Diario Vasco

Hallan todos los restos de la familia Sagardia Goñi en la sima de Gaztelu

Errasti muestra los huesos de las caderas y las suelas de caucho.
Errasti muestra los huesos de las caderas y las suelas de caucho.
  • Miembros de Aranzadi, con Paco Etxeberria al frente, localizan los restos de la madre y de sus seis hijos a 50 metros de profundidad

En torno a las tres menos cuarto de la tarde, el forense Paco Etxeberria hablaba por walkie-talkie desde el interior de la sima Legarrea en Gaztelu, Malerreka, en Navarra, a 50 metros de profundidad. «Hemos encontrado los restos, prácticamente todo el esqueleto, de la madre y también, junto a ella, el esqueleto de uno de sus hijos, también entero en conexión anatómica. Los trabajos nos llevarán al menos una hora o dos más».

Los familiares de Juana Josefa Goñi Sagardia se miraban emocionados porque era lo que llevaban tiempo esperando. Algunos 80 años, como Nati Zozaia, la sobrina, que no pudo estar con ellos por su delicado estado de salud. La historia familiar queda resuelta en parte, porque sigue sin explicarse por qué en el 1936, vecinos de Gaztelu tiraron a toda una familia a esta sima. A la madre, embarazada, y a seis de sus hijos.

En la sima, junto a miembros de Aranzadi y vecinos de Gaztelu, Donamaria y Legasa, estaban las sobrinas nietas de Juana Josefa, Maria Teresa y Nati Arizkorrieta, junto con su hija Jaione Iturrioz -su marido y su nieto-, y Rosa Mari Salanueva, la otra sobrina nieta.

En torno a las cinco, Paco Etxeberria subía a la superficie cargado con una gran saca con todos los restos hallados ayer. Había entrado al profundo agujero en torno a las nueve y media de la mañana junto con los tolosarras Asier Eizagirre y Tito Agirre. Durante toda la mañana y parte de la tarde permanecieron en su interior, en un espacio muy reducido, prácticamente tumbados, moviendo cada centímetro de tierra. «Los restos han aparecido en la vertical, mientras que el resto lo habían hecho a unos seis metros. La explicación nos la da la propia sima, porque menos la madre y uno de los hijos, el resto cayeron en una especie de rampa y rodaron por ella».

Hace un mes, cuando comenzaron los trabajos, miembros del grupo de espeleología Satorrak tuvieron que sacar mucho material de lo que se había convertido en un «vertedero premeditado», en palabras de algunos de los vecinos. Sacaron frigoríficos, 20 colchones, piedras, toda clase de basura...

Los miembros de Aranzadi habían seguido buscando en la sima todo el pasado fin de semana. La madre seguía sin aparecer y los familiares tenían el alma en vilo. Pero una parte de un cráneo dio la sorpresa. En un principio pensaban que era del hermano mayor, pero al compararlo con el otro cráneo que ya tenían se dieron cuenta de que tenía que pertenecer a Juana Josefa. Era el lóbulo occipital derecho y al del hijo mayor le faltaba el occipital izquierdo, por lo que tenía que ser de la madre. «Fue un momento duro. El pensar que ella no iba a estar aquí», explicaban los familiares.

Mientras Etxeberria mostraba algunos de los restos, la operación para que los otros dos miembros de Aranzadi subieran a la superficie seguía en marcha. Al poco tiempo salía Eizagirre y Agirre era el último. Los allí congregados les aplaudieron por el trabajo realizado junto a Rafa Zubiria, Lourdes Errasti y Sebas Lasa. También seguía de cerca todos los movimientos el escritor José Mari Esparza, que hace un año publicó 'La sima. ¿Qué fue de la familia Sagardia?, y los familiares. «No sabíamos que este era el lugar hasta que José Mari nos habló de él . La ama siempre hablaba de que los habían echado a un zulo», explicaban los familiares.

Sin restos del feto

Lourdes Errasti mostró parte de lo hallado. «Son los huesos de las caderas de todos, de menor a mayor: de Asunción, que tenía año y medio, José de tres, Martina de 6, Pedro Julián de 9, Antonio de 12 y Joaquín de 16. Y también los huesos de la cadera de Juana Josefa, de 38 años, de un fémur, de huesos de ambos brazos, del hombro y de la clavícula, y un hueso del brazo de Antonio, el hijo de 12 años. Además hemos encontrado tres suelas de caucho, de las alpargatas», explicaba. Etxeberria también indicaba que no habían hallado restos del feto, pero que habían recogido la tierra que se encontraba dentro de la pelvis de Juana Josefa para analizarla.

«La verdad es que llevo muy rara hoy todo el día, no sabría decirte cómo me siento», decía una de las familiares. Ahora tienen que esperar al informe técnico del laboratorio. «Para que también de forma oficial se tenga certeza, aunque en este caso, sólo confirmará lo que la familia ya sabía desde hace 80 años», añadía el forense Paco Etxeberria.

«Traeremos los restos a Gaztelu, su pueblo. Es donde tienen que estar. El ayuntamiento nos dijo que nos cedería un nicho y además, una vecina del pueblo nos dejó otro en su testamento», explicaba Jaione Iturrioz. «El por qué, siempre nos preguntaremos el por qué», «No hay una explicación para cometer algo así», repetían las sobrinas nietas.

«Va a ser difícil aclarar la causa de la muerte». «Aunque sólo sea por no dejarlos en el lugar donde fueron abandonados por sus asesinos», decía Etxeberria, «hay que hacerlo».

La Sociedad de Ciencias Aranzadi realiza esta búsqueda de los restos de la familia Sagardia Goñi dentro del programa de la Dirección de Paz y Convivencia del Gobierno de Navarra destinado a la localización de desaparecidos tras el golpe militar de 1936.

El pasado domingo halló parte de los dos de los siete cuerpos que faltaban por encontrar y ayer conseguían cerrar este capítulo, sacando a la superficie los restos que faltaban, para que Juana Josefa y sus seis hijos descansen al fin donde sus familiares deseen.

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