Diario Vasco

Gipuzkoa abre las primeras 70 nuevas plazas en residencias ante el aumento de la demanda

Garazi, monitora de tiempo libre, y Ainhoa, trabajadora social, ayudan a Miguel a leer a sus compañeros un refrán que le enseñó su abuela.
Garazi, monitora de tiempo libre, y Ainhoa, trabajadora social, ayudan a Miguel a leer a sus compañeros un refrán que le enseñó su abuela. / LUSA
  • 881 personas mayores están apuntadas, 40 menos que en agosto, cuando se llegó al récord, con 921 solicitudes

  • El Departamento de Políticas Sociales tiene previsto abrir 300 nuevas plazas en geriátricos hasta 2020 dentro del plan para hacer frente al envejecimiento

Las listas de espera para ingresar en una residencia de mayores conceden el primer respiro en muchos meses a los responsables de la Diputación. Tras alcanzar el récord en agosto, con 921 personas apuntadas, en septiembre la bolsa de demanda ha bajado en 40 solicitantes, lo que supone un descenso del 5%. La bajada no soluciona el problema, pero aligera algo la carga y también permite medir la incidencia del plan de choque contra el envejecimiento que ha activado el Departamento de Políticas Sociales que dirige la jeltzale Maite Peña para reaccionar ante el problema del aumento de las listas de espera.

El diagnóstico del sector, plasmado en un informe firmado por el Centro de Documentación y Estudios SIIS, puso negro sobre blanco las fortalezas y debilidades de las residencias de Gipuzkoa, y reflejó que el rápido crecimiento del envejecimiento iba a mayor velocidad que las plazas en geriátricos que se estaban creando o concertando en centros privados en los últimos años.

El factor envejecimiento no es el único que ha favorecido que crezca la lista de espera. De hecho, en 2008 la lista era más abultada, reconocen desde el Departamento. Pero llegó la crisis, que tantos cosas ha cambiado, y también desestabilizó al sector. Muchos mayores y sus familias optaron por los cuidados en el hogar frente al modelo residencial, quedarse en casa, con el atractivo además del cobro de una prestación por dependencia.

Ahora que se atisban indicios de recuperación económica, la demanda en residencias ha vuelto a reactivarse.

Como consecuencia, las listas de espera empezaron a crecer. Desde noviembre de 2013, cuando empieza la serie mensual recogida en la base de datos de la Diputación, hasta agosto, el aumento ha sido del 65%. Sí o sí había que hacer algo.

La respuesta foral ha sido una estrategia de aquí a 2020 con una batería de medidas, entre las que destacan la creación de 300 nuevas plazas, la mayoría vía concertación, con una inversión de 4,3 millones en total. En lo que va de año ya se han abierto, o está aprobada su creación, 70 y es ahora en septiembre cuando ha tenido reflejo en la contención de la lista de espera, si bien desde el Departamento que dirige Maite Peña se insiste en las dificultades de poner una cifra concreta al objetivo de reducir el problema y que, en líneas generales, la solución pasará por acompasar el crecimiento del envejecimiento con el de la creación de plazas.

De momento, la cobertura de plazas en residencias en Gipuzkoa es de las más bajas de Europa, y se encuentra a distancia también de territorios vecinos como Bizkaia y Álava y otras comunidades autónomas del Estado. En concreto, se ofrecen 4,3 plazas por cada cien personas de más de 65 años. El objetivo deseable es alcanzar el 5%, una cifra que atesora Francia. Bélgica, el alumno más aventajado, llega al 7%. Por el contrario, el elevado peso público en el sector -incluida la concertación de plazas- juega a favor del territorio, frente a otros modelos más volcados en el sector privado.

Los responsables forales son conscientes de la envergadura de la misión y no quieren generar falsas expectativas a sabiendas de que detrás del número de la lista de espera hay personas mayores y sus familias.

Atendidos durante la espera

«Somos conscientes que cientos de familias viven una situación delicada» y de la «alarma social» que genera la repuesta y gestión del envejecimiento, reconoció el diputado general, Markel Olano, cuando anunció el plan.

En cualquier caso, y además de la lista de espera técnica que siempre existe para garantizar la rotación de plazas, desde el Departamento de Políticas Sociales se subraya que el hecho de estar en lista de espera no significa que estás personas mayores estén completamente desatendidas. De las 881 personas que hay en lista de espera, 292 (el 33%) no recibe ningún servicio o prestación, mientras que 588 personas (67%) sí que lo percibe, y en algún caso más de un servicio. Por ejemplo, 160 están en un centro de día.

Asimismo, entre esas 881 personas hay 127 que perciben la Prestación económica vinculada al servicio, y por lo tanto están atendidas en una plaza residencial privada en virtud de estas ayudas de la Diputación, mientras esperan una plaza pública.

Precisamente, en esa estrategia lanzada para los próximos cuatro años también figura una reforma de calado de esta prestación, una figura recogida en la Ley de Dependencia que apenas tiene presencia en el territorio guipuzcoano. Se trata de una ayuda económica, de entre 300 y 833 euros al mes, que se concede a los usuarios que optan por ingresar en una residencia privada a la espera de que se les conceda una plaza de responsabilidad pública (pública 100% o concertada).

Además de ampliar las cuantías para hacer más atractiva esta opción, lo que se pretende es flexibilizar también el acceso. Ahora se exige que el beneficiario lleve al menos tres meses en lista de espera. La reforma, que está siendo estudiada, contará con dos millones de inversión.

Aumento de precios

Aunque insuficiente a la vista de la cada vez más abultada lista de espera, la creación de plazas en los centros de mayores en los últimos años es la responsable del 40% del aumento de costes, según figura en el informe del SIIS que será presentado en breve en las Juntas Generales. El otro 60% de incremento se ha debido a las mejoras salariales y de condiciones laborales logradas por los trabajadores, en su mayoría mujeres.

La factura total, que ya supone 164 millones de euros al año, se ha duplicado desde 2002. El coste medio de una plaza en un geriátrico en el territorio ronda los 2.500 euros al mes, o lo que es lo mismo, los 80 euros al día, según datos de Eustat, uno de los precios más elevados del Estado.

El coste de la atención residencial se comparte entre lo que aporta el usuario -por medio del copago- y la parte que financia la Diputación. El cálculo se realiza a partir de los ingresos de la persona mayor -en Gipuzkoa no se computa la vivienda habitual-. La aportación que deberá realizar será proporcional a su nivel de renta y patrimonio líquido (sus ahorros). La diferencia entre la cifra que resulte y el coste real de la plaza lo sufraga la Diputación. De media, cuatro de cada diez euros los sufraga el usuario y el resto es dinero público, que sale de las arcas forales en este caso.