Diario Vasco

«Al difundir actos íntimos el hombre quiere proyectar una imagen de dominador»

El psicólogo Javier Madina, en el sillón de su consulta.
El psicólogo Javier Madina, en el sillón de su consulta. / PEDRO MARTÍNEZ
  • Javier Madina, psicólogo clínico

  • «Vivimos en una sociedad que ha perdido el pudor y en la que el exhibicionismo ha encontrado su mejor herramienta: las redes sociales e internet»

Puede que no nos hayamos dado cuenta de que cada vez que sacamos una foto con nuestro móvil ya no nos pertenece. O que vivimos en una sociedad en la que la falta de pudor y el deseo de exhibicionismo puede traernos consecuencias perjudiciales. Si a este cóctel le añadimos la tolerancia excesiva ante determinadas conductas y la falta de valores nos encontramos con imágenes como la de dos jugadores del Eibar, Sergi Enrich y Antonio Luna, que exhiben con risas sus relaciones sexuales con una chica. El psicólogo clínico Javier Madina está seguro que se ha perdido el control sobre la intimidad.

- Dos futbolistas de Primera División cuelgan un vídeo en el que practican relaciones sexuales con una chica guapa. Ríen y cuando se conoce lo ocurrido ni tan siquiera tiene consecuencias para ellos. Porque no parece que estén avergonzados.

- Es peor que eso. A estos dos va a haber un montón de gente que les va a dar palmaditas en la espalda. Algunos de los que les animarán, además, tendrán catorce o quince años. No nos vamos a sorprender ahora del sesgo machista de la sociedad y de que ellos actuaran como lo hicieron. No quiero entrar en un discurso de púlpito, pero lo cierto es que aquí no se critica nada, no se censura nada ni se castiga nada, ni siquiera de forma moral.

- ¿Chavales de catorce o quince años? ¿En serio?

- Los modelos que tiene la gente más joven son muy exhibicionistas, personas que a menudo no digieren la fama y se muestran sin pudor. Si tu ídolo se tatúa el nombre de su novia o Ronaldo celebra en calzoncillos un triunfo en el vestuario, los adolescentes se toman como normal que se grabe así a la gente. Tampoco, insisto, hay que olvidar el machismo, que resurge con fuerza en estas cuestiones.

- Me estoy acordando de un delito tan grave como la presunta violación de una chica en Pamplona por cinco individuos que, además, grabaron lo ocurrido.

- Este caso es el de una forma de machismo extremo, de exhibicionismo de la violencia que debería ser una agravante de cualquier delito. Claro que en estos casos subyace una cultura machista en la que el hombre se muestra en una conducta sexual dominadora con una mujer atractiva. Recuerdo un vídeo que también se extendió por las redes en el que un chico grababa a otro mientras éste le pegaba una patada a una de las chicas que esperaban al autobús. Fue condenado. El vídeo era el objetivo, pero también la prueba.

- ¿Esto va a acabar siendo una patología?

- Lo primero que hemos de tener en cuenta es que los móviles son toda una revolución con un alcance del que todavía no somos conscientes. El impacto social es tremendo, podemos transmitir lo que queremos con imágenes, sonidos, con una capacidad de interacción casi universal que conlleva a la postre un montón de problemas y de efectos colaterales.

- De acuerdo, una foto de mi perra puede aparecer en cualquier sitio porque a mí me parece preciosa, pero no puede ser solo eso lo que provoca que se suban imágenes violentas o que la venganza y el desamor se cuelguen en Youtube.

- Vivimos en una sociedad que ha perdido el pudor y la discreción y que no siente la protección de la intimidad como un valor. A la gente no le importa exhibirse, todo lo contrario, hay personas a las que les encanta enseñar todo lo que ocurre en su vida. Suben a las redes fotos de sus hijos, de sus viajes, de la cocina de su casa. Te voy a poner un ejemplo... Antes te comprabas un coche y quedabas con los amigos para enseñarlo. Ahora solo hace falta sacarle una foto y enviarla para que cualquier persona del mundo lo vea.

- Lo de enseñar el coche, vale, ¿pero qué pasa cuando lo que se muestra son tus comportamientos más íntimos?

- Esa capacidad de comunicación universal que tenemos ahora y que, repito, es una revolución impresionante, se puede utilizar para ejercer poder, para descargar los ánimos de venganza y para incrementar la capacidad de hacer daño. Puedo estar equivocado, pero este tipo de vídeos son también una forma de decir «mira de lo que soy capaz», entra dentro de esa cultura del «yo más», de «tengo lo más impactante», del estímulo por el estímulo y de llamar la atención. Puede sonar rancio, pero lo cierto es que todo esto va a acompañado de falta de valores y de ética. Vivimos en una época en la que nadie se siente culpable de nada. Ni nos escandalizamos ni sancionamos.

- ¿Quiere decir que todo este tipo de vulneración de la intimidad quedará impune?

- Está claro que habrá que tomar medidas, pero el relajamiento moral también existe cuando se analiza la corrupción, por ejemplo. Los juzgados en el caso Gürtel estarán dentro de nada en una tertulia como si tal cosa. Es el modelo Farruquito, un hombre que atropelló a otro y se dio a la fuga y hoy pasea por los platós como si no hubiera ocurrido nada.

- Más allá de los famosos y de las actitudes más violentas, nos encontramos con adolescentes que niegan haber bebido en tal fiesta o tener novio y luego cuelgan fotos con una copa y un abrazo cariñoso en Instagram. ¿No resulta un poco raro?

- Que un adolescente engañe a sus padres entra dentro de lo normal, aunque también es verdad que se exponen tanto que es más fácil pillarles cuando nos cuentan algo que no es cierto. Es que ni ellos ni nosotros somos conscientes de que cada foto que hacemos en el móvil ya no es nuestra, no está bajo control. Está al alcance de cualquiera. Y hay personas que no tienen límites y su grado de exhibicionismo tampoco.

- ¿Por qué la gente acepta hacerse fotos íntimas a pesar del riesgo que corre de que un día lleguen a manos de todo el instituto o de todo el centro de trabajo?

- Grabar imágenes con la pareja es algo que se ha hecho desde hace muchos años. Para algunas personas resulta estimulante verlas y la aparición de las cámaras de vídeo, cada vez de menor tamaño, hizo que esa costumbre se extendiera. Es una práctica de pareja más, incluso más común de lo que pudiera parecer. Otra cosa es que, olvidadas ya esas cámaras de vídeo, imágenes que se han tomado con el móvil pueden utilizarse de la forma que se quiera, entre ellas difundirlas como venganza. De todas formas, insisto, si están en el móvil pueden estar a disposición de cualquiera.

- El caso de la fiesta de Ronaldo o de las imágenes que Scarlett Johanson se sacó semidesnuda. ¿No?

- Por ejemplo. El futbolista no se sacó fotos de aquella juerga que celebró después de perder un partido importante, parece que fue el cantante que había contratado. Pero allí estaban, a disposición de cualquiera. Lo mismo ocurrió con la actriz. Cada uno es libre de hacer lo que quiera, pero creo que las personas con una imagen pública deberían tener cuidado.

- ¿Una juez, un cantante, un político van a una boda y pueden ver al día siguiente un vídeo en el que bailan a lo loco?

-Es así. Puede pasar y hay que tener cuidado, es verdad. Hace poco leí que a la hermana de la princesa de Inglaterra, a Pippa Midleton, le habían robado 3.000 fotos de su móvil. Fotos privadas sin contenido íntimo. ¡3.000 fotos!

- Ya sabemos lo que no deben hacer los famosos. ¿Y nosotros?

- Hay que educar a los niños, decirles que lo natural no es intercambiar imágenes con cualquiera, alertarles para que estén preparados y no permitan que les ocurran este tipo de cosas. Pero en internet se actúa también desde el anonimato, desde la impunidad y puede ocurrir que una foto que tu chico te saca en topless en una cala desierta pueda convertirse en el hazmerreír de tu entorno si la quiere utilizar con malas artes.

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