Diario Vasco

'Bizilagunak' sentó ayer a la mesa a 230 familias foráneas, entre ellas refugiados, y guipuzcoanas

Mikel Odriozola, su mujer Cristina, su ama Juli y su hijo Danel probaron los dulces que preparó Brago Akua.
Mikel Odriozola, su mujer Cristina, su ama Juli y su hijo Danel probaron los dulces que preparó Brago Akua. / ARIZMENDI
  • 'Bizilagunak' sentó ayer a la mesa a 230 familias foráneas, entre ellas refugiados, y guipuzcoanas

El olor a paella inundaba ayer la casa de Marisa Jiménez en Irun. Y es que tuvo que preparar dos cazuelas de arroz para los seis invitados que tenía a comer, además de su pareja Rafa y su hija Sara, de 22 años. En total nueve en una mesa que más parecía una torre de Babel a pequeña escala. Español, inglés, árabe, tigriña... una mezcla de idiomas mediante los que intentaban entenderse los comensales. La anfitriona acogió en su cocina a Hasan y Semere, refugiados eritreos, y a Maha y sus dos hijos, Ahmed y Hamsa, una familia de refugiados sirios. Todos ellos son alumnos de Marisa, que es profesora de la EPA (Educación Permanente de Adultos) en San Sebastián. Con ella aprenden español desde hace seis meses, y ayer disfrutaron juntos de una comida dentro de la iniciativa 'Bizilagunak', impulsada por SOS Racismo, y cuyo objetivo es eliminar los prejuicios existentes hacia las personas inmigrantes propiciando un escenario en el que puedan conocerse mejor. Y qué mejor manera que alrededor de una mesa y con un buen menú para degustar.

Ouadia, que es bereber y un viejo amigo de la familia, era otro de los invitados que además hizo las veces de traductor cuando los foráneos no eran capaces de expresarse en inglés o castellano. «Estamos hablando de política y de la guerra de Siria», apunta Hamsa. Él es uno de los miles de refugiados sirios que ha tenido que abandonar su país junto a su hermano y su madre. En la mesa escuchan atentos la historia de cómo llegaron a Europa. «Primero volamos a Líbano, y después a Turquía. Allí pagamos a los contrabandistas para poder coger un barco a Grecia. En el trayecto, que dura unos 50 minutos, solo rezábamos por llegar. Muchos murieron en el mar». Su relato es estremecedor, 'un mal sueño' que recuerda que no han llegado aquí por gusto. «No queríamos venir aquí, hemos venido porque hemos perdido nuestro país, queríamos estar a salvo de bombas y disparos». Hamsa tiene 31 años, era abogado y chef en un restaurante en Siria. Su hermano Ahmed tiene 33 años y es diseñador gráfico. Ahora viven juntos en una habitación junto a su madre de 72, en una casa que comparten con otros tres refugiados eritreos.

Precisamente de Eritrea son Hasan y Semere, ambos de 27 años. Hasan ha dejado allí a su mujer y a sus cinco hijos. «Me contaron que atravesaron Sudán y después pasaron tres días cruzando el mar hasta Italia en una barca en la que había tanta gente que iban unos encima de otros», cuenta Marisa. Aunque es la primera vez que participa en 'Bizilagunak', su familia ha compartido muchos momentos con otros de sus alumnos. «Estoy muy acostumbrada a relacionarme con gente de otros países desde que era pequeña, y me parece muy interesante conocer sus culturas y debatir con ellos sobre diferentes temas», apunta Sara. Para Rafa, que reconoce que gracias a Marisa ha podido conocer más de cerca la problemática de la inmigración, este tipo de encuentros son «una experiencia positiva en todos los sentidos».

Más implicación

La anfitriona cree que este tipo de iniciativas solo llegan a aquellos que de alguna manera están ligados a la comunidad inmigrante. «Esto debería pasar en más casas, no solo en las nuestras, que somos los de siempre. El otro día propuse a uno de mis grupos de alumnos donostiarras que aprenden inglés que se animaran a participar. De 24, ninguno dijo que sí».

En casa del marchista Mikel Odriozola también se preparó arroz. Su mujer Cristina, su madre Juli y su hijo Danel recibieron en su piso de Errenteria a un matrimonio nigeriano y su hija de año y medio, quien hizo muy buenas migas con el pequeño de la casa. Los invitados se encargaron de llevar el segundo plato: pollo con patatas. El postre fue a medias, arroz con leche por parte de los guipuzcoanos y postres autóctonos por parte de los africanos. «Conocimos la iniciativa a través de SOS Racismo, que este año ha lanzado una campaña ligada al deporte. Yo al viajar tanto por mi trabajo he conocido muchos países y nos parecía que esta podía ser una buena experiencia», comenta el exdeportista olímpico, quien aprovechó para mostrar a sus invitados las fotos y trofeos que ha cosechado a lo largo de su carrera deportiva. «Les ha chocado mucho que aquí se pueda vivir de un deporte que no sea el fútbol». Entre plato y plato hablaron de sus vidas, de los viajes de Mikel, y de la situación de esta familia nigeriana que tras vivir durante un tiempo en Valencia lleva un año afincada en la localidad de oarsoaldea.

En Hernani se invirtieron los papeles y fueron Ada y su prima, ambas naturales de Nicaragua, quienes recibieron en su casa a Pili y a Esther, dos vecinas de la localidad. «Estamos echándonos unas risas», confesaba la nicaragüense. Durante la comida hablaron de todo «también de chicos», pero en especial de las diferencias culturales que las foráneas han encontrado en las costumbres vascas. «Una de las chicas ha viajado a mi país de vacaciones, y hemos estado hablando de cómo ha sido su experiencia allí, los sitios que ha visitado...», comenta Ada, quien preparó un asado típico de su tierra, arroz con frijoles, ensalada y de postre, pastel vasco. El ambiente en su casa de Hernani fue inmejorable.

Más de 250 comidas

La iniciativa 'Bizilagunak', que este año cumplía su quinta edición, sigue ganando comensales. Si el año pasado participaron 428 familias en todo Euskadi, ayer más de 500 compartieron mesa en 31 localidades diferentes. Gipuzkoa, que fue la primera en pedir reserva en este gran 'restaurante' hace cinco años, ha juntado esta vez a 230 familias en 115 comidas. En total, 900 guipuzcoanos y extranjeros se sumaron ayer a esta experiencia en busca de vencer los prejuicios que existen hacia la inmigración. Una causa que está de enhorabuena ya que ha recibido un reconocimiento más allá de nuestras fronteras al convertirse en finalista de los 'Premios sociedad civil 2016'.

El 26 de este mes el teatro Victoria Eugenia acogerá la gala 'Gipuzkoa Solidaria', que cada año reconoce la aportación de las personas inmigrantes a la sociedad guipuzcoana. Este año el deporte será el eje central, por su capacidad integradora. Todos los participantes de 'Bizilagunak' se darán cita en la gala, donde podrán socializar con el resto de familias que han tomado parte en esta actividad tan solidaria como gastronómica.

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