Diario Vasco

A falta de palomas, malvices

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Jon Petit espera la llegada de las aves migratorias junto a su perra Bat en las faldas de Jaizkibel. / LOBO ALTUNA

  • La veda general arranca en Gipuzkoa con «algo de movimiento» en el monte Jaizkibel

  • Miles fueron los aficionados a la caza que aprovecharon la jornada festiva para copar los puestos repartidos por todo el territorio

La jornada de ayer comenzó bien pronto para muchos guipuzcoanos. A las 6.15 horas, más de un centenar de aficionados a la caza aguardaban el sorteo de puestos en la sociedad del campo de tiro de San Telmo de Hondarribia. A esas horas en las que en el monte todo aún es oscuridad, empieza uno de los días más esperados para los cazadores: la apertura de la veda general. Y el sorteo es uno de los momentos más importantes del día. Un mal resultado puede truncar toda una jornada de caza y echar por tierra las expectativas generadas.

Al igual que en Hondarribia, la jornada festiva sirvió para que en la mayoría de localidades guipuzcoanas se sortearan los 4.000 puestos de los que es adjudicataria la federación. Las escopetas han esperado varios meses guardadas a la espera de que llegara la jornada de ayer.

Mientras Juan Ignacio Carton, presidente de Azeri, sirve cafés y cortados sin parar, junto a otros cuatro compañeros que tampoco dan a basto, los cazadores ya comienzan a hacer sus quinielas. «Hoy huele a malviz. Creo que el puesto que nos ha tocado está bastante bien pero ya veremos, esto no son matemáticas», explican un grupo de cazadores. El primer día de caza es el más esperado y esa sensación de nerviosismo e ilusión se palpan en el ambiente. «No esperábamos tanta gente, creo que no va a ser buen día para la paloma, porque nosotros necesitamos que el viento sea del sur», barrunta Carton.

Mientras comienza el desfile de los todoterrenos camino a los puestos de caza que les han tocado en suerte en Jaizkibel, Carton sigue sirviendo cafés. Él es el último en marcharse. «Los últimos años la pasa de la paloma se ha retrasado hasta noviembre». El presidente de Azeri reconoce que cada vez son más los cazadores del interior que se acercan hasta Jaizkibel. «Aquí suelen venir navarros porque últimamente las palomas y las malvices suelen volver y este es un buen sitio, no sabemos porqué ocurre. El año pasado vinieron de Valcarlos o Quinto Real, que antes eran sitios privilegiados. La tendencia ha cambiado», argumenta. Desde Azeri gestionan 194 puestos y el trabajo nunca termina: «Ahora iremos a pintar varios de ellos», explica antes de coger rumbo hacia el lugar elegido, junto a su compañero Ignacio Quiñones.

Los cazadores no comenzaron la mañana con demasiados ánimos. «Lo mejor que tenemos en este puesto son las vistas, por ahora ha pasado muy poco», reconocen los hermanos Sebastián y Blas Navarrete. El emplazamiento por lo menos no puede ser más bello. Cerca del Faro de Higer, junto al mar, en el cielo se divisan los colores rojizos del amanecer. A medida que la mañana empieza a desperezarse, el tono de los cazadores varía, y es que cada vez se escuchan más tiros en las campas de Jaizkibel. Señal de que al menos algunas aves migratorias están pasando. «Vienen muy altas por aquí, nos dicen que por la zona de Irun hay más movimiento», explican.

«Hablando con Dios»

En la campa de al lado, Jesús Iridoy y Patricio Díaz esperan con paciencia, pero la malviz vuela demasiado alta en el puesto que les ha tocado en suerte esta vez. «Ahí están hablando con Dios», bromean ambos sin perder el bueno humor.

Los vaticinios de las seis de la mañana comienzan a cumplirse. Poca es la paloma que sobrevuela la costa y la malviz va demasiado alta. «Bueno, algo es algo, por lo menos ya he cazado cinco», cuenta Jon Petit, que aguarda con paciencia junto a su fiel compañera Bat en una de las campas de Jaizkibel, cerca del merendero de Justiz.

Sin duda, este hondarribiarra es un gran amante de la caza. Buena prueba de ello es que el martes salió de trabajar a las doce de la noche y «me metí a la una a la cama. He dormido muy pocas horas porque había que levantarse para el sorteo», explica entusiasmado, mientras otea el horizonte en busca de la siguiente pieza que poder cazar. Petit también aprovecha la temporada de caza para cogerse unos días de vacaciones y disfrutar de una de sus pasiones. «Espero que en noviembre comience a pasar algo más de paloma».

A media mañana, el sonido de los disparos de las escopetas comienzan a ser más esporádico. Pero llega otro de los momentos más esperados de la jornada, el almuerzo. Koldo Apalategi, padre e hijo, sacan sus bocadillos de tortilla, mientras explican que la jornada de caza no les ha ido del todo mal. «Ahora, mientras comemos el bocadillo matamos el tiempo durante esta media hora, a la espera de que dentro de un rato puedan llegar más malvices», reconoce el padre.

Siguiendo la línea de los puestos de caza, casi al borde del mar, Patricio Carrión y Marcos Fernández recogen del suelo las vainas de los cartuchos que han disparado. «Los cazadores tenemos que mantener el monte limpio», inciden al unísono. «Hemos tirado a alguna paloma. Las hemos tenido cerquita pero se han escapado. Con mucho viento sur este puesto hubiera sido el mejor pero hoy no es el día», explican maldiciendo su suerte.

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