Diario Vasco

«No era una leyenda, tiraron a mi tía y a mis primos a la sima»

Nati Zozaia, en su vivienda de San Sebastián.
Nati Zozaia, en su vivienda de San Sebastián. / MICHELENA
  • Nati Zozaia, emocionada ante el descubrimiento de los restos de su familia, que pone fin al crimen ocurrido hace ochenta años en Gaztelu

Han tenido que pasar ochenta años para que Nati Zozaia pueda decir bien alto que «no era una leyenda, los tiraron a la sima, a todos, a mi tía, embarazada, y a mis seis primos, como nos lo había contado mi madre». El domingo se cerraba una página de la historia de este crimen, al confirmarse que parte de un cráneo localizado en la sima de Legarrea, en Gaztelu, era el de Juana Josefa, la madre de la familia Sagardia Goñi, siete de cuyos miembros fueron arrojados a la sima en 1936. A principios de septiembre ya se habían encontrado restos óseos de cuatro de los hijos, y el domingo se lograron también los del mayor, una pieza que también faltaba para terminar el puzzle. A 50 metros de profundidad, el grupo de arqueólogos y antropólogos forenses de Aranzadi, con Paco Etxeberria a la cabeza, siguen sacando restos de ella y de Joaquín (16 años), Antonio (12), Pedro Julián (9), Martina (6), José (3) y Asunción (año y medio). Faltan las pruebas de ADN, pero los especialistas parecen no tener dudas.

«Yo tenía cuatro años y he estado toda una vida esperando esto», cuenta Nati, a sus 84 años. «Estoy algo delicada y todo esto me ha impresionado mucho, estoy emocionada, y a la vez lo estoy pasando fatal. Ya no se puede hacer nada por ellos, ahora sólo quiero que acabe y que estemos toda la familia tranquila. Pero por otra parte siento algo de alegría o un no sé qué, porque nos decían que no podía ser, que los habían visto después en Francia... Pero todos lo sabían, sabían que los habían tirado a la sima porque participó todo el pueblo menos tres casas. Se impuso el silencio, pero yo lo tenía claro. No quiero ofender a nadie, pero yo he creído siempre la historia que nos había contado una y otra vez nuestra madre».

Gaztelu -unido a Donamaria hace unos años, con el que conforman un solo ayuntamiento- es un pequeño pueblo de la comarca de Malerreka, en el norte de Navarra. Apenas cuenta con 120 habitantes. «Para mí siempre será un pueblo maldito. Cada vez que durante todos estos años escuchaba ese nombre se me revolvía el estómago». Hace dos años se realizó junto a la entrada de la sima un homenaje en recuerdo a la familia Sagardia. Nati estuvo allí. «Se me acercó una señora de Gaztelu. Iba con bastón, sería de mi edad o incluso algo mayor. Me abrazó y no paraba de repetir, perdón, perdón... Le dijeron que no hacía falta, que no era necesario, que no era culpa suya... y sí, todo eso es cierto, pero yo se lo agradecí. Para mí fue algo importante. Es muy difícil de explicar», señala, de nuevo, emocionada. «Pienso que todos en Gaztelu, y en los pueblos de alrededor también están conmocionados con esta historia, que en muchas casas se conocía, pero no se terminaba de creer».

En el cementerio de Gaztelu el ayuntamiento va a ceder un nicho para enterrar los restos. «No sé si podré ir, porque estoy delicada, pero me ha dicho Joxe Mari Esparza -el escritor que publicó el año pasado el libro 'La sima, ¿qué fue de la familia Sagardia' (Txalaparta)- que si hace falta me lleva él en brazos».

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