Diario Vasco

«Existe una correlación entre la emisión de dioxinas y las alteraciones hormonales»

  • El médico epidemiológico Eduardo Rodriguez Farré sitúa a las incineradoras como principales fuentes de estos «contaminantes orgánicos tóxicos»

Mientras la Diputación anunciaba la lista de empresas que pujarán por construir el Complejo Medioambiental de Gipuzkoa, el médico epidemiólogo Eduardo Rodriguez Farré hablaba de las posibles consecuencias que en la salud puede tener la incineración en la comisión de Medio Ambiente de las Juntas Generales de Gipuzkoa, a petición del grupo de EH Bildu. Según el profesor de la Universidad de Barcelona y asesor de la Comisión Europea, «el problema de las incineradoras proviene de lo que llamamos contaminantes orgánicos tóxicos, que vienen a ser las toxinas y los furanos». Los definió como «subproductos de la combustión» y aseguró que «la incineración es la mayor fuente» de estos contaminantes, contradiciendo lo dicho por otros médicos expertos también en Juntas que relativizaban el impacto.

Otorgó fiabilidad a un «estudio ecológico», basado en el comportamiento de un área de población localizada geográficamente, del Instituto de Salud Carlos III, que aprecia mayores porcentajes de casos de cáncer en zonas cercanas a incineradoras, y explicó la existencia de «otro tipo de afecciones que solo se han relacionado con estas plantas cuando se ha entendido, a través de la investigación, cómo funcionan las dioxinas». En este sentido, afirmó que estos contaminantes tóxicos persistentes «provocan trastornos del neurodesarrollo del cerebro en fetos y niños pequeños», porque actúan como «alteradores endocrinos». Habló de una «correlación entre este tipo de plantas y las alteraciones hormonales» y puso como ejemplo la detección de casos de diabetes en la población cercana a las plantas de valorización «como consecuencia de un trastorno hormonal».

Respecto a las normativas, advirtió de que «si bien se basan en datos científicos, tienen en cuenta otros compromisos», y subrayó el hecho de que «se tardan entre veinte y treinta años desde que se encuentra una evidencia científica hasta que se aplica en la práctica». Rodriguez Farré, de 74 años, puso como ejemplo que «cuando yo estudiaba el amianto ya estaba en los manuales como sustancia cancerígena, aunque no se acabó prohibiendo hasta los noventa».

También alertó sobre las trampas que puedan cometerse en la comunicación de las dioxinas generadas. Expuso su experiencia en la comisión de Medio Ambiente creada en torno a la incineradora de Martorell, «donde descubrimos que una cosa era lo que se transmitía al Registro Medioambiental y otra la realidad, que superaba el límite permitido de emisión de dioxinas, igual que pasó en Valdemingómez (Madrid)». Terminó agradeciendo que «un grupo de políticos invite a un científico, algo inusual».

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