Diario Vasco
Ejemplares de Pie rojo en un bosque de Berastegi.
Ejemplares de Pie rojo en un bosque de Berastegi. / LOBO ALTUNA

Cinco personas han sido atendidas ya este otoño en Gipuzkoa por intoxicación de setas

  • Los afectados ingresaron con cuadros de gastroenteritis, con vómitos y diarreas, que requirieron una adecuada hidratación

  • Todos los casos han sido leves y los pacientes, tras ser atendidos en Urgencias, recibieron el alta

La temporada de setas se encuentra en pleno apogeo. Apenas ha sobrepasado el ecuador. Los bosques han regalado ya una buena parte de sus frutos. Hongos, ziza-oris, gibelurdiñas... han emergido en las últimas semanas para hacer las delicias de los aficionados. Pero no todas las especies han sido de la categoría culinaria de las anteriores. También han emergido setas tóxicas que ya han dado algún que otro susto y han provocado las primeras atenciones sanitarias. En lo que va de temporada, cinco personas han sido asistidas en el servicio de Urgencias del Hospital Donostia. «No hemos tenido ningún caso grave, todos han sido leves», afirma el doctor Jesús Avilés, médico de la citada unidad y experto en este tipo de atenciones.

Vómitos y diarreas han sido los síntomas que los pacientes han presentado. Ninguno de los afectados, cuyas edades han oscilado entre los 38 y 71 años, ha requerido de un tratamiento agresivo. Su atención estuvo motivada por ingestas, según precisa el doctor Avilés, de especies «poco tóxicas y el único tratamiento que requirieron fue el de una adecuada hidratación».

No obstante, los afectados debieron permanecer en observación, por si en las horas siguientes al ingreso se producía alguna variación en sus estados. «Es lo establecido en el protocolo de actuación, pues en ocasiones se pueden mezclar dos especies diferentes. Una puede producir problemas leves y la otra graves. De ahí la conveniencia de agotar el periodo de observación», afirma Avilés.

Los cinco casos detectados han generado cuadros de gastroenteritis, entre «leves y moderados», señala el doctor. «Afortunadamente, no hemos tenido ninguno grave».

Aun cuando no hay constancia de que en el último lustro se haya producido una intoxicación de carácter grave en Gipuzkoa, no siempre ha sido así. Hay que remontarse a hace siete años para contabilizar un episodio que estuvo a punto causar una muerte. Un joven nicaragüense residente en Zarautz salvó la vida de milagro tras comer una seta mortal que recogió en Pagoeta. El paciente fue sometido a un trasplante de hígado. En aquel caso, todo pareció indicar que la seta causante de la intoxicación fue una 'Amanita verna', también conocida como Cicuta blanca, una especie mortal, aunque poco habitual en Pagoeta.

Jesús Avilés afirma que, «por lo general», los aficionados a la micología en Euskadi son prudentes. «En este sentido, hay un buena cultura micológica. Normalmente, las personas cogen solo lo que conocen. La mayoría va buscando 'boletus' y difícilmente uno de estos se confunde con una seta. Y los que van en busca de esta especie, normalmente solo cogen las que ya saben».

No obstante, el doctor reconoce que siempre hay «gente nueva que recolecta sin saber bien, pero son los menos. Precisamente, los casos que hemos visto este otoño han sido de personas a las que se les ha colado una seta que se parecía mucho a otra comestible. Afortunadamente, la mezcla no ha sido con especies verdaderamente peligrosas», concluye Avilés.

Cada año, menos setas

En el Departamento de Micología de la Sociedad de Ciencias Aranzadi lo que sí constatan es que cada vez hay menos presencia de especies. «Con las lluvias que cayeron hace unas semanas, hubo un brote en nuestra área de influencia, es decir en Gipuzkoa, norte de Navarra, Iparralde y también en Las Landas. No obstante, desde Aranzadi percibimos que cada vez la cosa va a peor. Puede que el clima y la contaminación tengan su incidencia, pero desde mi punto de vista, la superexplotación es determinante. La gente va en busca de lo que sea y aquello que no le interesa, lo destroza», afirma Pedro Satostegi, secretario del departamento.

En su opinión, son cada vez más las personas que salen y «arrasan con todo. Cogen las especies comestibles y las que no lo son, las rompen o las destrozan. Y luego es muy complicado que salgan otra vez», afirma.

En este sentido, Satostegi afirma que «acudimos a lugares en los que siempre encontrábamos algo, pero hemos observado que en un corto periodo de tiempo ya no queda nada. Se percibe algo similar en aquellos espacios en los que se llevan a cabo talas de árboles o se han hecho limpiezas».

Un buen corte

El secretario de la Sociedad de Ciencias afirma que los hábitos que ponen en práctica muchos aficionados no son precisamente las más recomendables. «Uno de los principales errores es ir con bolsas de plástico. Eso no hay que hacerlo nunca porque, primero estropeas lo que has cogido y además te llevas todas las esporas. Luego, muchos no saben cortar las setas. La parte que está bajo tierra, es decir, las raíces, tienen que continuar allí. No hay que arrancarlas».

Satostegi señala que las especies más habituales en esta época son los 'boletus' y censura a quienes persiguen un interés económico en su recolección. «Muchos los cogen cuando casi no han brotado. No les dan tiempo a crecer. Claro, lo hacen para obtener un mayor rendimiento, no vaya a ser que al día siguiente vaya otro y se lo lleve. Vemos a personas con una 'Amanita cesárea' que apenas ha salido. Lo importante en esta actividad es disfrutar de la naturaleza, ir con amigos a pasar un rato agradable y no tanto ir con la furgoneta para arramplar con todo».

Pedro Satostegi afirma que, además de una cesta y una pequeña navaja, el aficionado ha de tener unos mínimos conocimientos «para saber lo que coges, a no ser que luego vaya a consultar a alguien que sí los tenga». En cualquier caso, el experto afirma que, salvo que se exista un interés científico, lo «prudente» es no coger ninguna especie que no se conozca. «Y en los casos en los que haya ese interés, lo idóneo es retirar uno o dos ejemplares de muestra y dejar el resto».

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