Diario Vasco

Condenada a 30 años la banda que atracaba bancos en Gipuzkoa durante los permisos carcelarios

Los atracadores condenados utilizaban máscaras para cometer los delitos.
Los atracadores condenados utilizaban máscaras para cometer los delitos.
  • Dos de los autores se encontraban recluidos en la prisión de El Dueso, desde donde se desplazaban a Gipuzkoa

Integraban una banda que durante meses mantuvo en jaque a la Policía. Entre mayo y agosto de 2014 cometieron tres atracos a bancos en Gipuzkoa y lo intentaron en un cuarto. Este último golpe no les salió bien. El grupo estaba integrado por tres individuos. Todos han sido condenados ahora a penas que suman treinta años de cárcel. La mayor de las penas ha recaído en uno de ellos, al que el Juzgado de lo Penal número 3 de Donostia, ha impuesto trece años y cinco meses de prisión. Dos de los acusados ya habían sido sentenciados recientemente como autores de otro robo con intimidación.

Dos de los condenados cometieron los robos cuando eran reclusos en la prisión cántabra de El Dueso y disfrutaban de permisos carcelarios. En sus operaciones utilizaban caretas de látex. Dos de ellos poseen «numerosos antecedentes» penales y el tercero ya fue condenado en dos ocasiones en Madrid por hechos similares.

El primero de los atracos se cometió en mayo de 2014, en el barrio donostiarra de Amara. Mientras uno de ellos vigilaba desde el exterior, los otros dos, con máscaras de color carne y una escopeta de cañones recortados, irrumpieron en una entidad de Caja Laboral y se dirigieron a uno de los empleados. «Dame el dinero o te pego un tiro» le dijeron.

Los ladrones se apoderaron de 7.040 euros y abandonaron la sucursal no sin antes advertir a los presentes que no llamaran a nadie hasta transcurridos cinco minutos.

Dos meses más tarde, el día 18 de julio, la banda asaltó otra oficina, de la misma entidad financiera. La localidad elegida fue Pasaia. Al igual que en el caso anterior, actuaron con sus caras ocultas con caretas y dos armas cortas. Uno de ellos se quedó vigilando en el exterior y los otros accedieron al interior.

«Sentimiento de miedo»

Ya dentro, uno de los atracadores encañonó con una pistola a un empleado, en tanto que el otro se quedó junto a la puerta dejando ver la culata de la pistola que llevaba en la cintura. Finalmente, «por un sentimiento de miedo de lo que pudiera pasar», se indica en la sentencia, la empleada accedió a las exigencias de los atracadores y extrajo del dispensador un total de 6.000 euros que entregó al encapuchado. Con el botín, al que añadieron 133 euros que cogieron de un cajetín de monedas, los autores del asalto se dieron a la fuga.

La banda planificó el siguiente golpe en Orio. Con este propósito, sus integrantes viajaron el 1 de agosto de 2014 a la localidad costera. El objetivo era un banco situado en una céntrica calle. Esta vez nada salió según lo previsto.

Los empleados fueron informados de la presencia de unas personas enmascaradas y en actitud sospechosa en las inmediaciones de la entidad.

De esta manera, los trabajadores pudieron ver a un varón que mostraba gran nerviosismo y que golpeaba la puerta de la entrada, que no podía abrir debido a que su sistema de cierre estaba estropeado. Transcurridos unos minutos, vieron a otro individuo que llevaba una careta de látex que le cubría la totalidad del rostro y que se aproximaba a la puerta con la intención de abrirla.

Ante esta situación, los trabajadores cerraron la oficina, por lo que los asaltantes no tuvieron más opción que emprender la huida de forma apresurada.

Tras abandonar Orio, los acusados se dirigieron a Villabona, con la finalidad de cometer otro atraco. A las 13.00 horas, dos de ellos penetraron en una sucursal del Banco Santander y con las mismas máscaras y dos armas exigieron la apertura del cajero automático y el dispensador del dinero. Esta vez, los ladrones se hicieron con un suculento botín, 29.900 euros. Con esta cantidad en su poder, emprendieron la huida.

La resolución judicial detalla que para «concertarse y planificar» los golpes, los tres acusados utilizaban un trastero que pertenecía a los padres de uno de los acusados, si bien estos desconocían que se estuviera utilizando con fines ilícitos. Se trataba de un trastero en el que los atracadores guardaban efectos y útiles relacionados con su actividad, tales como dos armas de fuego, las caretas, munición y otros objetos. También se hallaron 11.870 euros que procedían del dinero robado en el atraco de Villabona.

No era un grupo criminal

La Fiscalía sostuvo durante el juicio que los acusados crearon una «estructura ilícita» destinada a la «planificación y ejecución sistemática» de atracos a sucursales bancarias del territorio. Argumentó que conformaban una estructura criminal con «vocación de permanencia». En este sentido, dijo que existía un reparto de funciones bien determinado entre los integrantes del grupo y por ello les imputó un delito de pertenencia a organización criminal.

Sin embargo, el Juzgado de lo Penal número 3 de Donostia, en una resolución firmada por la magistrada Carmen Zubimendi, considera que solo se ha podido acreditar que los acusados actuaron de manera concertada y fundamenta que, si bien los golpes que ejecutaron exigían «una puesta en común de los propósitos», una «preparación y planificación conjunta» y una distribución de funciones» no queda acreditado «de modo suficiente» que «exista un genuino grupo criminal», de manera que desestima la pretensión de la Fiscalía.

La juez impone a uno de los acusados 7 años y 6 meses de cárcel, a otro 13 años y 5 meses y al último 9 años y 10 meses. La sentencia no es firme y puede ser recurrida ante la Audiencia Provincial de Gipuzkoa.