Diario Vasco

La pobreza energética se deja notar en Gipuzkoa

Velas en la concentración de ayer en Reus en recuerdo de la anciana de 81 años que murió en el incendio de su casa. Se alumbraba con velas porque le habían cortado el suministro.
Velas en la concentración de ayer en Reus en recuerdo de la anciana de 81 años que murió en el incendio de su casa. Se alumbraba con velas porque le habían cortado el suministro. / SELLART/EFE
  • La incidencia, del 19% para el territorio, crece en colectivos vulnerables

  • No pueden mantener la vivienda a temperatura adecuada en invierno, se retrasan en los pagos de recibos y el gasto en energía es excesivo para su nivel de ingresos

No ha hecho falta que llegara el invierno para que el problema de la pobreza energética emerja en el debate político y social. La muerte de una señora de 81 años en Reus en un incendio causado por una vela con la que se alumbraba, ya que le habían cortado la luz porque no la podía pagar, deja la expresión más dramática de un problema que afecta en mayor medida a colectivos vulnerables como los ancianos o los hogares con personas enfermas a su cargo.

El último análisis realizado en Gipuzkoa por el Centro de Documentación y Estudios SIIS, con datos de la Encuesta de Pobreza de 2014 y que se actualizará el año que viene, cifra en 54.762 los hogares del territorio que sufren problemas relacionados con la energía: o bien tienen un gasto excesivo en luz, gas y otros consumos para su nivel de ingresos, o bien no pueden permitirse mantener la vivienda a una temperatura adecuada durante los meses de frío, o bien se han retrasado en el pago de las facturas por problemas económicos.

Según la definición utilizada en el informe que cruza estos diferentes enfoques, la pobreza energética afecta a prácticamente dos de cada diez familias del territorio, aunque la incidencia es aún mayor en determinados hogares por las condiciones de la vivienda y sus equipamientos (humedades, falta de calefacción, edificios antiguos...). Las características sociodemográficas de las personas que componen el hogar también marcan la diferencia.

A mayor edad, mayor es el problema de la pobreza energética. Cuatro de cada diez de los hogares afectados están encabezados por personas de más de 65 años. Si se mira a la presencia de ancianos (personas de 80 y más años) se observa que son uno de los colectivos más vulnerables. El 26% de los hogares que cuentan con alguien de avanzada edad sufren el problema, 9.859 en total en Gipuzkoa. También figuran en ese triste lugar de colectivos más perjudicados los hogares con personas enfermas o dependientes. El hecho de que puedan vivir en viviendas de mayor antigüedad, a veces sin sistemas de calefacción, o con problemas de eficiencia energética puede explicar su mayor

El estudio extrae conclusiones interesantes y permite una radiografía bastante precisa de quiénes sufren este tipo de pobreza: las viviendas ocupadas por una sola persona -como pueden ser ancianos que viven solos- tienen mayor riesgo de sufrir problemas energéticos (2,2 veces más). También se observa una relación clara entre la pobreza económica y la pobreza energética, si bien en cuatro de cada diez viviendas que sufren el problema no pueden considerarse pobres desde el punto de vista de sus ingresos.

El coste fijo de la energía

El análisis incluye, además de datos, las respuestas de los principales agentes implicados (administraciones, agencias de desarrollo local y comarcal, servicios sociales municipales y representantes del ámbito de la energía y el medio ambiente) que apuntan al precio de la energía como el principal responsable de la pobreza energética. Se recoge que se trata, además, de un elemento «sobre el que los hogares tienen cada vez menos poder de control». Por mucho que se esfuercen en ahorrar energía (no encender tanto la calefacción, por ejemplo) no repercute en una bajada de lo que tendrán que pagar de factura.

La disminución de los ingresos en las familias, por el paro y la crisis en general, ha obligado también a establecer un orden de prioridades, y cuando no hay dinero para abonar todos los gastos, el consumo energético pasa a un segundo plano porque lo importante para esos hogares es la alimentación, la vestimenta y la educación.

Del conjunto de factores que causan la pobreza energética también citan la falta de información en relación a la factura y la baja eficiencia energética del parque de viviendas, bastante antiguo en general, lo que conlleva un mayor consumo. No hay tanto unanimidad en cuanto a si la sociedad se ha acostumbrado «a unos niveles de comodidad que requieren de un exceso de demanda sin ser vitalmente necesario». Una parte de los entrevistados afirma que se consume energía en exceso, y la otra defiende que los hogares no pecan de malos hábitos.

En lo que sí se muestran de acuerdo es en que las consecuencias de este tipo de pobreza van más allá de la afección económica y se extienden a la salud, tanto física como psicológica. Las peticiones van dirigidas a la Administración, principalmente a la central que es la que tiene competencia en la regulación del mercado energético. Y más allá de las ayudas para corregir el problema (las Ayudas de Emergencia Social) apelan a la necesidad de que las instituciones vascas (Gobierno Vasco, diputaciones y ayuntamientos) establecer medidas de prevención (por ejemplo ayudas para la rehabilitación energética de los pisos). El plan foral de lucha contra la pobreza energética, en el que trabaja el Departamento de Medio Ambiente, promete estar listo a mediados de 2017.

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