Diario Vasco
Una agente de la Ertzaintza acompaña a una víctima de maltrato.
Una agente de la Ertzaintza acompaña a una víctima de maltrato. / D.S.

Medio centenar de víctimas de maltrato viven con escolta o contravigilancia en Gipuzkoa

  • Una veintena de hombres está permanentemente vigilado en Euskadi por una pulsera que controla que no se acercan a las víctimas

  • La Ertzaintza ofrece actualmente algún tipo de protección a 1.452 mujeres en el territorio

. El pasado 23 de octubre, la muerte de una mujer a manos de su pareja en Granada volvió a ofrecer la cara más extrema de la violencia machista. Pero no fue un asesinato más. El hecho de que la víctima hubiera denunciado los hechos un mes atrás -si bien luego desistió del proceso judicial- y que el propio agresor llegara a ser detenido antes de cometer el asesinato, dejaron a la vista la fragilidad en la que viven las mujeres que sufren la violencia machista. Del suceso, también podría desprenderse de estos hechos que poner una denuncia sirve de poco y que las mujeres que lo hacen quedan en absoluto desamparo. Pero nada más lejos de la realidad. Las víctimas no quedan desprotegidas.

En Euskadi, cuando una mujer interpone una denuncia por violencia machista, la Ertzaintza activa un abanico de medidas de protección a esas víctimas que, dependiendo del riesgo y de las circunstancias concretas de cada mujer, pueden suponer desde la formación en medidas de autoprotección hasta el establecimiento de una escolta que le acompaña de forma permanente, para evitar que pueda sufrir una nueva agresión. En la actualidad, medio centenar de guipuzcoanas viven su día a día con una escolta que les acompaña cuando salen a la calle o cuentan con un agente de la Er-tzaintza que les sigue a distancia (contravigilancia), de forma discreta, para protegerlas. En total, el Departamento de Seguridad del Gobierno Vasco ofrece algún tipo de protección a 1.452 mujeres víctimas de maltrato en Gipuzkoa. En el conjunto de Euskadi son 4.436 mujeres. Esta protección se suma a otros servicios que ofrecen distintas administraciones, como atención psicológica, conseguir una vivienda en la que se encuentren seguras o atender a los menores.

«Garantizar la seguridad»

Porque cualquier apoyo es poco para una mujer que sufre en sus carnes el miedo de la violencia machista. Y cuando se da el difícil paso para interponer una denuncia, garantizar al máximo la seguridad de esa víctima es vital para que el agresor no vuelva a actuar y para que esa mujer no viva con miedo y pueda salir a la calle sin girar la cabeza tras de sí cada vez que sale del portal.

«El objetivo es poner todos los medios necesarios, especialmente a priori, para garantizar la seguridad del 100% de las víctimas frente a los hipotéticos agresores, en lugar de actuar solamente cuando la agresión ya se ha consumado», aseguran desde el Departamento de Seguridad.

Cada vez que la Ertzaintza detecta un nuevo caso de violencia de género, bien sea a través de una denuncia o en una actuación de oficio, se abre un expediente y se realiza una valoración para determinar el nivel de riesgo al que puede estar expuesta. El método, realizado en colaboración con la UPV, establece cuatro niveles riesgo (bajo, moderado, alto y especial). Dependiendo de esta peligrosidad, se ponen en marcha una serie de medidas de protección, sin esperar a que medie una orden judicial de por medio que pueda decretar, por ejemplo, una orden de alejamiento interpuesta al agresor.

Según los datos del Departamento de Seguridad, a finales de octubre de este mismo año, 4.436 víctimas recibían algún tipo de protección de la Ertzaintza. De ellas, 1.452 son de Gipuzkoa, 2.210 de Bizkaia y 774 de Álava. Estos expedientes engloban tanto los derivados de la ejecución de órdenes de protección de los juzgados como las medidas prejudiciales que pone en marcha la Ertzaintza en casos de violencia de género o doméstica.

Las actuaciones que se establecen dependen del nivel de riesgo que se detecta en la valoración. Así, en esas situaciones de especial peligrosidad, se ofrece a la mujer ser acompañada por agentes para realizar los primeros trámites judiciales. Además, se pone a disposición de la víctima una protección permanente a través de una escolta. En la actualidad, 44 mujeres víctimas de la violencia machista en Euskadi viven con una escolta que les acompaña en su día a día y que se ha convertido en su sombra. De todas ellas, 15 viven en Gipuzkoa y 29 en Bizkaia.

De esta labor de vigilancia permanente se encargan en un primer momento los agentes de la Ertzain-tza que se ocupan del caso, hasta la subcontratación de una empresa de seguridad.

Pero vivir con una escolta no es una decisión sencilla de aceptar. Puede llevar a «victimizar» más si cabe a la mujer, que ha de comunicar todos sus movimientos y su vida a una persona que va con ella a todas partes y que limita su privacidad. Por este motivo, esta medida siempre tiene que tener la conformidad de la persona.

Pulseras electrónicas

En los casos en los que la mujer agredida no acepte la escolta ni que se coloque al agresor una pulsera electrónica para tenerle controlado (en la actualidad hay dos hombres con orden de alejamiento que disponen de este dispositivo en Gipuzkoa y otros 18 en Bizkaia), se ofrece un servicio de contravigilancia. Este tipo de protección se lleva a cabo por personal policial no uniformado, de forma discreta y utilizando técnicas de actuación que les permitan pasar desapercibidos. En la actualidad, 96 mujeres de Euskadi disponen de contravigilancia para sus movimientos. De ellas, 31 viven en Gipuzkoa, 50 en Bizkaia y 15 en Álava.

Asimismo, existen otro tipo de dispositivos menos intensos, como la vigilancia de las rutinas de la víctima por parte de ertzainas de uniforme, de forma visible, con el objetivo de disuadir al agresor de nuevas actuaciones. En otros casos, se realiza directamente una vigilancia de la zona en la que se mueve el agresor, para evitar que se acerque a la víctima.

En todos los casos, a todas las víctimas se les ofrecen medidas de autoprotección, con material audiovisual que se visualiza con los agentes y que recoge consejos prácticos para su protección. También se pone a disposición de la víctima el teléfono Bortxa, que les permite tener un enlace directo con las unidades de la Ertzaintza más cercanas en caso de emergencia.

Además, al margen del teléfono Bortxa, los agentes mantienen un contacto cercano con las mujeres que han sufrido la violencia machista, con visitas de agentes al domicilio y llamadas aleatorias para saber cómo se encuentra.

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