Diario Vasco

Días de trashumancia entre Aralar y Azpeitia

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El rebaño de Abel Segurola emprendió el camino de regreso a casa el viernes.

  • Abel Segurola llegará hoy con su rebaño de 600 ovejas a unos terrenos cercanos a Loiola después de pasar el verano en las faldas del Txindoki

600 cabezas de ganado pasarán este mediodía por las calles de Azpeitia hasta llegar a los terrenos cercanos al santuario de Loiola. El pastor Abel Segurola, después de pasar los meses de verano en Aralar, regresa a su caserío Urreta Txiki del barrio azpeitiarra de Elosiaga. Antes de llegar a su destino, Segurola habrá realizado más de 40 kilómetros a pie junto a sus ovejas y ayudantes.

Como lo hicieran los antiguos pastores en Gipuzkoa, el azpeitiarra realiza el trayecto andando, «para mantener la tradición. Nosotros siempre hemos visto hacerlo así en nuestra casa y queremos seguir haciéndolo», asegura. Para ello, contará con la ayuda de familiares, amigos y fieles perros que le acompañarán desde la salida de su txabola Beltzutegi, situada en un lugar privilegiado, en las faldas del Txindoki.

El traslado de este año comenzó el viernes. Antes, Abel tuvo que reunir a todo el rebaño. Después de pasar la noche junto a la txabola, hace dos días, arrancó el periplo. «Comenzamos temprano, teníamos que colocar los cencerros a los animales y después bajar sobre las yeguas hasta el parking de Larraitz». Ese fue el primer tramo que cubrieron. Una vez en Abaltzisketa, tocaba descansar y reponer fuerzas. Después de comer, Abel y su equipo continuaron su trayecto hasta Altzaga, a donde llegaron a última hora de la tarde. El rebaño pasó la noche pastando en un prado de la localidad goierritarra.

La segunda jornada de la trashumancia para Abel y su rebaño comenzó ayer a primera hora. «Al amanecer nos pusimos en marcha. Hemos tenida muy buena suerte con el tiempo», lo que según el pastor azpeitiarra ha facilitado el traslado por las calles de Altzaga, Legorreta, Bidania-Goiatz, hasta llegar al alto de Urraki, donde volvieron a pernoctar. «El ritmo ha sido bueno, tranquilo, sin ningún contratiempo», relataba Segurola. «Las ovejas no sufren, están más acostumbradas que nosotros a andar y suben contentas en mayo, pero también les gusta regresar a casa».

Para poder realizar el trayecto, que en ocasiones atraviesa localidades o carreteras locales, Abel contará con la ayudad de doce personas. Además, el pastor solicitó los permisos pertinentes. «Nos exigen tener los permisos que nos dan en el departamento de Tráfico y después coordinamos el paso por las carreteras o cruces con la Ertzaintza, que se encarga de realizar los cortes correspondientes para evitar ningún problema». Todo un trabajo que exige gran organización hasta llegar a Azpeitia.

Todo el verano en Aralar

Una vez en la localidad del Urola, las ovejas de Abel Segurola permanecerán «unos veinte días pastando en unos terrenos cercanos la santuario de Loiola. Después, las traeremos a casa, donde permanecerán estabuladas todo el invierno». Según el pastor de Azpeitia, «los próximos dos meses, más o menos, serán duros. Empezarán a parir, tendremos que levantarnos cada dos horas por las noches para controlar los partos y después de día, ordeñar, alimentarlas, hacer queso...». Pero «es lo que toca hacer ahora», añade Segurola.

Antes de bajar a Azpeitia, Abel ha pasado los meses estivales en Aralar junto a su mujer Ana Azkue y los hijos de ambos, Ander y Amaia. «Subimos en mayo. Llegamos con unas 250 ovejas y en junio nos trajimos el resto del rebaño». El azpeitiarra reconoce que «ha sido un buen verano. Ha hecho muy buen tiempo y ha habido abundante hierba durante todo el verano, y el ganado estaba muy tranquilo y satisfecho». Algo que facilita el trabajo de los pastores en las campas de Aralar, donde la familia Segurola-Azkue también elabora queso. «Cuando estamos en Aralar ordeñamos las ovejas y elaboramos queso que después vendemos a los mendizales o aquellos que se acercan hasta la txabola cuando suben al Txindoki o realizan alguna travesía por Aralar».

Queso de montaña

Abel lleva ya más de dos décadas en Aralar. En su familia siempre ha habido ovejas, y él quiso continuar en el oficio. «Antes trabajaba junto a un tío, pero en la zona de Azpeitia no había pasto para más ovejas cuando quise ponerme por mi cuenta, por eso empecé con mi rebaño en Aralar hace 21 años. Estoy en la txabola Beltzutegi, que pertenece a la mancomunidad de Enirio-Aralar, donde el año que viene empezaré a elaborar queso de montaña. Gracias a la inversión que ha realizado la Diputación para adecuar el espacio y el permiso de Sanidad podremos hacer queso con esa calificación que después venderemos».

Segurola reconoce que está muy contento en Aralar durante la temporada de pastos, «es lo que nos gusta y estamos contentos en la txabola. Los chavales suben cuando acaban el curso escolar y ellos también disfrutan en Aralar».

Bajar a su caserío Urreta Txiki de Azpetia supone otro ritmo de trabajo y de vida, pero después de tantos años de oficio el pastor relata su regreso con satisfacción, porque según contaba las ovejas regresan contentas. Su voz también transmite alegría a pesar del trabajo que han supuesto estos últimos dos días y medio de trayecto entre Aralar y Azpeitia. Hoy toca dormir en casa, y eso también lo notarán los miembros de la familia Segurola-Azkue.

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