes de toda Gipuzkoa siguieran depositando residuos en el vertedero. Fue un gesto de solidaridad que tenía como límite la renuncia a ampliar las instalaciones para recibir más basura. Hacerlo, señalaron, habría supuesto abrir un nuevo vertedero

Los responsables de la mancomunidad recordaron que Lapatx «tiene sitio para unos 35.000 o 40.000 metros cúbicos». «Si vertemos allí solo lo de nuestros pueblos -añadieron- podríamos alargar su vida durante varios años». No ha sido ese el caso. En los últimos meses se ha acelerado el envío de residuos del resto del territorio.

Durante la última semana de septiembre se anunció la adjudicación del tratamiento de la fracción resto al vertedero Lurpe de Mutiloa, especializado hasta entonces en desechos industriales. Fue por esas fechas cuando los responsables del basurero de Lapatx revelaron que se había producido «un notable incremento del ritmo de camiones que llegaban a la planta». «De un ritmo como para recibir 3.000 toneladas al mes, se ha pasado a otro con el que acumularíamos unas 8.000 toneladas», afirmaron. El resultado es que ya no cabe más.

El último recurso

La basura es también un nómada que todos producen aunque nadie quiere y que ha terminado vagando de vertedero en vertedero en busca de un lugar donde caer muerta para que se la coman las gaviotas. El progresivo cierre de instalaciones en Gipuzkoa y el eterno debate sobre la incineradora ha obligado a los diferentes gobiernos forales a utilizar la imaginación y también el dinero para evitar que los residuos nos devoren.

La primera gran instalación en cerrar -en octubre de 2008- fue el vertedero de San Markos, convertido en la actualidad en una estación de transferencia desde donde se distribuye la basura a otros lugares para su tratamiento. Le siguieron después Urteta (Zarautz), en diciembre de 2014, y Sasieta (Beasain), en enero de 2015. Entonces, Lapatx se quedó como único vertedero abierto y apunto de colmatarse.

Había que buscar nuevas soluciones. La primera llegó fuera de Gipuzkoa. Desde el pasado 8 de febrero, camiones con fracción resto de Gipuzkoa llegan al vertedero de Meruelo (Cantabria), que desde entonces he recibido nuestros residuos a cambio de cobrar 85 euros por tonelada.

Pero el contrato con Meruelo termina a finales del año que viene y era necesario otro destino. Surgió la opción del vertedero Lurpe de Mutiloa, que será acondiconado para tratar de forma temporal la fracción resto. Esta última planta albergará 102.000 toneladas de residuos sólidos urbanos durante los próximos tres años, hasta que entre en funcionamiento la incineradora de Zubieta. El vertedero necesita acometer obras de acondicionamiento para poder recibir residuos sólidos urbanos, trabajos que corresponden a Cespa, la empresa titular de la planta. El inicio de la disponibilidad de la infraestructura para recibir la basura de los hogares de toda Gipuzkoa no tiene aún fecha aunque se prevé que comenzará a recibir camiones en el primer trimestre de 2017.

Esta alternativa no deja de ser un parche necesario para retrasar la colmatación guipuzcoana. Lurpe es una de las patas de un entramado que los responsables forales se han visto obligados a crear aún a costa de un gran desembolso económico.

Tudela

La alternativa de Lurpe se ha visto reforzara con la de Tudela. El próximo 2 de diciembre la asamblea de GHK aprobará un convenio para el traslado de residuos al vertedero de El Culebrete. La parte guipuzcoana se hará cargo del transporte hasta el centro y la navarra se encargará de su tratamiento. Este nuevo destino ofrece un valor añadido desde el punto de vista medioambiental respecto a Mutiloa y Meruelo, ya que dispone de infraestructuras que permitirán recuperar parte del material que, en un basurero convencional, se desperdicia. La planta tudelana cuenta con tecnología para realizar un tratamiento mecánico biológico a los residuos y separará, por tanto, aquellas fracciones que puedan ser reciclables.

La Diputación cifra en unas 160.000 toneladas la fracción resto que genera Gipuzkoa al año. Cantabria puede acoger 80.000 a lo largo de 2017, Tudela aceptará 75.000 y Mutiloa, 100.000. La opción navarra no era urgente para el próximo ejercicio, pero sí necesaria a partir de 2018, ya que el contrato con la sociedad que gestiona el vertedero de Meruelo expira al final de 2017.

Además, desde 2014 la localidad navarra de Funes recibe todos los días dos camiones de biorresiduos, lo que equivale a entre 250 y 300 toneladas mensuales. Si se cumplen los plazos previstos, a mediados del próximo año estos desechos puedan ser enviados a la planta de compostaje de Epele (Bergara).

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