Diario Vasco
Meryem Echániz pasea por La Concha con su atuendo habitual.
Meryem Echániz pasea por La Concha con su atuendo habitual. / LOBO ALTUNA

Musulmanes de Gipuzkoa subrayan que es posible ir a clase sin taparse la cara

  • La norma actual permite a las chicas utilizar velo o pañuelo para cubrirse el pelo en el aula, lo que generaliza la posibilidad de estudiar en cualquier centro educativo

Una donostiarra de 17 años, bautizada como Miren Koruko es ahora Meryem, una musulmana por eleccion. Ha elegido una vestimenta que solo deja a la vista sus ojos azules y sus zapatillas, pero su problema no son las miradas curiosas, que las hay. Lo que ocurre es que el niqab que cubre su rostro le impide acudir a las clases del centro escolar en el que se matriculó.

«No me dejan ir a clase en ningún sitio», reclama la chica, que quiere ser auxiliar de enfermera. Su caso no es habitual en Gipuzkoa ni en el País Vasco, no solo por su conversión a la religión musulmana con 13 años tras una educación occidental en San Sebastián. Lo es porque en estos momentos no hay ninguna niña que no pueda asistir a clase porque se cubre con un pañuelo, tal y como señalan los versículos del Corán y la propia tradición de sus familias.

Así lo asegura tanto Badar Hijra, promotor de la Universidad Islámica que se va a abrir en San Sebastián, como Aziz Messaoudi, de la Federación Islámica del País Vasco. Ninguno de los dos conoce de nada a Meryem ni la han visto en los sitios de culto que existen repartidos por el territorio. «El año pasado hubo un conflicto con una alumna en el instituto de Andoain porque llevaba velo en la cabeza. La chica se fue a estudiar a San Sebastián». La circular del departamento de Educación del Gobierno Vasco en la que autoriza a que las adolescentes que así lo deseen acudan a clase con el pañuelo o el velo en la cabeza ha disipado algunas dudas.

Lo aclara Badar Hijra. «Hace tres años tuvimos problemas con esta cuestión, pero ahora el velo se autoriza. ¡Ojo! Estoy hablando del velo, del pañuelo en la cabeza que se ponen las chicas a partir de determinada edad y que no les cubre ni la cara ni las manos. Solo el pelo. Las niñas ni siquiera lo llevan».

La cara al descubierto

Hijra se siente molesto porque haya vuelto a reclamarse educación desde la religión musulmana cuando cree que la situación está resuelta, al menos desde un punto de vista oficial. «Respeto a esta chica por vestir como lo hace, pero también entiendo que las personas queremos saber al lado de quién nos hemos sentado». En Marruecos, país del que proviene Hijra, es muy difícil ver a ninguna mujer totalmente cubierta, «ni con burka ni con niqab».

Aziz Messaoudi afirma que sus datos indican que solo el 5% de los más de mil millones musulmanes que hay en todo el mundo pertenecen a los grupos más radicales en cuanto a la vestimenta de la mujer, aquellos que interpretan los versículos del Corán sobre la belleza como la obligación de cubrir todo el cuerpo, la cara, e incluso las manos.

«La interpretación mayoritaria entre los sabios que estudian el libro sagrado es que esos versículos solo se refieren a cubrir el pelo. No entiendo los argumentos de esta chica porque ella sabe que hay margen y desde luego tiene que saber que es importante descubrirse la cara en clase. Si quiere estudiar debe destaparse el rostro».

A Messaoudi le ocurre como a Badar Hijra, que no quiere polémicas cuando la situación se ha normalizado y las chicas que así lo desean puedan llevar su pañuelo. «Si viera alguna vez a esta chica es lo que le diría... Si quieres ir a la escuela ponte el velo, pero lleva la cara al descubierto».

Entiende perfectamente esta exigencia y asegura que en su propio país de origen, Marruecos, en casos similares, se obliga cada vez más a que las caras estén descubiertas».

Más allá de la opinión de representantes del mundo musulmán en Gipuzkoa, el caso es que Meryem Echániz sigue empeñada en que le dejen seguir sus estudios con un atuendo que, asegura «traslada su vida interior a su aspecto externo».

El Gobierno Vasco quiere hablar, al menos así lo ha asegurado, con la familia, con la chica y con el centro. En su circular habla de «evitar los riesgos del etnocentrismo y valorar o apreciar las aportaciones de otras culturas». El niqab, sin embargo, ha dibujado una línea roja. «No creo que una joven con velo integral cause ningún mal a la sociedad, ya que todos somos diferentes y tenemos que respetarnos». El Ejecutivo vasco justifica el dique de contención ante la prenda por motivos de «convivencia e interrelación».

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