Diario Vasco

Los refranes de mi abuela

  • Residentes de un gerontológico en Donostia han colaborado en la publicación de un libro de dichos aprendidos de sus antepasados

«¡Sal Miguel! ¡Venga, cuéntalo!», le animaban sus compañeros. Fue el responsable de romper el hielo y recitar el refrán elegido por él. «Kalean uso eta etxean otso», dijo después de unos segundos de nerviosismo y silencio. Tras los aplausos, Garazi, monitora de tiempo libre del centro, le pidió que explicara cuál era su significado y «por qué ese refrán y no otro». Al principio se mostró dubitativo y olvidó el por qué de su elección. «No te preocupes, estas cosas pasan», le tranquilizaron, cuando de pronto respondió. «Lo conozco de toda la vida, me lo enseñó mi abuela. Significa que hay personas que en la calle son como palomitas, pero en casa son terribles», y lamentó que aún exista gente «de esa calaña».

Tras la intervención de este lezotarra de 65 años, el ambiente del centro gerontológico Berra, en Donostia, se fue animando. «¡Cuenta otro!», le pedían sus compañeros. La presentación del libro ponía fin a una apacible mañana. No se trataba de cualquier libro, sino de '25 años de sabiduría', un ejemplar que recoge distintos refranes recordados por residentes del grupo Sarquavitae, con más de sesenta centros repartidos por todo el Estado, entre los que hay tres en Gipuzkoa.

Magdalena, que estaba sentada entre los oyentes, se animó a participar. «Una señorita muy señoreada siempre va en coche y siempre va mojada», aventuró, aunque la cuidadora le recordó que eso no era un refrán sino un acertijo, que era de lo que había ido el taller de esa mañana.

Otra de las colaboradoras del libro, Teresa, de 92 años, necesitó un poco de ayuda para recordar que su refrán era 'Cada moneda tiene dos caras'. Lo que sí tuvo claro es que fue su abuela quien se lo dijo. «Yo le contaba mis problemas, y ella siempre tenía un refrán que enseñarme para darme algún buen consejo», comentó con morriña.

Ainhoa, trabajadora social del centro, explicó que por las mañanas los residentes participan en diferentes talleres, después de practicar un poco de gimnasia. «Trabajamos distintos refranes dependiendo de la época del año, aunque el taller que más les gusta es el de adivinanzas», aseguró. El objetivo es potenciar sus habilidades, ejercitar su memoria e impulsar el envejecimiento activo. El libro recoge un total de 455 refranes entre los más de 2.000 recopilados.

Tras la exposición de Teresa, Magdalena volvió a contar un acertijo, y Garazi decidió poner a prueba a los participantes diciendo el principio de algunos dichos para que ellos los completasen. «No por mucho madrugar... Vísteme despacio... A quien madruga... Más vale pájaro en mano...», les decía.

Jose Mari, de 83 años, no quiso leer su refrán. Su elección fue 'El joven si supiera, el viejo si pudiera'. Fue su abuela quien se lo enseñó cuando era pequeño, para prevenirle «de lo que nos pasa a todos. Hay que aprovechar al máximo cuando se es joven, aunque muchas veces no se sepa cómo. Para cuando somos conscientes ya somos mayores», explicó. Quiso participar en el taller de refranes porque se sabe muchos, aunque no hay ningún taller que le guste más que el de adivinanzas.

Las otras dos aportaciones de residentes del centro fueron de Inés, de 79 años, que recordó el dicho 'Adiskide onekin, orduak labur' (o en castellano, con buenos amigos el tiempo pasa rápido), y Faustina, de 87, con 'Cada uno cuenta de la feria cómo le va en ella', aunque no quisieron participar en la lectura.