Diario Vasco

La ayuda RGI se cronifica en Gipuzkoa en 15.000 perceptores pese a la caída del paro

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Una persona accede a la oficina de Lanbide en el barrio de Gros de Donostia. / LOBO ALTUNA

  • La cifra de parados ha bajado un 10% desde enero frente al descenso del 0,5% de la prestación

  • Los expertos inciden en que la pobreza ya no se vincula solo al desempleo sino también al empleo inestable y precario

La demanda de la Renta de Garantía de Ingresos (RGI), la principal ayuda social contra la pobreza, lleva más de dos años instalada en la barrera de los 15.000 perceptores en Gipuzkoa, una bolsa que se cronifica, impasible a los movimientos de descenso del paro. El mercado laboral deja este año en el territorio una deseada bajada del desempleo del 10%, mientras que las personas que necesitan el subsidio social para llegar a fin de mes apenas se han rebajado un 0,5%. En Euskadi, la tendencia es prácticamente calcada. El número de parados ha caído un 8,8% en estos diez primeros meses del año, frente al descenso del 0,8% de la RGI.

La realidad está demostrando que las dos variables no caminan a la par y que la creación de empleo, que podría suponerse como solución, no se está traduciendo en una menor presión para el sistema de ayudas de protección social. Los tímidos descensos materializados en los últimos meses -en octubre la demanda ha bajado en 30 personas hasta situarse en 15.066 perceptores en Gipuzkoa- no permiten aún mirar al futuro con relajo. El propio consejero en funciones de Políticas Sociales, Ángel Toña, no vaticina un cambio de escenario a corto plazo: «Ojalá descienda el número de personas necesitadas, pero no es probable que descienda en el futuro», decía en una entrevista a este periódico.

Salir de una situación de necesidad significa completar un camino muy complejo. «Las personas que primero cayeron en la crisis serán las ultimas en salir», es una frase que repiten en el Tercer Sector. Los expertos en política social vienen además manifestando que una de las claves de este 'desajuste' entre las primeras señales de recuperación y la cronificación de la pobreza, que suelen ir a ritmos diferentes, está en la calidad del empleo que se está creando. Dentro del inmenso abanico de perceptores de la RGI, sigue ganando peso el de los trabajadores pobres, aquellas personas que se mantienen en el umbral de la pobreza aun teniendo un salario. La precariedad de los contratos, la bajada de la remuneración y los trabajos a tiempo parcial han obligado al sistema a estirarse para dar más de sí y poder proteger a este colectivo, que supone el 20% de las personas que cobran el subsidio.

El sistema ha ido adaptándose para hacer frente a este reto y contempla fórmulas que permiten hacer atractivo el salto a un empleo, en lugar de seguir cobrando la prestación para evitar así lo que se viene llamando 'la trampa de la pobreza', especialmente presente en un sistema de garantía de ingresos de amplia cobertura, como el vasco, que garantiza entre los 625 y 959 euros al mes en función del número de miembros de la unidad familiar, una cifra no muy alejada de lo que se puede estar cobrando por un empleo precario. Para combatirlo, la política de garantía de ingresos permite unos ingresos superiores a un trabajador pobre que a un pobre inactivo. El riesgo, como admiten desde la consejería es que la protección de la RGI «sea una tentación para no mejorar esas condiciones de trabajo. Es algo que tenemos que evitar», reclamó Toña.

La reforma pendiente

Cómo afrontar este fenómeno creciente será uno de los desafíos a los que tendrá que hacer frente la consejería que salga del nuevo Gobierno Vasco, a la que le tocará también desempolvar la reforma pendiente de la RGI, dibujada por sus anteriores responsables y que no llegó a salir del cajón de los proyectos.

El hecho de que la pobreza ya no se vincula únicamente a los hogares en situación de desempleo sino también al empleo inestable y precario obliga a tomar con mucha prudencia cualquier señal optimista de salida de la crisis. En un reciente trabajo firmado por Luis Sanzo, responsable del área estadística del Departamento de Política Social del Gobierno Vasco, se reflejaba el impacto de la crisis. La incidencia de la pobreza real llega hoy al 25,9% en hogares de personas activas en los que ninguna persona tiene una ocupación estable (17,3% entre personas residentes en hogares en los que alguna persona está ocupada pero con carácter no estable y 37,9% en aquellos en los que todas las personas activas se encuentran desempleadas).

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