Diario Vasco

Las mujeres prefieren viviendas precarias en lugar de la calle

  • Un estudio de Emakunde cifra en 470 las personas sin techo en Euskadi, de las que 402 son hombres

Un estudio presentado ayer por Emakunde contabiliza algo más de 230.000 personas en diferentes situaciones de exclusión social en el País Vasco, situaciones que están relacionadas sobre todo con la falta de cobijo y de vivienda permanente. El análisis está elaborado desde una perspectiva de género y se centra sobre todo en la situación de las mujeres, bien distinta a la de los hombres, pero deja bien claro que son ellos los que mayoritariamente pernoctan en las calles. Como Rubén.

El estudio contabiliza algo más de 230.000 personas en diferentes situaciones de exclusión social en la Comunidad autónoma del País vasco, de las cuales el 0,2% corresponden a situaciones de sin techo (470), el 0,6% a situaciones de personas sin vivienda (1.470) y el 24,6% (57.511) y el 74,6% (174.715) a situaciones de vivienda insegura y vivienda inadecuada, respectivamente.

En los hombres se observa una mayor proporción que en las mujeres en las categorías de 'sin techo' (402), sin vivienda (1.044) o vivienda inadecuada (89.587), mientras que entre las mujeres es superior el peso relativo de las situaciones vinculadas al alojamiento en una vivienda insegura (34.439), es decir, que viven bajo amenaza de desahucio, en régimen de acogida por familiares o amistades, subarrendamiento, ocupación ilegal o, incluso, bajo amenaza de violencia por parte de la pareja o de la familia.

Definiciones reduccionistas

Según el estudio que fue hecho público ayer, frente a la opción de la calle o el albergue, las mujeres optan por estrategias como dormir en casa de familiares o intercambiar cuidado por alojamiento. Las diferentes situaciones de exclusión residencial analizadas podrían afectar a algo más de 120.000 mujeres, de las que alrededor de 450 estarían sin vivienda. Emakunde considera que se subestima el número de mujeres afectadas por estas situaciones debido a las definiciones reduccionistas que asocian a las personas sin techo a las situaciones de pernocta en calle o albergues, en las que las mujeres representan una clara minoría y las distintas manifestaciones encubiertas de sin techo» en el caso de las mujeres, mucho más difíciles de detectar y cuantificar.

El mundo masculino de los sin techo se muestra más marginal y sujeto a los vaivenes de la calle.

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