Diario Vasco

Los mismos voluntarios para atender al doble de personas necesitadas

Jose Manuel Otegi, a la derecha, junto a un grupo de voluntarios de Cáritas en Ordizia.
Jose Manuel Otegi, a la derecha, junto a un grupo de voluntarios de Cáritas en Ordizia. / MIKEL FRAILE
  • Cáritas Gipuzkoa hace un llamamiento para paliar el déficit de gente que colabora con la ONG

  • Alerta de la falta de «relevo generacional» de los voluntarios que ayudan desde hace muchos años, en su mayoría «mujeres de avanzada edad»

Cáritas atendió el año pasado a 27.429 personas en Gipuzkoa. Fueron 2.405 menos que en 2014, año en el que se llegó al récord. De hecho, es la primera vez que se reduce el número de personas que necesitan los recursos de Cáritas desde que empezó a azotar la crisis. Pero aún se está lejos de las cifras previas a la recesión. En 2008, se calcula que 16.000 guipuzcoanos recurrían a esta red de ayuda.

Todas esas personas necesitadas, las de antes y las de ahora, acuden en busca de ayuda a los despachos parroquiales de la ONG de la Iglesia. Allí les escuchan los voluntarios de Cáritas. En estos años, la cifra de personas atendidas por Cáritas se ha disparado, pero no ha crecido en la misma medida la del grupo de voluntarios. Es más, se ha estancado debido a un problema de relevo generacional que hace que, en muchos casos, los mismos voluntarios que atendían a los necesitados hace 20 años sean los que ahora se ocupen de la misma labor. «En su mayoría son mujeres, mayores de 60 años, que llevan mucho tiempo ayudando y que no ven que entre gente nueva por detrás», asegura Kontxi Elexpe, administradora de Cáritas.

Para tratar de paliar este déficit, la ONG de la Iglesia ha comenzado una campaña con el objetivo de atraer voluntarios que se ocupen de esa primera atención a los más necesitados que se realiza en las Cáritas parroquiales de los barrios de cada ciudad y pueblo de Gipuzkoa. «Voluntarios para proyectos concretos, de momento hay», recuerdan en la ONG de la Iglesia.

En la actualidad, un 'batallón' de un millar de voluntarios guipuzcoanos colabora con Cáritas del territorio. 700 de estos lo hacen en las parroquias, mientras que otros 300 ayudan en servicios y programas específicos, como puede ser el comedor social Aterpe o la casa de acogida Villa Betania para enfermos de sida. «El déficit que tenemos está en Cáritas parroquiales de los pueblos, que son los que trabajan en primera línea, a pie de calle».

Según Elexpe, «cuesta más atraer gente a este tipo de voluntariado porque la labor que realizan es distinta. No es lo mismo estar en un programa concreto y puntual que participar como voluntario en Cáritas parroquial, que exige estar con la persona que viene a solicitar ayuda, tener una empatía, realizar un acompañamiento, tener que decir que sí o que no a las ayudas... Es una labor más complicada».

El perfil de voluntario en Cáritas parroquiales es de «mujer, el 70%, y de edad elevada, con una media de 60 para arriba, es decir, que llevan mucho tiempo ayudando». Según explica Elexpe, existe un problema de «relevo generacional» que no termina de llegar. «Los que están tienen una edad avanzada y quizás les gustaría dejar ya esa labor después de tantos años, no ven ese relevo generacional. No ven que por detrás venga gente y se mantienen ahí con edades muy avanzadas. Son gente magnífica que ha ayudado mucho y han hecho un trabajo estupendo, de quitarse la txapela», añade.

En Cáritas quieren animar a los guipuzcoanos que tengan ganas de ayudar a los demás para que se sumen al voluntariado. «Es una labor dura, pero que ofrece un enriquecimiento personal muy grande», añade Elexpe.

Labor de escucha

Aunque en cada pueblo se trabaje de forma distinta, por lo general la principal labor de los voluntarios de Cáritas parroquiales consiste en hacer trabajo de acogida. «Depende del sitio, se atiende una o dos veces por semana a personas que necesiten cualquier tipo de ayudas», explica.

Los voluntarios realizan entonces una labor de escucha. «Luego se hace una valoración y se pide documentación para, en su caso, derivarlo a servicios de base de los ayuntamientos. Al final nosotros hacemos una labor subsidiaria en la atención social. Y ahora no se pueden cobrar ciertas ayudas si no se lleva más de un año empadronado aquí», recuerda.

El trabajo no queda ahí. «No solo se da una respuesta o una ayuda. Con las personas necesitadas se realiza una labor de acompañamiento, es decir, en la búsqueda de empleo, en aprendizaje de castellano, escolarización de hijos»...

En algunas parroquias todavía se recoge ropa usada y se entrega a los más necesitados, pero es una labor que se hace ya en cada vez menos sitios. «Quedan pocos roperos activos. Ahora se entregan unos vales para comprar la ropa en nuestras tiendas de segunda mano. Con ellos dignificamos que la gente acuda a esas tiendas y elija la ropa que desee. Además, generamos empleo, porque las personas que atienden en esas tiendas son contratadas», explica.

Lo que sí se sigue haciendo en las parroquias es el reparto de comida. «Con la crisis ha sido una labor que se ha incrementado, aunque nosotros siempre decimos que el reparto de comida tiene que ir acompañado de un acompañamiento y seguimiento a esa familia», añade la administradora.

También se ofrecen ayudas para pagar el alquiler, para pagar la hipoteca y, en esta época del año, para material escolar, porque hay gente que no puede pagar los libros escolares al comienzo de curso. Incluso ayudas para pagar medicamentos a personas con algún problema de salud.

Para toda esta labor, los voluntarios reciben asesoramiento y formación. Eso sí, desde cada Cáritas parroquial se trabaja de forma «autónoma».

Detectar la necesidad

Por lo general, los voluntarios de Cáritas se ocupan de recibir a las personas necesitadas y de escucharles en los despachos parroquiales. Pero en ocasiones, también salen a la calle en su busca. Su perfil de ciudadano les hace que estén alerta para detectar situaciones de necesidad que, «muchas veces por vergüenza», no acaban de acudir a Cáritas para solicitar una ayuda. «En Cáritas estamos haciendo una reflexión sobre esos perfiles nuevos de pobreza que no llegan a nosotros, como las personas mayores con pensiones bajas que no acuden a Cáritas, porque no consideran que sean pobres y sin embargo sí están en situación de necesidad y Cáritas está en disposición de ayudarles», explica Elexpe.

«Intentamos detectar esos casos de necesidad y acercarnos a ellos. A veces hay situaciones de soledad que necesitan acompañamiento y los voluntarios realizan esa labor importante», añade.

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