Diario Vasco

Un libro describe los cien años de trabajos de mejora de la sidra guipuzcoana

  • La Diputación ha editado la monografía 'Cien años de la Comisión Especial de Pomología de Gipuzkoa', escrito por la historiadora Lourdes Odriozola

La Diputación ha publicado un libro que recoge los cien años de vida de la Comisión Especial de Pomología de Gipuzkoa, surgida en el propio ente foral en 1916, gracias sobre todo a los afanes del tolosarra Severo de Aguirre Miramón y el donostiarra Vicente Laffitte. En la presentación de ayer, la diputada Ainhoa Aizpuru hizo un repaso a todos los planes de mejora de la manzana y la sidra llevados a cabo por su institución en las últimas décadas.

La monografía, de 271 páginas, tamaño grande y bastantes ilustraciones, tiene estructura cronológica y arranca a fines del siglo XIX. Eran tiempos revueltos, en los que ya se empezaba a imponer lo urbano sobre lo rural. En la década de 1880, Severo de Aguirre Miramón y Vicente Laffitte publicaron varios trabajos científicos destinados a la mejora del cultivo del manzano y una mayor calidad de la sidra elaborada en los lagares del territorio.

Aguirre Miramón era un tolosarra polifacético, hijo de cosecheros de sidra, ingeniero de montes, compositor y político. En 1882 publicó el libro 'Fabricación de la sidra en las provincias vascongadas y su mejoramiento', que luego sería reeditado en 1914. Por su parte, Vicente Laffitte pertenecía a una de las familias de la élite donostiarra y publicó monografías y artículos destinados a la modernización de la elaboración de la sidra.

Otro paso importante sería la creación de la granja-escuela de Fraisoro en 1898. Algo más tarde, en 1910-1911 y en esas instalaciones de Zuzurkil, se crearon la estación pomológica y la sidrería experimental.

La Comisión Especial de Pomología de la Diputación surgió en 1916, a petición de la Comisión de Agricultura. El gran impulsor fue el ya mencionado Laffitte. Sus primeras tareas fueron la recopilación de datos de producción de manzana y la publicación de un folleto sobre las enfermedades del manzano.

Las noticias enviadas por los direferentes municipios revelaron que la cosecha de 1913 alcanzó casi el millón de hectolitros, de los que el 38,2% correspondían a la jurisdicción de San Sebastián, siguiéndole a mucha distancia Usurbil (6,47%), Aia (5,03%), Astigarraga (3,90%), Zarautz (3,08%), Altza (2,88%), Irun (2,63%), Hernani (2,52%) y Oiar-tzun (2,52%). O lo que es lo mismo, el 44,6% del fruto se recogió en los manzanales de la cuenca del Urumea, que era justamente el lugar en donde las sidrerías estaban de moda por haberse transformado en lugares de ocio.

Algo más tarde, en 1917, la Comisión publicó el 'Album pomológico de Gipuzkoa', que incluía descripción de cada variedad de manzana, atendiendo a parámetros como los azúcares, los taninos y la acidez.

Luego, a finales de la década de 1920, la Diputación restableció el antiguo impuesto provincial sobre la sidra, una medida muy controvertida y protestada. A lo largo de la década de 1920 y la posterior de 1930, había en Gipuzkoa unos 600 lagares sidreros.

Con la guerra civil se truncaron casi todas las iniciativa en torno a la sidra. Pero en 1980 se produjo un renacimiento. Los precursores de esa nueva época fueron los miembros de Esi Taldea, un grupo presidido por José Uria Irastorza, quien ha muerto hace pocos días, y para quien la diputada Ainhoa Aizpuru tuvo ayer unas palabras de recuerdo.

A comienzos de los 80 se creó el vivero de manzanos de la finca Zubieta y se puso en marcha una línea de subvenciones para las plantaciones de manzanos, y fueron muchos los baserritarras que se animaron a apostar por este frutal. En los últimos años ha habido grandes avances, como el panel de cata sensorial de Fraisoro y el banco de geoplasma de Otalarrea.