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Emma Eizaguirre, Arrate Querejeta y Aitziber Gil-Negrete, en el Hospital Universitario Donostia.
Emma Eizaguirre, Arrate Querejeta y Aitziber Gil-Negrete, en el Hospital Universitario Donostia. / LUSA

Los equipos que combaten la enfermedad oncológica

  • El comité de tumores gastroesofágicos del Hospital de Donostia ha organizado un novedoso congreso que reúne en Donostia a expertos de distintas disciplinas

Todos los viernes, a las 8.15 horas, arranca la sesión semanal del comité de tumores gastroesofágicos del Hospital Universitario Donostia. En una sala se reúnen todos los especialistas implicados en el diagnóstico y tratamiento de este tipo de cáncer: el cirujano gastroesofágico, el especialista de digestivo, el patólogo, el radiólogo, el oncólogo médico y el radioterapeuta. Analizan los casos nuevos, ven la evolución de otros y, entre todos, deciden qué es lo mejor para cada paciente. De esas reuniones sale la 'hoja de ruta' individualizada para cada caso. Porque aunque luego cada uno atienda al enfermo desde una consulta distinta, le extirpe el tumor, le dé 'quimio' o 'radio', «todos vamos a una». Estos comités son el equipo que realiza la planificación integral del tratamiento oncológico, el equipo detrás de cada enfermo de cáncer.

Los comités de tumores llevan más de quince años funcionando en el centro guipuzcoano, y con el tiempo se han ido subespecializando. Solo en patología digestiva hay un comité de hepatobiliar que se reúne los martes, el colorrectal de los jueves y el gastroesofágico de los viernes, creado hace una década. Hay comités casi por cada cáncer: de pulmón, urológicos, otorrino, mama, ginecológicos, melanoma...

Aitziber Gil-Negrete Laborda es oncóloga médica, y como experta en quimioterapia, contribuye con su visión en el comité de tumores gastroesofágicos de los viernes. «Al final, el del cáncer es un tratamiento multidisciplinar, y cada uno aporta su punto de vista. La relación es muy buena, se aprende mucho y la idea es marcar un plan de acción acordado entre todos», explica. La oncóloga radioterápica Arrate Querejeta y la especialista en cirugía general y del aparato digestivo Emma Eizaguirre también son miembros de este comité del que ha salido otra especie de comité a lo grande: el Congreso Nacional de Tumores Gastroesofágicos, que reúne a partir de mañana a más de un centenar de expertos en Donostia.

Hace ahora un año se les ocurrió hacer un encuentro científico que incluyera distintas especialidades, algo «bastante novedoso», subraya Eizaguirre. Porque, habitualmente, en los congresos a los que acude solo hay cirujanos. Y en los de los oncólogos, solo oncólogos. Una suerte de compartimentos estanco cuyos muros han derribado en este congreso, en el que abordarán desde el diagnóstico hasta el tratamiento final de ese cáncer desde distintos enfoques. Las ponencias son, obviamente, para médicos, pero el congreso pone de relieve el papel que juegan esos comités que realizan un 'trabajo de cocina' no del todo conocido por algunos ciudadanos.

Cirugía y quimio o al revés

En estas reuniones, el médico que ha visto en consulta al paciente presenta el caso. Generalmente suele llevar trazado el plan con los pasos a seguir, pero entre todos repasan la historia clínica y analizan las pruebas realizadas, como biopsia, escáner, PET... A veces la información disponible es suficiente, pero en otros casos «quizás se decide que hay que hacer alguna otra prueba complementaria», explica Querejeta. El objetivo es perfilar el tratamiento oncológico, qué se hace y en qué orden. «Porque a veces un caso necesita primero cirugía, y después quimioterapia y radioterapia. Otras veces, solo cirugía. O primero quimioterapia y radioterapia y después cirugía... Depende de cada paciente». Hay que decidir la secuencia, y es en estos comités donde se consensúan estos aspectos, a partir del conocimiento y la experiencia de sus integrantes.

Todos estos procesos están protocolizados, «pero aquí se individualiza cada caso». Se intenta seguir esa guía adaptándola a cada enfermo. «Todo se decide caso por caso», subrayan las tres médicos. Porque, como recuerda Querejeta, en algunas ocasiones hay pacientes con enfermedades previas que dificultan realizar un tratamiento. «Puedes tener estandarizado que un cáncer de esófago se trata de una manera, pero luego igual un paciente tiene otras complicaciones que hacen que no sea posible que reciba quimioterapia y tienes que ir modificando el plan», añade la oncóloga radioterápica.

Además de casos nuevos, estos comités abordan también la situación de pacientes que están en tratamiento oncológico. «Por ejemplo, en cirugía vamos a quitar un tumor X, pero luego en el quirófano a veces puede surgir alguna sorpresa. Independientemente del caso, cuando se quita un tumor lo analizan los patólogos y nos dicen el grado de invasión. Entonces se hace una puesta en común y se decide si dar radioterapia, por ejemplo; o si tras la cirugía ha habido complicaciones se aborda la idoneidad de tal o cual tratamiento».

Encima de la mesa de estos comités se ponen muchos aspectos, desde dudas en torno a una imagen de escáner hasta los referidos a los síntomas de un paciente concreto. También comentan casos de enfermos que no pueden ser operados, «pero a veces sí se puede plantear una cirugía para que puedan comer, o una intervención paliativa... Al plantear estas cuestiones puede saltar alguna duda que un cirujano o un radioterapeuta pueden aclarar mejor, y para esto están también estos comités», señala la oncóloga médica Gil-Negrete.

Cada especialista aporta su punto de vista ante la enfermedad. «Te vas actualizando y aprendes mucho de las aportaciones del resto», destacan, a la vez que subrayan la «buena relación» existente en este comité, que también les permite «aprender de la voz de la experiencia de médicos con amplias trayectorias».

Algunas casos se analizan en 5 minutos, para otros tardan 35. «Pero se llega a un acuerdo» y salen de la sala de reuniones con una decisión colegiada. De media, estudian unos siete historiales a la semana. Y en ocasiones, lamentan que el diagnóstico no haya sido más precoz. Porque cuanto más tarde se detecta la enfermedad, más difícil es combatirla. En general, todos los pronósticos han mejorado. Pero cuanto antes, mejor. Por ello insisten en que se acuda al médico de cabecera cuando persisten algunos síntomas, como problemas para tragar, pérdida excesiva de peso sin causa justificada o digestiones malas o problemas de acidez anteriormente inexistentes.