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Los niños pudieron acercarse a la mesa de experimentos.

Ciencia que parece magia

  • El Victoria Eugenia se convirtió ayer en un laboratorio donde cientos de niños disfrutaron aprendiendo

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«No es magia, es ciencia», les decía la química Eider San Sebastián a los niños, mientras les enseñaba «materiales increíbles desde el punto de vista de la química». La Sala Club del teatro Victoria Eugenia se convirtió ayer en un auténtico laboratorio donde lo más pequeños - y los no tan pequeños - pudieron disfrutar de una mañana llena de experimentos, gracias a dos actividades enmarcadas en el festival Passion for Knowledge.

La cuentacuentos Ana Galarraga fue la primera que acaparó la atención de los más intrépidos de entre cuatro y ocho años. En la sala no cabía nadie más. Una vez alcanzados los cien asistentes las puertas se cerraron. Así, Galarraga contó a niños y padres las aventuras de la vida de Marikalanbre en el laboratorio, que completó con la historia del estadounidense Alan Shepard, el primer astronauta en volar al espacio.

La cuentacuentos fue intercalando divertidos experimentos en su historia, que causaron mucha expectación entre el público. Lide, de seis años, no quitó ojo a la mesa de experimentos ni un segundo. Comentó que lo que más le había gustado era ver cómo Galarraga daba la vuelta a una botella llena de agua, cuya boquilla estaba tapada por una red sin que el agua se cayese. «Ha metido un palillo por la red y aun así el agua no se ha caído», explicó.

La actividad gustó mucho. También entre los adultos, aunque los expertos fueron los niños como June, de nueve años, que ya se conocía algunos experimentos porque había leído con anterioridad historias de Marikalanbre. «La idea es que luego ellos los prueben en casa», aseguró Galarraga. Si por esta comunicadora científica de Elhuyar Fundazioa fuera, estaría siempre haciendo este tipo de espectáculos. Las historietas de Marikalanbre dieron paso al siguiente espectáculo, 'Zientzia pintxoak', que también llenó el auditorio con más de cien asistentes.

Cuatro pintxos de ciencia

La ponencia de cuatro científicos de diferentes disciplinas sembró la duda sobre si lo que hacían era, en realidad, magia o ciencia. El físico Aitor Bergara lanzó al público una pregunta que recibió una respuesta unánime: todos tenían pasión por el conocimiento. A través de distintos experimentos enseñó al auditorio en qué consiste la levitación y cómo dos imanes que se atraen también pueden repelerse.

Cuando alguna de las demostraciones se hizo de rogar -no todos los experimentos salen a la primera-, la expectación y el nerviosismo por parte del auditorio se hizo evidente. Eso sí, como era de esperar, acabó saliendo bien y cientos de aplausos ensordecedores relajaron el ambiente. A medida que el espectáculo avanzaba los niños empezaron a acercarse a los ponentes hasta estar a pocos centímetros de ellos. Al genetista Koldo García le dejaron casi sin espacio.

El químico Jon Mattin fue el encargado de poner fin a una mañana de lo más entretenida, y enseñó que el fuego puede tener diferentes colores. Entre el público estaba su hijo, que lo escuchaba entusiasmado y rogaba a su aita que lo sacase como voluntario. Los adultos no pudieron ocultar su satisfacción con ambas actividades. Carmen y Julio asistieron con su pequeño, Oier, para que fuese introduciéndose en el apasionante mundo de la ciencia, aunque confesaron que ellos también disfrutaron como niños.

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