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Tareas de eliminación de un nido.
Tareas de eliminación de un nido. / DV

Las pértigas frenan a la avispa asiática

  • El uso de pértigas con biocida es, por el momento, el método de control más eficaz

  • La especie invasora se ha aprovechado esta temporada de la debilidad que ha mostrado la abeja tras la «extraña» floración que hubo en primavera

No ha sido un buen año para las abejas. Al poco alimento que la naturaleza les ha proporcionado se ha sumado, una vez más, los continuos ataques que la especie viene sufriendo por parte de las avispas asiáticas. La floración en primavera no fue como debía y las cosas ya no empezaron bien. Pero es que el invierno tampoco tuvo un comportamiento como el que cabía esperar. «Fue atípico. El frío no llegó prácticamente hasta febrero y ello hizo que las abejas reinas siguiesen con sus puestas. De esta forma, las obreras continuaban saliendo en busca de alimento, pero en realidad no había nada en el exterior. Esta circunstancia favoreció la extensión del ácaro de la varroa que tanto daño les causa. Y además, hemos vuelto a sufrir los ataques de la avispa asiática que se ha aprovechado de la debilidad que este año ha mostrado la abeja», afirma Mikel Zubeldia, presidente de la Asociación de Apicultores de Gipuzkoa que agrupa a cerca de 500 productores.

Si 2016 no ha sido un ejercicio propicio para las abejas, tampoco lo ha sido para la especie invasora. A la adversidad que ha podido encontrar la 'Vespa velutina' en el medio natural -la misma que ha tenido que afrontar la abeja-se suma la presión que se ejerce contra la especie para frenar su avance, una actividad en la que Gipuzkoa es pionera en el Estado. El sistema de destrucción y eliminación de los nidos mediante el uso de pértigas cargadas con biocida está siendo imitado en otras comunidades y, de momento, se está erigiendo como el arma más eficaz para, cuando menos, impedir que la avispa continúe propagándose.

En lo que va de año, se llevan destruidos cerca de 1.300 nidos, de los que la mayoría han sido eliminados por los correspondientes servicios locales y territoriales.

Del total, 225 han sido retirados sólo en San Sebastián por efectivos del parque de los bomberos. Del resto, 936 se han eliminado gracias a la iniciativa de la Diputación, los propios ayuntamientos y las agencias de desarrollo rural existentes. Los guardas forestales han atacado otros 5 nidos y los bomberos de la propia institución foral 98 más. Estas cifras, probablemente, aumenten las próximas semanas, ya que todavía siguen detectándose nidos.

Al margen de los 225 avisperos destruidos en Donostia, destaca el elevado número eliminado en la cuenca del Deba, especialmente en su tramo alto. Solo en Arrasate se han suprimido 65, los mismos que en Bergara, por 39 en Elgoibar, 38 en Oñati, 31 en Eibar y 13 en Aretxabaleta.

La especie invasora ha encontrado asimismo en el valle del Urola un lugar idóneo en el que asentarse. En Azpeitia se llevan destruidos 40 avisperos y 35 más en su vecina Azkoitia.

La comarca del Bidasoa es también una de la áreas en la que la avispa se halla extendida. Solo en Hondarribia ha sido detectados cincuenta avisperos.

El clima suave de la franja litoral parece agradar a la especie. En Zarautz se han eliminado 22, en Zumaia 14 y otros 12 en Deba.

Nidos más pequeños

Zubeldia afirma que los años malos para las abejas los son también para las avispas. «Este 2016, a causa de las condiciones meteorológicas y la extraña floración que hubo en primavera, los nidos no han tenido el desarrollo que habíamos observado en ejercicios anteriores. Y aun cuando el número de avisperos se mantiene prácticamente igual al del año pasado, son de un tamaño más reducido. La especie empezó más tarde. Hasta mediados de agosto no se habían visto muchas. Hemos observado que todo el proceso había sufrido un retraso de unos quince o veinte días. La mayor presión se ha producido entre agosto y este mes de noviembre, hasta que empiezan los fríos».

La debilidad que este año ha evidenciado que la abeja ha sido aprovechada por la avispa. «Ha sido un año duro para los apicultores, aunque parece que no ha afectado de igual manera en todo el territorio. Yo, por ejemplo, tengo unas colmenas en Berrobi y allí apenas he sufrido ataques. Y, sin embargo, de las diez que tengo en Tolosa no sé si alguna de ellas sobrevivirá», señala Zubeldia.

El presidente de los apicultores recuerda que la incidencia del insecto invasor está directamente relacionado con las medidas que se aplican para combatir su propagación. «Nos mantenemos en los mismos números que el pasado año. Y esto es posible gracias al trabajo previo que se viene haciendo. De lo contrario, la situación sería insoportable. Es lo que les pasó a los vizcaínos y lo mismo que está sucediendo en Galicia».

Hasta el momento, la destrucción de nidos mediante la inyección de un biocida se ha erigido en uno de los métodos más eficaces para frenar el avance de la especie. «Es lento, pero de momento es lo que hay», señala Zubeldia.

El sector se muestra esperanzado en las investigaciones que actualmente se desarrollan en los laboratorios Neiker. «Se están realizado pruebas que ofrecen resultados alentadores, pero necesitan más tiempo. A los apicultores nos gustaría que el proceso fuese más rápido, pero sabemos que se está trabajando con seriedad».

La investigación se sustenta en la colocación de cebos proteicos con un biocida. Estos son depositados en los colmenares que vienen siendo objeto de los ataques. De esta manera, la avispa traslada la carnada al avispero y contamina a otros individuos. «Los resultados son esperanzadores. Podría ser una buena solución, pero hay que afinar todavía más», detalla Zubeldia.

Sin salida a corto plazo

Al margen del empleo de las pértigas con biocida y los cebos, los apicultores también ponen en práctica otros métodos para combatir a la especie, como las trampas cargadas de una sustancia que atrae a la avispa. «Luego por internet hemos visto que algunos usan sistemas de los que jamás habíamos oído, como rociar de veneno a algunos individuos para que, de regreso al nido, contagien a sus congéneres. La gente, en la desesperación hace cualquier cosa», señala Zubeldia.

La preocupación es evidente entre los apicultores. «Los que tienen pocas colmenas, que en Gipuzkoa son mayoría, son los que más sufren. Ya son muchos años con el tema y de momento no se ve a corto plazo una salida. Una solución sería trasladar de lugar las colmenas en la época de mayor presión, pero muchos no pueden hacerlo».

A consecuencia de los ataques de las avispas y la más que extraña campaña, la producción de miel han sido más bien escasa. «Las abejas han pasado hambre porque no había alimento en el exterior.

Algunos apicultores se han visto en la necesidad de proporcionarles un aporte supletorio. En algunos puntos de Gipuzkoa, la cantidad de miel recogida se ha reducido de manera más que notable. «En mi caso se ha quedado en la mitad», afirma Zubeldia.

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