Diario Vasco

Los tatuajes ya no son para siempre

Ana González realiza unas diez sesiones de eliminación a la semana.
Ana González realiza unas diez sesiones de eliminación a la semana. / USOZ
  • Cada vez más guipuzcoanos recurren al láser para eliminar el recuerdo que grabaron en su piel

  • Melanie Griffith, Angelina Jolie y Johnny Depp no son los únicos que han decidido eliminarse tatuajes «en un plazo de uno o dos años»

Melanie Griffith se eliminó el corazón que contenía el nombre de Antonio Banderas del brazo. Angelina Jolie también lo hizo al borrar el nombre de su exmarido Billy Bob Thorton. En el mismo lugar se tatuó las coordenadas geográficas de las localidades donde nacieron sus seis hijos. Johnny Depp vivió con tanta pasión su romance con Winona Ryder que dibujó en su piel 'Winona Forever'. Cuando el amor se acabó decidió cambiarse la frase y, donde antes ponía Winona ahora se lee 'Wino', que significa borracho.

Son algunos de los ejemplos más comentados por tratarse de celebridades. Sin embargo, es una tendencia cada vez más al alza. Borrar de la piel aquel recuerdo que algún día se quiso grabar para siempre. «Con diecisiete años me hice un tatuaje en la muñeca, un pequeño triángulo vacío. Decidí hacérmelo ahí por si me aburría de él, porque no se ve mucho. A los tres años empecé a ponerme pulseras para tapármelo y, a día de hoy, si pudiese me lo borraría», comenta resignada Carla, una donostiarra de 25 años.

Borrar un tatuaje por completo «es muy difícil aunque no imposible», explica la doctora Ana González, que elimina tatuajes cada vez a más guipuzcoanos en Policlínica Gipuzkoa. Esta especialista en medicina estética asegura que hay factores como el tamaño, la profundidad de la tinta y los colores que influyen a la hora de eliminarlo, aunque entre diez y veinte sesiones de láser «suelen ser suficientes».

La cantidad de energía que emite el láser es muy grande y profundiza hasta los tres milímetros, aunque «es selectivo a la hora de quemar». El láser oscila solo en una longitud de onda y, dependiendo de ésta, es absorbida por uno u otro color. A partir de determinada cantidad de radiación, la energía deja de ser selectiva y provoca quemaduras.

Cuando el láser llega a esa tinta la quema y produce una reacción inflamatoria. Los macrófagos -células del sistema inmunitario- intentan absorber lo que se ha quemado y lo van eliminando a través de la sangre. «Por eso tenemos que dar tiempo entre sesión y sesión, aproximadamente dos o tres meses, para que eso que hemos destruido con la luz se vaya reabsorbiendo», explica Ana González. Si se aproximasen las sesiones se estaría actuando sobre la reacción inflamatoria y sería «imprudente».

El dermatólogo Jorge Soto asegura que los jóvenes son quienes más tatuajes se han hecho y quienes más se los están quitando. Muchos eligen la zona que va desde el mentón hasta la cintura para tatuarse, «y es más delicada porque tiene especial tendencia a hacer cicatrices hipertróficas o queloides. Por eso, en esas zonas más sensibles la radiación debe ser más suave», precisa el doctor.

El rojo, el más difícil

A la hora de eliminar un tatuaje es importante ponerse en buenas manos. Una maquinaria adecuada, «solo manejada por médicos, será la única que dé garantías a la hora de no sufrir quemaduras», aseguran. Aunque el futuro de esta técnica está en la evolución de las tintas y no de la maquinaria, «que ya está muy desarrollada», afirma Soto. Se está investigando para conseguir «tintas microencapsuladas», que son más fáciles de borrar.

Además, no hay dos tintas iguales. Si se habla de colores, el negro es el más fácil de eliminar, por ser el más oscuro, y «el rojo el más difícil». La doctora explica que el color rojo, dada su composición, suele provocar más reacciones cuando se inyecta en la piel. Del mismo modo, es uno de los más conflictivos cuando se quiere eliminar.

«Puesto que todavía no existe un control suficiente en la fabricación de las tintas, hay que tener especial cuidado con el mercado irregular, que a veces utiliza tintas no fabricadas para tatuajes», dicen los especialistas. «No hay dos verdes iguales, cada tono tiene su propia composición. Conocerla para poder quemarla correctamente resulta más complicado en algunos casos y exige una formación», añaden. Cuantos más colores tenga la representación, más tiempo llevará eliminarla.

Es muy fácil quemar a la gente, asegura Soto. De hecho, «todos los que quitamos tatuajes hemos quemado a pacientes, aunque el procedimiento seguido haya sido el correcto». Por suerte, la quemadura «es corregible». Añade que para llegar a un buen resultado hay que arriesgar un poco y que, siendo muy conservador, hay que hacer aún más sesiones, por lo que su eliminación duraría muchos años. «Por eso somos profesionales quienes lo hacemos y estamos cómodos trabajando en el límite», dice.

Esta quemadura forma parte del tratamiento, pero es superficial. Además, se están fabricando láminas que, aplicadas sobre la piel, reducen este riesgo. Otro de los inventos es el 'láser de picosegundos', que quema la tinta en un tiempo más corto, con lo que se reduce el riesgo de quemadura. Según el dermatólogo, se ha visto que no es tanta la eficacia de este láser.Después de someterse a un tratamiento así, hay que tener en cuenta que también se habrá eliminado la melanina de la zona en la que antes estaba el tatuaje. Esto requiere una especial protección de la zona. Es por ello que en verano no se hace ninguna sesión. Además, «esta piel está más estimulada y se hiperpigmenta». Un par de veranos serían suficientes para recuperar el tono normal de la piel en la zona del tatuaje eliminado, después de que se hayan terminado las sesiones de láser.

Cada sesión, setenta euros

Una de las principales ventajas de eliminarse un tatuaje -además de las cuestiones estéticas- es que los riesgos que estos suponen disminuyen considerablemente cuando ya no están. Por ejemplo, a la hora de ponerse la anestesia epidural, ya que lo habitual es que la tinta desaparezca por completo y no existiría ningún riesgo de que se introduzca en el organismo.

Es probable que muchos de los que estén pensando en eliminarse un tatuaje quieran saber cual es el precio de este tratamiento. Los dos especialistas afirman que en Policlínica Gipuzkoa el precio ronda los setenta euros por sesión en una representación de unos 5x5 centímetros. Eliminarlo por completo llevaría unos dos años, aunque «hay muchos casos en los que en doce meses ha desaparecido por completo». Actualmente, trabajan con cincuenta pacientes al mismo tiempo y realizan unas diez sesiones semanales, aunque aseguran que esta cifra «va en aumento».

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