Diario Vasco

Deficiencias en la planta de compostaje de Epele agravan la crisis de los residuos

La planta de compostaje de Epele, en el barrio Angiozar de Bergara, lleva más de un año construida pero sin poder funcionar por deficiencias técnicas.
La planta de compostaje de Epele, en el barrio Angiozar de Bergara, lleva más de un año construida pero sin poder funcionar por deficiencias técnicas. / FÉLIX MORQUECHO
  • GHK revela «innumerables problemas técnicos» que impiden su puesta en servicio

  • El Consorcio atribuye los defectos, que motivarán un retraso de dos años para su inauguración, a la obra adjudicada durante la anterior legislatura

La gestión de residuos sigue abonada a la contrariedad en Gipuzkoa. Parecía que la problemática giraba en torno al tratamiento de la fracción resto: reticencias por la construcción de la incineradora, acusaciones por la paralización y posterior incapacidad de construir infraestructuras, medidas impopulares como llevar la basura a Meruelo (Cantabria)... Y la última: acondicionar el vertedero de Mutiloa para acoger residuos urbanos. Hasta el diputado general, Markel Olano, dijo ayer que la decisión «no es agradable», pero que se enmarca dentro de la dinámica de «buscar soluciones». Es decir, que hay un problema.

Había, al menos, un frente donde parecía que el territorio había encauzado una salida. Por el nivel de consenso y por la habilitación de infraestructuras, el tratamiento del biorresiduo se antojaba como el consuelo al polémico desbarajuste basuril de Gipuzkoa. Todos estaban de acuerdo con las virtudes del compostaje y el anterior Gobierno foral presidido por EH Bildu cerró su etapa de gestión inaugurando una planta en Epele, en el barrio Angiozar de Bergara, que, si bien estaba a falta de los últimos remates, podría entrar en funcionamiento en mes y medio. Lo dijeron los responsables de Gipuzkoako Hondakinen Kontsortzioa (GHK) el 24 de agosto de 2015.

El 10 de diciembre del mismo año, el diputado foral de Medio Ambiente, el socialista José Ignacio Asensio, comprobó «el correcto funcionamiento y buen estado de la instalación», todavía en fase de acabados y pruebas, y adelantó que «si no hay imprevistos de última hora», se inauguraría en el primer trimestre de 2016, un año más tarde de lo inicialmente previsto.

Hoy la infraestructura sigue sin arrancar, lo que equivale a decir que la basura orgánica del territorio sigue viajando diariamente a Funes, Caparroso e Itsaso. GHK, dirigida ahora por PNV y PSE, ha revelado que «desde finales del año pasado, desde que se iniciaron las pruebas en la planta, han sido innumerables los problemas técnicos que han impedido su puesta en servicio con normalidad». Cita «deficiencias» cuya responsabilidad atribuye tanto a la ingeniería como al tecnólogo «elegidos por la anterior dirección de GHK».

Pregunta parlamentaria

El retraso ha rescatado el clásico rifirrafe entre EH Bildu y el Gobierno bipartito. La coalición abertzale lanzó al Ejecutivo varias preguntas sobre Epele en Juntas Generales en octubre de 2015, «visto que el señor diputado de Medio Ambiente no dio a esa instalación el impulso y la importancia que necesitaba». Censuró que rehuyera responder las cuestiones y se limitara a comunicar que la planta se abriría en el primer semestre de 2016, una vez terminaran los trabajos para «lograr un modelo de gestión inmejorable».

Ante la tardanza, hace un mes, volvió a preguntar. Y la respuesta ha sido contundente. Siete páginas de exhaustivo informe técnico para concluir que la UTE adjudicataria durante la pasada legislatura -la primera piedra simbólica se colocó el 14 de marzo de 2014- realizó una obra que ha manifestado «incidencias» que hacen inviable el buen rendimiento de la infraestructura.

El documento cita, por ejemplo, que «la electroválvula de irrigación del túnel 1 estaba averiada», que «la transmisión de las sondas de temperatura se veía interrumpida por problemas eléctricos», que había «problemas con el sistema de riego en automático, tanto del agua limpia como de la sucia», o que «los ventiladores de la zona de maduración no funcionaban».

GHK exigió la presencia del tecnólogo y tras solventar algunas deficiencias, el 24 de febrero de este año se realizó la recepción provisional de la planta, a partir de la cual la UTE está solucionando las incidencias que van surgiendo. Desde mayo la planta opera en periodo de pruebas al 50% de su rendimiento, y hasta no haber obtenido las primeras producciones de compost, a finales de junio, no se han podido realizar los análisis para iniciar los trámites que requiere la autorización de productor de fertilizante. Concluye la respuesta que «a día de hoy todavía quedan problemas técnicos por resolver y además no se puede iniciar la comercialización del producto por no disponer el registro de productor de fertilizante», permiso que GHK prevé obtener entre enero y febrero de 2017.

La idea original era comenzar a producir compost a partir de la basura orgánica en enero de 2015 para paliar la falta absoluta de infraestructuras donde tratar los residuos del territorio. La demora impide una solución cualitativamente muy valorada por todas las partes y penaliza el aprovechamiento de unas cifras cuantitativamente notables. La planta costó 5,9 millones de euros, podría albergar unas 10.000 o 12.000 toneladas de biorresiduos y convertirlas en unas 4.500 toneladas de compost.

Actualmente, solo 2.500 toneladas de basura orgánica de las 36.000 que se obtienen de manera selectiva tienen destino en Gipuzkoa, en la planta de Lapatx (Azpeitia). El resto se exporta a Funes, Caparroso e Itsaso, con un gasto, solo en el transporte, de 670.000 euros al año.

La solución a la vertiente del problema que más asequible parecía, la del biorresiduo, pasará en el futuro, tal y como pretende el actual Gobierno foral, por dirigir ese tercio de la basura orgánica a Epele y tratar los otros dos tercios en la planta de biometanización que se instalará en el Complejo Medioambiental de Gipuzkoa cuando se construya la segunda fase. Desde GHK se ha requerido a la UTE adjudicataria de la obra de Epele y a su dirección facultativa para que «subsanasen definitivamente y a la mayor urgencia» todas las deficiencias, «no descartando realizar acciones que legalmente en derecho nos corresponda».

En cuanto a la futura gestión de la planta de compostaje -otra de las inquietudes manifestadas por EH Bildu en sus preguntas-, fuentes forales señalan que no descartan una gestión directa, ni adjudicar a un tercero esa labor de mantenimiento y explotación.

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