Diario Vasco

Condenado un colegio de Donostia por el ciberacoso de una alumna de 13 años a su profesora

Fachada de la Audiencia Provincial de Gipuzkoa, donde se ha dictado la sentencia condenatoria.
Fachada de la Audiencia Provincial de Gipuzkoa, donde se ha dictado la sentencia condenatoria. / USOZ
  • El centro y el padre de la menor han sido sentenciados a indemnizar a la víctima con 24.000 euros

  • La estudiante escribió en su perfil comentarios vejatorios e insultos dirigidos a la docente que le causaron una «honda depresión»

El curso 2011-2012 fue una tortura, un calvario para esta profesora de lengua y literatura. Tanto que apenas pudo impartir clases. El acoso y la humillación de las que fue víctima a través de las redes sociales por algunos alumnos, especialmente de una menor de 13 años, le obligaron a permanecer de baja la mayor parte del ejercicio escolar. Los médicos le diagnosticaron un cuadro depresivo. Hoy, tras una andadura en los tribunales de cinco años, la docente ha recibido el amparo de la justicia. La Audiencia Provincial de Gipuzkoa ha condenado al padre de la menor acosadora y al colegio a indemnizarle con 24.000 euros por «los daños y perjuicios sufridos».

La sentencia arremete con dureza contra la dirección del centro y el progenitor de la menor. Los hechos se remontan a los inicios del curso escolar 2010-2011 y tuvieron como escenario el Colegio Inglés San Patricio de San Sebastián. La docente, que entonces tenía 30 años, había sido contratada un año antes para impartir clases de lengua castellana y literatura en los cursos de 4º de ESO y 1º de Bachillerato.

El primer año transcurrió por los cánones de normalidad, a excepción de un incidente ocurrido a la finalización del curso, en el auditorio, en el que la profesora se vio obligada a retirar el móvil a la alumna. Fue una situación resuelta con torpeza, ya que el entonces coordinador instó a la profesora a devolver el celular a la niña. La acción fue interpretada por ambas partes como una evidente desautorización hacia la profesora.

Aquel hecho pudo ser el desencadenante de lo que posteriormente llegó. En octubre de 2011, ya en el curso siguiente, con motivo de una conmemoración familiar, la profesora tuvo conocimiento a través de terceras personas de la existencia de alusiones directas hacia su persona en la red social Tuenti, y también hacia su novio, profesor en el mismo colegio. La menor implicada, la misma a la que le fue retirado el móvil, había subido en su perfil la foto de este último, a quien presentaba como su novio.

Pero aquello era solo la punta del iceberg. Posteriores averiguaciones realizadas dentro de la misma red social llevaron a descubrir en el perfil de la misma alumna y también en los de otros compañeros un alto número de comentarios salpicados de expresiones vejatorias, de menosprecio y plagados de insultos hacia la profesora y también dirigidas a otros cinco enseñantes más.

«Si antes te odiaba muchísimo, ahora te odio como nunca he odiado a alguien puta guarra», «tienes el culo más grande del mundo», «gilipollas», «asquerosa», «enana gorda», «masturbadora»... Son solo algunas de las expresiones dirigidas a la docente. También se incluían alusiones a su pareja sentimental.

La presión que la profesora sintió, la vejación de la que era víctima y la falta de una respuesta contundente de la dirección del centro le abocaron, según la sentencia, a una «honda depresión» que le llevó a permanecer de baja desde noviembre de 2011 hasta septiembre del año siguiente.

La gravedad de los hechos y el trastorno que los mensajes le habían generado le llevaron posteriormente a interponer una demanda contra el progenitor de la menor -la niña, dada su edad, era inimputable- y también contra el colegio, después de que fracasaran unas conversaciones previas encaminadas a solucionar el problema.

A la justicia

Ya en los tribunales, la demanda recayó en el Juzgado de Primera Instancia número 8 de Donostia, que desestimó la reclamación. La decisión, sin embargo, fue recurrida ante la Audiencia Provincial, que este año ha fallado en favor de la profesora.

La sentencia, que es firme desde el pasado mes de junio, constituye un varapalo para el centro y también para el progenitor de la menor. El tribunal de la Sección Tercera, presidido por la magistrada Yolanda Domeño, sostiene que «resulta acreditado», que el Colegio Inglés San Patricio «no actuó con la diligencia que le era exigible, (...) teniendo en cuenta que, en atención a la edad de la mencionada niña y de algunos de sus compañeros de curso, debió controlar y vigilar la actuación de los mismos tanto en clase como en el resto de las dependencias del centro».

La Sala afirma en este sentido que el colegio tenía que haber extremado las precauciones y adoptar las medidas precisas dirigidas, «no solo a controlar el uso de los medios y dispositivos técnicos» que los alumnos disponían, sino también a implantar las normas oportunas para evitar las situaciones de «indisciplina y de rebeldía» con respecto a sus docentes.

La Sección Tercera, en su valoración de los hechos, recuerda que el centro tuvo conocimiento de la actuación de sus alumnos y «de los problemas que estaban provocando», ya que la propia profesora y «otros profesionales» se lo habían hecho saber. Y recrimina que no adoptara ninguna solución, «salvo la de restar importancia a los acontecimientos que le eran narrados, lo que propició que el problema adquiriera dimensiones extremas».

En este sentido, afirma que solo se puso fin a la situación cuando esta era ya «insostenible», cuando la profesora causó baja por la depresión así como ante el impacto que produjo entre el profesorado y los padres el contenido de los mensajes y la alarma que en todos creó al conocerlos.

Entonces, el centro adoptó medidas dirigidas a corregir este comportamiento. Obligó a la alumna autora de los escritos a pedir disculpas a los profesores aludidos, así como a escribir una rectificación en las mismas redes sociales. Además, fue expulsada dos días y se le prohibió participar en dos viajes. Asimismo, se implantó una normativa de uso de los dispositivos móviles.

Comentarios ofensivos

La Audiencia, que califica los comentarios dirigidos a la víctima de «terriblemente duros, insultantes y ofensivos», sostiene que el director del colegio no adoptó ninguna medida para atajar la situación y «frenar la deriva de los hechos». Considera por ello que la «honda depresión» que sufrió la profesora «tuvo su razón de ser también en la falta de diligencia de la dirección del Colegio Inglés San Patricio, por lo que este habrá de asumir las consecuencias que de ello se han derivado».

La Audiencia, asimismo, censura al padre de la menor, de quien afirma «actuó igualmente sin la diligencia que de él era exigible en el adecuado control de su hija».

Por todo ello, el tribunal afirma que tanto la dirección del centro como el padre «han de responder» de las consecuencias derivadas de la actuación de la menor». De esta forma, la Sección Tercera condena solidariamente al padre y al colegio a indemnizar con 24.000 euros «en concepto de indemnización por todos los daños y perjuicios sufridos», por la profesora.

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