Diario Vasco

Más información sobre ayudas y un diagnóstico precoz de las viviendas

  • La asociación de mayores Nagusilan reclama medidas para facilitar a las personas mayores el acceso a sus derechos sociales

«Llegas a una edad en la que tienes que pensar que un día puedes ir a una residencia porque en casa no siempre te podrán cuidar. Depende de cada persona», asume Eugenia Blázquez, voluntaria desde hace casi diez años en Nagusilan, la asociación guipuzcoana de personas mayores, compuesta por más de mil voluntarios. Eugenia cuidó de su marido, que falleció hace varios años por un cáncer de esófago. Estuvo hasta sus últimos días atendido en casa, con cuidados paliativos en el domicilio.

La dureza de aquella experiencia le marcó hasta el punto de que ha influido en su idea de cómo quiere ser cuidada ella en el futuro. «Ninguno queremos ser una carga para los hijos. Mantenernos el máximo de tiempo en nuestra casa, en nuestro entorno, es nuestro mayor deseo. Y eso depende de cómo esté la persona. Cuando se necesita el recurso a una residencia, yo percibo que cada vez se atiende con más cariño en general», aprecia desde su experiencia como voluntaria que acude varias veces por semana a centros, con la misión de acompañar en esas largas horas de estancia, a veces en soledad, a muchos usuarios.

Palabras como autonomía o respeto están escritas en el ADN de la entidad. «Y eso tiene que ver con que no haya malos tratos o que no utilicen de forma generalizada las sujeciones para mantener atados a los ancianos en las residencias», apunta José Luis Elosua, presidente de la asociación. «La presión» que sigue haciendo esta entidad para inculcar la cultura del buen trato a los mayores ha caminado de la mano del esfuerzo que han hecho la mayoría de residencias para adaptarse a esas buenas prácticas, como no atar a los pacientes a las camas, una costumbre erradicada que ha ayudado a eliminar prejuicios.

Desde Nagusilan pelean ahora por que «los horarios de los centros sean menos rígidos, que se adapten a las personas», reclama, incansable, Elosua. «No todos los usuarios tienen que desayunar a las ocho de la mañana o meterse a la cama a la misma hora. Se han hecho varias experiencias piloto para personalizar esa atención y funciona. Las reticencias de los centros suelen venir porque piensan que este cambio de funcionamiento les va a costar más dinero, pero no es así. Es una cuestión de formación y de adaptación».

El formato residencial también ha tenido que adaptarse a un cambio en el perfil de la persona mayor, lo que dificulta esa transformación hacia una mayor flexibilidad. «Cada vez se ingresa más tarde, lo que significa que las personas llegan con mayor deterioro físico y mental, prácticamente en la última fase de sus vidas», otro desafío en la atención sociosanitaria de los centros.

Desconocimiento

Elosúa, que ha participado en la encuesta realizada por Matía, dice que el debate sobre cómo tienen que ser los cuidados a las personas mayores ocupa buena parte de las horas de trabajo de la asociación. Al igual que revela el estudio, también observa un cambio en la mentalidad de muchos mayores, más familiarizados que hace unos años con los cuidados externos, como contratar a un asistente personal o contar con un apoyo del servicio de ayuda a domiclio, aunque persiste un problema de fondo: «Muchas personas mayores no conocen las ayudas que existen. El desconocimiento de sus derechos es aún un problema bastante extendido, un obstáculo que suma al hecho de que nos cuesta mucho reconocer una necesidad. Las instituciones deberían detallar con mayor fluidez ese católogo de ayudas y facilitar su acceso», reivindica Elosúa.

El objetivo de que las personas permanezcan el mayor tiempo posible en sus domicilios requiere de un punto de partida muy obvio, pero no siempre sencillo: que la vivienda reúna las condiciones. Nagusilan sigue en pie de guerra para que las instituciones hagan un diagnóstico precoz del estado de la vivienda, antes de que exista una situación de dependencia, lo que permitiría localizar qué problemas hay que resolver (un plato de ducha, un salvaescaleras...). En la estrategia vasca para el envejecimiento activo, el Gobierno Vasco asume el compromiso de convertir el domicilio privado «en asunto público».

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