Diario Vasco

Crecen las alergias alimentarias en niños, que afectan al 6% de la población infantil

Los alergólogos José Antonio Navarro y Alejandro Joral, delante del Hospital Universitario Donostia.
Los alergólogos José Antonio Navarro y Alejandro Joral, delante del Hospital Universitario Donostia. / MICHELENA
  • Antes se evitaba el alimento, un error porque el contacto precoz «favorece la tolerancia»

  • En el Hospital Universitario Donostia tratan la alergia a la leche y al huevo administrándolos en cantidades crecientes y de forma muy controlada

Se estima que uno de cada cinco ciudadanos puede ser alérgico, si se tienen en cuenta desde los cuadros más leves hasta los más severos. Y hay estimaciones que hablan de que en un futuro quizás no tan lejano ese 20% alcance el 25%. El de las alergias es un problema de salud que afecta a buena parte de la población, también a la de edad pediátrica, un periodo en el que tanto la evolución como la capacidad de cura es «muy diferente». Con el tratamiento adecuado, los niños llegan a superar algunas alergias, incluso a alimentos como a la leche o al huevo, casos en los que el enfoque ha cambiado radicalmente y, según los resultados, para bien. Se ha pasado de la evitación total del alimento a ser tratados mediante la administración de dosis mínimas, progresivamente crecientes, hasta que el niño logra superar su alergia.

El de las alergias alimentarias es uno de los aspectos que abordarán los 1.200 expertos que, a partir de mañana y hasta el sábado, se darán cita en el Kursaal donostiarra en el 30 Congreso Nacional de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica. Los alergólogos del Hospital Universitario Donostia (HUD) Alejandro Joral y José Antonio Navarro son los coordinadores del comité organizador local de esta cita, en la que San Sebastián ganó la pugna con Murcia, y en la que se hará hincapié en las alergias infantiles.

Se calcula que el 10% de los niños pueden ser asmáticos, ya que las alergias respiratorias son las más comunes en menores de edad. El arsenal terapéutico para tratar a este colectivo ha aumentado con el tiempo, y es «más seguro y eficaz», explica Joral. En función de la gravedad del cuadro pueden recetar desde broncodilatadores a otro tipo de inhaladores, tratamientos biológicos... El diagnóstico también ha mejorado «y se valora mejor el riesgo de gravedad y persistencia en la edad adulta», añade Navarro. Porque «la principal ventaja» en niños es que, en muchos casos, «se curan».

Pero donde se ha dado el mayor vuelco en los últimos años es en el enfoque ante las alergias alimentarias, cada vez más diagnosticadas y que, según los expertos, padecen el 6% de los niños. Un problema de salud que puede aflorar desde el primer biberón, si el bebé es alérgico a la leche, y que puede ir desde cuadros leves con pequeñas ronchitas en torno a la boca a otros más graves con urticaria por todo el cuerpo, dificultad para respirar o mal aspecto general por el descenso de la tensión.

José Antonio Navarro explica que hay muchos factores que han derivado en el aumento de casos, pero parece que la forma en la que hasta ahora se venían tratando estos casos ha podido influir. «Hace 20 años, en niños con mucha carga genética de alergia se tendía a retrasar la ingesta de alimentos alergénicos, cuando con el tiempo se ha visto que precisamente lo que interesa es meterlo en la dieta de forma muy precoz».

Las alergias tienen un componente genético, es decir, la tendencia a padecerlas «se hereda»: cuando un progenitor es alérgico, los hijos lo son con mucha más frecuencia, y si los dos padres lo son, aún más. Siempre se ha dicho que es alérgico el que puede, no el que quiere, porque se necesita tener una cierta tendencia familiar. En esos casos con antecedentes familiares «la introducción de huevos, leche, pescado o marisco se retrasaba, y parece que es un error y que el contacto precoz favorece la tolerancia», añade Joral.

Una vez detectaba una reacción alérgica alimentaria el tratamiento consistía, básicamente, en la evitación. En identificar el alimento causante de la reacción e intentar evitarlo «a toda costa». Hoy en día estas alergias, especialmente en el caso de la leche y el huevo, presentes en un sinfín de preparaciones en nuestros platos, se intentan curar.

Navarro explica que hay un porcentaje «no pequeño» de niños alérgicos que lo superan espontáneamente, pero en otro porcentaje «importante» la alergia persiste. Por ello, el objetivo es tratar de identificar a niños de este último grupo y tratarlos a través de la conocida como inducción a la tolerancia oral (ITO). Pongamos que tenemos un niño que reacciona ante la leche y que, según han comprobado los médicos, esa alergia va a persistir. Lo que hacen, grosso modo, es empezar a darle precisamente leche en cantidades que van aumentando. «Hay una serie de protocolos establecidos, basados en mucha clínica y bibliografía. Es un tratamiento no exento de riesgo que se hace en el hospital, con personal entrenado y con la adrenalina a mano por si hiciera falta usarla en caso de reacción», explica Joral, que es jefe de servicio de Alergología. Los padres también son entrenados para manejar la situación.

El tratamiento se inicia con dos o tres visitas semanales al hospital de día, y puede durar meses. Alcanzada una dosis determinada, se continúa en casa, «y vienen a consulta cada cierto tiempo para aumentar la dosis». De esta forma, «en la mayoría de los casos se consigue la tolerancia total. Y en los que no se logra, lo que a nosotros nos deja tranquilos es evitar reacciones severas que ponen en riesgo la vida de los niños con una ingesta accidental. Por ejemplo, que un niño alérgico a la leche se coma un cruasán y sufra una anafilaxia. Esas cosas se evitan», valora Joral.

Además de a la leche, en el Hospital Universitario Donostia también tratan la alergia al huevo. Y en consulta ven a niños alérgicos al pescado, la fruta, a los frutos secos, mariscos, legumbres... «En adultos, fundamentalmente, vemos alergia al marisco y mucho cuadro complicado a alergia a vegetales, a ciertas frutas, frutos secos y a ciertas hortalizas. Se trata de pacientes alérgicos a una proteína, al LTP y que está presente en todo eso». En ciertos casos, esta alergia se puede llegar a tratar, como con la 'vacuna' por vía sublingual, por ejemplo. «Está dando resultados bastante prometedores», explica Navarro. En otros casos no queda más opción que evitar comer marisco o legumbres. «Hay varios grupos que están investigando con los frutos secos», añade.

'Puede contener trazas de...'

Las alergias alimentarias suelen «agobiar» mucho a las familias. Hacer la compra, por ejemplo, se convierte en un suplicio en el que hay que ir analizando cada etiqueta. Un mundo, el del etiquetado, en el que se ha pasado casi del blanco al negro. «La verdad es que ha habido una mejoría, pero se ha pasado de no poner los ingredientes a curarse en salud poniendo la coletilla de 'puede contener trazas de...', lo que genera muchas dudas», señala Joral.

En los comedores escolares se «ha avanzado mucho». Los profesionales del hospital han estado implicados en esta cuestión, que ha requerido reuniones de Sanidad, Educación y proveedores alimentarios. «También hay adrenalina en los colegios, y alguien que sepa por si hiciera falta usarla», valoran los alergólogos. Desde el hospital, por ejemplo, organizan talleres en los que enseñan este tipo de cosas.

Los alergólogos describen de «sorprendentemente maduros» a los niños que tratan. «Son muy prudentes. Lo han pasado mal, así que ante la duda preguntan, miran o por precaución no comen algo que no conozcan. Habitualmente el susto en niños no es porque han decidido comer una cosa, sino porque en el parque alguien les da algo y situaciones de ese tipo», aseguran.

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