Diario Vasco

«La infidelidad no es motivo en sí mismo para la nulidad»

  • Las principales razones atendidas por el tribunal eclesiástico son la incapacidad para asumir las obligaciones maritales y la simulación en el consentimiento

La reforma del Papa en los procesos de nulidad no cambia las razones que hasta ahora se aceptaban en un tribunal eclesiástico para que a un cónyuge le den la razón. «El fondo y los motivos son los mismos, lo que cambia es el procedimiento, aunque siempre hay matices», asegura José Ramón Aramendi, abogado donostiarra especializado en Derecho Canónico (en Gipuzkoa solo hay media docena autorizados por el obispado para los procesos de nulidades).

Las causas están fijadas en el código de Derecho Canónico y las más frecuentes son la incapacidad para asumir las obligaciones del matrimonio o la simulación en el consentimiento de los esponsales. Según explica Sebas Uría, vicario judicial de Gipuzkoa, entre los motivos de nulidad más habituales que pasan por el tribunal eclesiástico del territorio «es que el cónyuge al casarse no tenía la libertad suficiente para hacerlo, bien por presiones externas o bien por su situación psíquica. Entonces no estaba en condiciones de discernir, de sopesar lo que estaba haciendo y de hacerlo libremente».

Asimismo, Uría destaca que otro motivo recurrente en las nulidades que se dictan en Gipuzkoa es que «puede ocurrir que el cónyuge no tenga los recursos para ofrecer al otro el mínimo que tiene que ofrecerse. Aquí entran, por ejemplo, situaciones de enfermedades graves como esquizofrenias o paranoias, o trastornos psíquicos por ludopatía, alcoholismo, drogodependencia, trastorno de personalidad... En estos casos, normalmente suelen intervenir psiquiatras para realizar un informe».

«Por inmadurez»

El documento del Papa menciona explícitamente otros motivos de nulidad, como «la falta de fe que lleva a simular el consenso» en la boda, «la brevedad de la convivencia conyugal», «el aborto para impedir la procreación», «una relación extraconyugal en la época de la boda o inmediatamente sucesiva», así como el «ocultamiento de la esterilidad», de «una enfermedad contagiosa» o de «hijos nacidos de una relación anterior».

«Se trata de indicios y habrá que ver qué peso tienen. No existe una ecuación automática», recalca el vicario judicial de Gipuzkoa. «En el caso de la infidelidad, no es motivo en sí mismo de nulidad de matrimonio. Solo si el cónyuge se casa con la voluntad clara de no serle fiel a su pareja. Y no es fácil probar eso. Una prueba suele ser si una persona tiene un amante antes de casarse y continúa con él después de divorciarse. Por ello se puede deducir que ciertamente se casó con la voluntad de mantener el amante y no ser fiel», asegura Uría.

En opinión de Aramendi, «la mayoría de los casos son de índole psicológico, principalmente por temas de inmadurez. Se casa siendo inmaduro y sin una capaz de discernir lo que es el matrimonio».

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