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Juan Mari Olaetxea, junto a la parroquia de San Ignacio de Gros. / LOBO ALTUNA

Juan Mari Olaetxea: «La Iglesia tiene que ser cercana y no una institución solamente de culto»

  • Juan Mari Olaetxea, nuevo vicario general de la diócesis de gipuzkoa, «Hace 40 años había 800 jóvenes en el Seminario de Donostia y ahora hay 8 por la crisis vocacional»

Un retrato del papa Francisco y otro del obispo Munilla presiden la estancia en su despacho de la sexta planta del edificio del Obispado, en San Sebastián. Echa de menos el contacto con la gente de su tiempos de párroco en Lazkao, en donde estuvo 26 años, y que ahora no encuentra cuando sale a la calle en Donostia. Juan Mari Olaetxea (Lizartza, 1949) es desde la semana pasada vicario general de la Diócesis de Gipuzkoa. Algo así como el 'número 2' de la Iglesia en el territorio, a quien le va tocar lidiar con las «sensibilidades críticas» y las «tiranteces» que existen en el seno de la Diócesis.

- Entre sus nuevas tareas se encuentra la de «aconsejar mejor y de forma más enriquecedora al obispo». ¿Qué le aconsejaría a José Ignacio Munilla?

- Que sea obispo para el pueblo de Gipuzkoa y que viva cuanto más cerca posible del pueblo y de la realidad concreta.

- ¿Cuáles serán sus tareas?

- Como vicario general se me ha encomendado una serie de campos, como la atención del clero. En estos momentos en Gipuzkoa somos 235 sacerdotes. Mucho son mayores y necesitan un cuidado y atención. La Iglesia o es misionera o no es Iglesia. Tenemos que salir de nuestra propia comodidad y, como dice el papa Francisco, ir a las periferias del mundo y vivir el testimonio en las tres dimensiones de la vida: evangelización, ayuda sociocaritativa y la liturgia.

- ¿Cuál es la situación actual de la Iglesia de Gipuzkoa?

- La Iglesia está inserta en una sociedad. Hay quien se atreve a decir que estamos viviendo un momento de confusión y de inseguridades. Es un momento de profundos cambios, de un cambio de paradigma social. Y en ese contexto cultural y social de inseguridad y confusión es muy lógico que la Iglesia esté afectada por ese virus. En Gipuzkoa, el descenso de la asistencia a la Iglesia está siendo muy notable y se ve que cada vez más gente está dejando de acudir. Por otra parte, están surgiendo en la Iglesia unos grupos de personas y movimientos con planteamientos profundamente religiosos, eso desde el punto de vista religioso. Desde el punto de vista doctrinal, la Iglesia cuenta en estos momentos con una enorme riqueza.

-¿Y cómo le gustaría que fuera la Iglesia de Gipuzkoa?

- Tenemos un marco programático elaborado en 1999 'Una Iglesia al servicio del Evangelio', donde dice que la Iglesia se tiene que alimentar espiritualmente y ser cercana, acogedora, comprensiva, misericordiosa... Yo quisiera que fuera eso y no una institución de solamente culto, sino un verdadero testimonio de los valores del evangelio: el amor, el perdón, la misericordia...

- Durante el obispado de Munilla se han pronunciado distintas corrientes críticas en el seno de la Iglesia de Gipuzkoa que reflejan cierta división. ¿Cuál es la situación actual?

- Nunca me he atrevido a hablar de división. Hay distintas sensibilidades. Sí es verdad que desde la llegada de Munilla ha habido más voces críticas. Pero yo llevo 43 años de cura y siempre he conocido voces críticas hacia la jerarquía y la Iglesia oficial. No hay motivos para hablar de división. Debe seguir habiendo distintas sensibilidades en el seno de la iglesia. Y cuando hay distintas sensibilidades a veces se originan debates y cierta tirantez. No voy a negar que eso no exista, pero yo soy sacerdote de Gipuzkoa y en estos momentos no hay un solo cura que me mire con cierta sospecha. Y tengo relación con todos los curas de la diócesis.

- Y cuando los críticos denuncian que la Diócesis no sigue el modelo que quiere impulsar el papa Francisco. ¿A qué se refieren?

- Es lo que yo no entiendo. ¿Quién dice que la Iglesia no está abierta a las directrices del Papa? En este momento no solo no hay ese alejamiento de Roma, como se ha dicho en alguna crítica, sino todo lo contrario. Los vicarios y el mismo obispo decimos que el papa Francisco es una bendición. Porque en medio de esa confusión, nos ha traído esa imagen de cercanía y sensibilidad para con los más necesitados.

- ¿Cree que la figura de Francisco va a contribuir a la apertura de la Iglesia y a que más gente se acerque a ella?

- Se percibe a nivel social que el papa Francisco es reconocido y se le tiene cariño. Creo que puede contribuir a ello.

-¿Y cómo hacer que la iglesia sea más atractiva?

- Para que la Iglesia sea más atractiva, tiene que ser más Iglesia. Tiene que reactualizar la experiencia primaria de las comunidades primitivas. Es la experiencia de una fe personalizada. Cuando uno vive de lleno eso, contagia. Yo puedo hablar de Dios, de la paz, del evangelio... pero si no lo vivo, no contagio ni transmito. Es en balde. La Iglesia tiene que ser más acogedora, saber perdonar, estar cerca del necesitado, acercarse al primero que viene pidiendo ayuda...

- También hay crisis de vocaciones, ¿a qué se debe?

- No se puede negar que es visible la crisis vocacional en la Iglesia, tanto para la vida sacerdotal, religiosa y matrimonial. Cuando yo era seminarista, me ordené en 1973, el seminario de Donostia, que tiene capacidad para más de 800 seminaristas, estaba a tope. En este momento tenemos 8 seminaristas. En cuestión de 40 años ha bajado de 800 a 8. El contexto cultural que vivimos no favorece las vocaciones.

- ¿Los seminaristas se preparan en Donostia o en Pamplona?

- En tiempos de Juan Mari Uriarte, se decidió que los seminaristas, que eran muy pocos y con ellos no se podía mantener el seminario, se formaran en Vitoria. A los tres o cuatro años el seminario de Vitoria también se quedó sin seminaristas. Ahora, con Munilla, los nuestros acuden a formarse a Pamplona y el fin de semana regresan al seminario. En Pamplona, aparte de los seminaristas de la Diócesis de Pamplona, están acogidos los seminaristas del Movimiento Neocatecumenal, los 'kikos', y entre todos hacen unos 50, un grupo numeroso para mantener un claustro de profesores.

- ¿Qué opina de la crisis de los refugiados?

- La Iglesia es caritativa o no es Iglesia. Tiene que tener en cuenta sobre todo a los que más sufren. No podemos cerrar los ojos a esa realidad conflictiva que vive en estos momentos el pueblo de Siria o de Irak. La postura de la Iglesia es la de ayudar. Nuestra mirada está dirigida a tantos cristianos y musulmanes que padecen los sufrimientos de la guerra en Siria e Irak. Si le cerramos las puertas al refugiado, le cerramos las puertas al Evangelio.

- Usted pasó 26 años de sacerdote en Lazkao. ¿Qué recuerdo guarda?

- Más que recuerdos, tengo un sentimiento de vacío que siento aquí, en esta oficina. Porque aquí no vivo en contacto con el pueblo y eso es lo que echo en falta. En Lazkao, salía de casa a la calle y saludaba a todos el mundo... No me termino de acostumbrar a la ciudad.