Diario Vasco
Rocío, de 42 años, tiene una discapacidad del 57%.
Rocío, de 42 años, tiene una discapacidad del 57%. / MICHELENA

«Pasaba días entre la cama y el sofá»

  • Tras dos operaciones de columna, a Rocío Martínez le implantaron un neuroestimulador

Se acercaba la Navidad, eran las siete y media de la mañana y estaban preparando el mostrador de la pescadería cuando la vida de Rocío Martínez se quedó bloqueada, como su columna. Aún recuerda aquella caja de madera, de unos 20 kilos de peso, llena de medianas. «Fui a cogerla y me quedé clavada, ni la solté». Así empezó, hace diez años, el calvario que relata esta beasaindarra. «Me pusieron antiinflamatorios y empecé con el traumatólogo». Hernia discal, fue el diagnóstico. En tres meses estaba en el quirófano. «Me dijeron que la operación había salido bien, pero seguía con dolores».

Un dolor que no cesaba, «y como cada vez te duele más, más pastillas tomaba». Lo pasó fatal, «lo que he llorado». Muchos días ni salía de casa. Se sentía incapaz. «Mi hija comía en el colegio y mi marido trabaja con el camión y se pasaba el día fuera. A la vuelta me llamaba y le pedía que comprara el pan porque 'se me había olvidado cuando estaba en calle'. En realidad, no había salido de casa. Me pasaba el día entre la cama y el sofá». Y con tratamientos cada vez más fuertes para controlar el dolor, «pastillas, morfina en parches, bloqueos epidurales...». Como no cesaba, le realizaron una resonancia que reveló que la hernia había vuelto a salir. Le volvieron a operar, esta vez en Madrid. «Salí con dos muletas. Me afectó al nervio ciático». Durante un año se trasladó a diario a Donostia para ir a rehabilitación. Para entonces ya estaba siendo tratada por el médico Miguel Marín para aliviar el dolor.

Además del físico, hay otro dolor que Rocío ha sufrido en todo este tiempo: la incomprensión. «La gente te ve en la calle y te dice que qué buen aspecto tienes. Parece que tienes que ir desaliñado, dejado. Lo que no saben es que haces un esfuerzo terrible para levantarte, prepararte, salir... Tú tienes tu orgullo y tu dignidad. En mi caso, me busqué obligaciones para salir». La principal es Linda, una perrita de 8 años. «Así que aunque estés mal, tienes que levantarte y moverte». Aunque el cuerpo te pida que te quedes en la cama.

La situación de Rocío, que tiene una discapacidad del 57% y una incapacidad total, mejoró hace dos años, cuando Marín le colocó un neuroestimulador. «Es como una regleta en la médula y lo que hace es que en vez de dolor siento calambres». Rocío se sube la camisa y en su columna se aprecia un pequeño bulto, como si tuviese un marcapasos debajo de la piel. En el bolso lleva una especie de mando con el que controla esos calambres, «porque para dormir, por ejemplo, bajas la intensidad».

Gracias a este aparato, «puedo llevar una vida digna», se congratula. «Antes apenas salía. Ahora no tengo que tomar tantos fármacos, ni la mitad, y además son menos potentes. Es que llegué a tomar todo lo que había». A pesar de la mejoría, Rocío asegura que aún tiene muchas limitaciones. «No puedo coger pesos, si voy a la pescadería no puedo ir a la frutería». En ocasiones se queda bloqueada subiendo escaleras. «Hay días en los que no puedo hacer la cama». Tampoco aguanta mucho de pie. «No puedo ir con mi hija de compras, en la primera tienda me pongo a buscar una silla».

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