Diario Vasco

«Un bosque de bambú es el mejor sitio para ganar al escondite»

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Los presentes escuchan las indicaciones de los buscadores sobre cuáles son las reglas del juego. / FOTOS: UNANUE

  • 150 niños y adultos se animaron a disfrutar con este juego tradicional en el primer campeonato celebrado en Donostia, en los viveros de Ulia

Entre las ramas de una magnolia, en la caseta del bosque de bambú o dentro del compostador vacío. Cualquier opción es buena cuando se trata de esconderse y disfrutar con un juego de toda la vida. Más de 150 curiosos de todas las edades se animaron ayer a participar en el primer campeonato del escondite de Donostia, celebrado en el parque de viveros de Ulia.

La actividad, organizada por Uliako Lore-Baratzak, reunió a 62 parejas y tríos de padres y niños que disfrutaron de una mañana en familia. Los más pequeños hicieron gala de su destreza para encontrar el mejor escondite, mientras que los adultos se vieron transportados de nuevo a la niñez.

«En el bosque de bambú, sin duda, es donde mejor puedes esconderte si quieres ganar», aseguró Marko Ruiz, un donostiarra de 9 años que «a falta de tan solo diez minutos» fue pillado por los encargados de descubrir a los participantes. «¡Una de las veces han pasado de largo! ¡Estaban al lado y no me han visto!», manifestó incrédulo aún de que ni a él ni a sus hermanos Luka y Malena los hubiesen sorprendido antes.

El campeonato fue una de las actividades más esperadas del segundo Festival de Otoño que acogió el parque. El espacio, de 14.450 metros cuadrados, cuenta con campas protegidas por grandes arbolados donde habitan cientos de animalillos. Los visitantes pusieron a prueba su originalidad para encontrar el rincón más secreto de este paraje, donde no faltaron el camuflaje, el contorsionismo y la escalada.

«Uno de los objetivos principales de este día es que la gente conozca este espacio, ya que para muchos es desconocido», lamentó Eider Sanz Iturralde, voluntaria del proyecto Lore-Baratzak. «Es un parque amenazado por la construcción de apartamentos que pretende llevar a cabo la administración», añadió.

Uno de los retos es que cada vez más gente se anime a visitar el parque de viveros, «independientemente de su edad, porque la riqueza natural que tiene es inconmensurable». El pequeño Marko ya había estado antes, y aunque le encanta pasar allí las horas, es a sus hermanos a quienes más les gusta participar en las actividades que se organizan porque «están locos por venir».

Picnic, boleros y pintura

Setenta segundos fueron suficientes para que una marea de participantes se escondiese. Hubo de todo. Algunos que trazaron una línea recta hasta ese rincón perfecto que tenían fichado desde hace días, y otros que invirtieron casi la totalidad del tiempo en buscar el que mejor pinta tuviese, porque nunca habían estado en el parque.

Sophie Sibille, de 45 años, se acercó con sus hijos Mateo y Paul, de cuatro y siete años. Vive cerca del vivero, en el barrio de Intxaurrondo, y fue su suegra quien le avisó de que había un escondite a gran escala. «Ha sido una experiencia bonita. No solo por el hecho de jugar, sino también por hacerlo en un entorno así de natural», dijo Sophie.

La programación del día fue más allá de la actividad estrella. Al mediodía hubo una sesión musical con el cuarteto JotaBertanHil, que dio paso a la plantación de guisantes, tras la recogida del maíz y las alubias de Tolosa. Los asistentes disfrutaron asimismo de un suculento picnic a la hora de comer, y se relajaron por la tarde con los boleros y el taller de pintura de Marta Boza.

Eider, de Lore-Baratzak, invitó a cualquier interesado a tomar parte en las actividades que organiza el parque, «como el día de la jardinería, que se celebra los viernes».

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