Diario Vasco

«Hace 20 años era el más joven y ahora todavía lo soy»

Tomás Elizazu junto a Marian Ayúcar, voluntaria en Santiago Apostol.
Tomás Elizazu junto a Marian Ayúcar, voluntaria en Santiago Apostol. / LUIS MICHELENA
  • Tomás Elizazu, voluntario de Cáritas en Donostia, y Joxe Manuel Otegi, en Ordizia, cuentan su experiencia. «Cuando ves que alguien le da la vuelta a su situación es gratificante»

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«Cuando entré de voluntario en Cáritas hace 20 años era de los más jóvenes. Ahora tengo 52 y creo que sigo siendo de los más jóvenes». Tomás Elizazu, donostiarra forma parte de este 'batallón' de 700 voluntarios de Cáritas que cada semana acuden a las parroquias a ceder parte de su tiempo. «Me aporta mucho. Tengo esa inquietud de intentar ayudar en lo que puedo y me resulta gratificante», asegura este funcionario de profesión y soltero. Según explica, en su grupo de voluntarios del Buen Pastor de Donostia, la media de edad es muy alta. «Es gente mayor que lleva muchos años implicada y muy volcada. Sería bueno que entrara gente joven. Hay un problema de relevo generacional claro», admite.

Tomás comenzó de voluntario en Cáritas hace 20 años. «Antes ya había colaborado en Cruz Roja. La colaboración se terminó en 1996 y me llegó que en la parroquia del Buen Pastor les hacían falta voluntarios. Decidí colaborar porque me encajaba por mi experiencia como voluntario social y por mis convicciones y creencias», recuerda.

Desde entonces, se ocupa de realizar esa primera acogida a las personas necesitadas que acuden al despacho, en la trasera del templo. «Abrimos los miércoles por la tarde, de 17.15 a 18.15 horas, aunque si hay gente nos quedamos más tiempo. Hacemos una labor de escucha, valoramos cada caso y los derivamos a servicios de Cáritas más especializados, a las instituciones, hacemos una orientación»...

Tomás explica que en el Buen Pastor no hay ropero. «Les damos vales para que compren la ropa en la tienda de segunda mano de Cáritas», explica. Tampoco hacen reparto de comida. «En todo caso damos un cheque para comprar alimentos y luego nos dan un ticket justificando en qué se ha invertido ese dinero», añade.

Este donostiarra se queda con los momentos más alegres de su labor de voluntariado. «La gente que acude siempre lo hace en momentos de dificultad. Entonces, cuando te encuentras por la calle y te para alguien y te dice que le van las cosas bien, que ha dado la vuelta a su situación, que ha encontrado trabajo, es lo más gratificante», afirma.

Pero la realidad de cada semana es que se enfrentan a «realidades bastantes complicadas», por lo que las «situaciones duras que se viven son muchas».

En otras ocasiones han intentado «salir a la búsqueda de situaciones de necesidad» para ofrecer ayuda, aunque sin éxito. «Hay gente que no se acerca a Cáritas por vergüenza», añade.

Ayuda a personas solas

Joxe Manuel Otegi también lleva 20 años de voluntario en Cáritas parroquial. Pero él lo hace desde la otra punta de Gipuzkoa: en la parroquia de Santa María de Ordizia. De 71 años y antiguo trabajador de CAF, está orgulloso de su labor de voluntario. «Si sientes un poco de solidaridad y de trabajar con los demás, es normal colaborar. Ordizia es un pueblo pequeño, nos conocemos todos y Cáritas me dio la posibilidad de conocer las necesidades que hay en el pueblo y ayudar a familias», asegura.

En Cáritas de Ordizia abren el despacho de la calle Mayor los jueves a las 10 de la mañana. «Nos tratamos de poner en el lugar del que viene, le escuchamos y vemos en qué le podemos ayudar», explica.

En Santa María también tienen ropero. «Además, hacemos labor de escucha y de acompañamiento, porque hay mucha soledad en personas mayores. Hay veces que les acompañamos al médico, si es necesario», cuenta. También hacen visitas a la cárcel de Martutene y a enfermos mentales en Arrasate.

Entre otros proyectos, colaboran con las monjas de Lazkao que les han cedido una huerta para que trabaje gente necesitada y se lleve a casa parte de la cosecha.

Además, les ha tocado hacer una «atención particular a personas que no se quieren acercar al local de Cáritas por vergüenza. Otras veces nos llega gente desde la asistenta social del Ayuntamiento. Pero nos faltan herramientas. Muchas veces nos piden trabajo y no podemos ofrecerlo. La buena noticia es que en los últimos meses está viniendo menos gente a pedir ayuda».

Como Tomás, Joxe Manuel se queda con las «gracias que recibe» cuando en ocasiones se cruza por la calle con gente a la que ha ayudado. «Para mí eso es suficiente. Que veas que una familia sale a flote, que los hijos van a la escuela... eso es gratificante. Recibo más de lo que doy», afirma.

Tanto Tomás como Joxe Manuel animan a los guipuzcoanos a participar como voluntarios en Cáritas. «La gente tiene que sensibilizarse y entender los problemas de la gente que no tiene nada. ¿Cómo no les vamos ayudar? Gipuzkoa es un territorio solidario», aseguran.

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