Diario Vasco

«Me encanta estar con mis nietos, para mí es una auténtica terapia»

  • Maite, Mari Carmen, Elena, Javier y Mila son algunos de los abuelos que cuidan de sus nietos entre seis y cincuenta horas semanales

Con el bocata de chorizo en la mano y ansiosa. Así espera Maite a que su nieto salga del colegio. A sus 64 años, cuidar de los niños es lo que más le llena. Pasa «entre cuarenta y cincuenta horas semanales» con ellos, y aún así siempre tiene ganas de más, porque le hace bien y es «una auténtica terapia» compartir su tiempo con los pequeños. Les lleva a inglés, a karate y «a lo que haga falta». Con su hija se entiende a la perfección, y nunca discuten por su manera de educarlos. Si algo lamenta Maite, es que su nieto más pequeño, de un año, vaya a ser el último porque «se va a a ir terminando lo de pasar tiempo con ellos». Está segura de que será el último niño que cuide, y sumarán un total de ocho, «mis tres hijas y ahora los cinco nietos».

Ver a abuelos cuidando a sus nietos es una estampa habitual en cualquier plaza o parque, como la de Ferrerías en Donostia. Aún más si es entre semana y han dado las 16.30 de la tarde, hora en la que los niños del colegio Amara Berri salen de las aulas y se lanzan a jugar en el parque, casi sin preocuparse por merendar. Jugar con los amigos es el plan preferido de los pequeños. Puede apreciarse fácilmente que hay casi tantos abuelos como padres sentados en los bancos o sujetando las mochilas.

Al lado de Maite, Mari Carmen cuida también de su nieto. Su media semanal es mucho menor, «unas seis horas». No solo les cuida en el parque. Su nieto mayor, de 14 años, «viene desde Astigarraga cada día a comer, y muchas veces incluso a desayunar». Su hija está separada, por lo que le echa una mano encantada. «Con su exmarido también me llevo muy bien», asegura mientras saca un yogur para su nieto. En ese sentido «no me puedo quejar».

Laia tiene casi tres años. Cada mañana es su abuela Elena quien la despierta, le da de desayunar y le deja en el colegio a las nueve. Es ella también quien va a recogerle a la salida y se queda con la niña hasta las siete. «Lo hago encantada, pero hace falta estar bien para que no se haga duro», comenta su amona, de 62 años, refiriéndose al estado físico y mental, mientras le hace una coleta a la pequeña en el pelo.

Laia tiene claro que quiere que sea su abuela la que siga yendo a recogerle. Hay veces que Elena no da abasto y tiene que repartirse el trabajo con su marido Javier, de 63 años. Él se encarga de los dos mayores, mientras que ella cuida de Laia. «Ahora es llevadero pero el verano es terrible porque no hay cole», comenta Javier entre risas, mientras da de merendar a su nieta.

El caso de Mila es diferente. Cuida de sus nietos «de manera esporádica», no hay dos semanas iguales. Lo hace por gusto, porque a los niños les hace ilusión y porque «no cuesta nada». «Hoy es el cumple del pequeño y pasaré más horas con el que si fuera un día cualquiera», dice esta abuela de 74 años. Añade que en el parque suele ver cómo «otros abuelos refunfuñan. Si no lo hacen por gusto es mejor que no lo hagan», concluye.

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