Diario Vasco

«Me cubro porque el rostro es algo bonito que reservo al que me quiere»

Nació en Andoain pero ha vivido desde niña en Donostia. Nadie en su familia es musulmán, pero a Meryem «le ha atraído la religión desde que nació», cuenta Koro, su madre. «Es un tema de nacimiento y no de educación», cuenta confesando que «yo no soy religiosa. Ella pidió hacer la Comunión y me llevaba a la iglesia», revela. Su hija reconoce, como punto de partida, que «siempre he creído en Dios». Conoció primero el Cristianismo, «pero no terminaba de entender por qué si hay un Dios rezamos a la Virgen, a Jesús, a los santos... Eso no entraba en mi idea de monoteísmo». Por eso «empecé a contactar con evangelistas y testigos de Jehová hasta que di con el Islam. Vi que lo que buscaba estaba ahí. Empecé a conocer gente y descubrí que era una religión muy tranquila y que su comunidad estaba muy unida». A partir de ahí, todo ha sido buscar, leer y profundizar.

Con trece años empezó a utilizar pañuelo en la cabeza, «normalmente con una falda larga». Luego pasó al jilbab, vestido que cubre todo el cuerpo excepto la cara y las manos. Y dos años más tarde decidió ponerse el niqab. «Fui aprendiendo más y más sobre mi religión, me aumentó el pudor y quise taparme más. Así me siento más cómoda y mejor».

Explica que en su código religioso «la mujer se ve como algo muy valioso. Por eso se tapa, porque lo ve con pudor, como algo bonito que tiene que cuidar para la gente que realmente le quiere. Por ejemplo, con mi madre, mi padre o mi tío no uso el velo integral. Es como si se reserva el rostro de la mujer para quien realmente sabe valorarlo».

Preguntada por la razón por la que escogió un centro religioso, su madre responde que «cuando fuimos a matricularnos, les dijimos que era musulmana y nos dijeron que no había ningún problema y que podía ir vestida como quisiera». La reflexión que le brota a Koro es: «Se supone que entre las religiones se deberían entender mejor». Su hija dice «respetar las cruces que hay en las clases, solo que no voy a misa ni rezo cuando ellos lo hacen».

Meryem quiere dejar claro que «el musulmán sigue el camino del profeta Muhammad y sus predecesores piadosos, no sigue el camino de ningún sectarismo ni de ningún extremista».

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