Diario Vasco

Un viaje a la nostalgia de Atotxa y a las croquetas del Panier

  • El encuentro despertó de manera inevitable los recuerdos del pasado y el cariño a los seres queridos que ya no están

¿De qué hablan cinco personas que se reúnen para contar su experiencia del paso del tiempo? De comida, por supuesto. La presencia de Tatus Fombellida, propietaria del recordado Panier Fleuri, servía la excusa en bandeja, pero no hizo falta ni que llegara la sommelier y responsable de sala -a la que se sigue identificando como cocinera, «y nunca lo he sido», se sonríe con la aclaración- para que los 'comensales' se metieran en harina.

El encuentro tuvo el efecto de la magdalena de Proust y de inmediato retrocedieron a los entremeses y las croquetas del Panier, un clásico para generaciones de errenteriarras, donde se fundó el restaurante que luego Tatus trasladó a Donostia hasta su cierre en 2002. «Qué tiempos aquellos», suspiran los cinco, incluida Tatus que precipitó el cierre del negocio por una enfermedad de la que se ha recuperado «y tengo ya olvidada por fortuna», resuelve.

El viaje a la nostalgia del campo de Atotxa también estaba asegurado con José Mari Martínez. «Era un valiente, un jugador que entraba al choque», elogia Martí Masso. «La personalidad del futbolista se refleja luego en la vida», agradece el característico central.

El colmo de una conversación entre personas mayores es que pueda salir trabajo de la mesa. «Yo enseguida te ofrezco uno», bromea Mari Carmen Garmendia, presidenta de Matia Fundazioa, con Martínez cuando éste habla de la gratificante labor que hacen desde la fundación de jugadores veteranos de la Real con los mayores y personas dependientes, a quienes visitan en centros. «Es muy emocionante cuando proyectamos un partido de su época. Algunos empiezan a recordar. Puede que no sepan ni dónde están ni cómo se llaman, pero se les despierta algo».

Cancelo, un descubrimiento

Para Tatus «el descubrimiento» de la charla es Antonio Cancelo, fundador de Eroski, un hombre que «se tira a la corriente sin pensar», se describe a sí mismo, capaz de «reforestar Alicante», como surge de una anécdota reciente en un restaurante en el que la mesa de al lado terminó sentándose a la suya para compartir charla. «Necesitamos un hombre como usted», le terminó diciendo aquel comensal desconocido, sorprendido por el liderazgo y las ganas de hacer de este eibarrés de adopción.

El cariño hacia sus mayores, a los que ya no están o que todavía viven y hay que cuidar, ocupó buena parte de la sesión de fotos. Garmendia evocaba a su madre, que murió a los 92 años, «y no dejó de ir ni un día a la oficina». Martínez, huérfano, se refería a su amama, la abuela que le crió. Martí Masso sonreía al hablar de su madre, de 95 años, y de los minutos que pasa ella al teléfono. «Cognitivamente está fenomenal». Tatus también añoraba a la familia que ya no está, a su madre, «que era una bendita». Y Cancelo citaba el sabio deseo de su padre, fallecido a los 102 años. «Que se acabe la crisis y haya trabajo para todos».

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