Diario Vasco

77 familias guipuzcoanas se prestan a acoger a un menor tutelado, pero hacen falta más

Dos niños en un centro de acogida de la Diputación, que vuelve a insistir en la necesidad de familias de acogida.
Dos niños en un centro de acogida de la Diputación, que vuelve a insistir en la necesidad de familias de acogida. / LUIS MICHELENA
  • El SOS lanzado en julio por la Diputación sigue vigente. Hay 60 menores preparados para dejar los centros

  • El Departamento de Políticas Sociales lanzará en breve una campaña específica en busca de más hogares de acogida

Se necesitan familias de acogida. Dicho así, no suena a nuevo. Pero es noticia. Porque las necesidades de los menores tutelados por la Diputación no se resuelven de la noche a la mañana. El llamamiento urgente que lanzó la Diputación el pasado mes de julio tuvo una respuesta generosa por parte de la sociedad guipuzcoana, como ya había ocurrido en anteriores ocasiones. En los dos últimos meses 77 familias del territorio se han mostrado dispuestas a abrir su hogar a un menor tutelado. La cifra multiplica por cinco el número de llamadas que un mes normal reciben los servicios sociales con el mismo ofrecimiento. Es, de nuevo, el ejemplo de que Gipuzkoa siempre da un paso al frente cuando toca ser solidarios.

Una historia con final feliz si no fuera porque el final todavía no se ha escrito. Se necesitan más familias. La Diputación volverá a repetir el mensaje con una campaña específica que lanzará dentro de unos días y en la que volverá a buscar la complicidad de la sociedad para ofrecer un futuro mejor a los menores en situación de desprotección que han tenido que ser apartados de sus padres biológicos por su bienestar. Ahora mismo, de los 313 menores que viven en centros tutelados por la Diputación, hay 60 en disposición de salir en cuanto se dé la oportunidad.

La apuesta por el acogimiento familiar vertebra el modelo de atención a menores tutelados por la Diputación, sin menospreciar, todo lo contrario, el papel que desempeñan los centros residenciales, necesarios para atender duras infancias que tienen que ver con el maltrato, los abusos, la desatención... un listado de problemas que a veces obliga a separarles de familias de origen. Estos centros forales prestan un servicio de calidad, atendido las 24 horas por educadores, psicólogos y trabajadores sociales. Pero ni el mejor profesional ni las mejores instalaciones pueden suplir el calor de un hogar.

El consenso en torno a los beneficios de que esas infancias rotas sean recompuestas en el seno de una familia de acogida es generalizado, no solo en Gipuzkoa, sino por parte de la comunidad científica y educativa. Se ha demostrado, afirman desde la Diputación foral, que los resultados a la hora de reparar el daño sufrido por los menores son mejores cuando la acogida se hace en una familia. De ahí la insistencia de los servicios de protección a la infancia en la idoneidad de este modelo, con especial prioridad a los niños más pequeños, a quienes se evita en la medida de lo posible el paso por un centro residencial.

Urgencia

El esquema solo funciona con un pilar básico: las familias de acogida, dispuestas a ceder su tiempo y espacio para ayudar a estos niños. Sin ellas, no hay alternativa a los centros. Esta bolsa de hogares altruistas y solidarios nunca ha sido demasiado amplia, aunque sí lo suficiente como para contar con una mínima reserva para casos de urgencia. En julio saltaron todas las alarmas. La necesidad de familias, que es constante, se agravaba hasta el punto de que se había agotado esa red de emergencia de la que suele disponer la Diputación.

Desde el servicio foral de Protección a la Infancia explicaban que desde principios de año había ido aumentando la necesidad de acogimiento, «por encima de lo habitual». Varios casos de extrema urgencia, además, obligaron a recurrir a esas diez familias que hacen de salvavidas. La situación obligó a reaccionar y a hacer un llamamiento a la ciudadanía para que, al menos, sopesaran la idea de convertirse en familias de acogida.

El mensaje, y su repercusión en los medios, tuvo un impacto inmediato. Entre julio y agosto se han recibido 77 llamadas de personas interesadas. «Esta es una cifra muy elevada si la comparamos con los datos de meses anteriores: 6 en junio, 8 en mayo, 9 en abril», precisan desde el Departamento, con un balance agridulce ya que, a pesar de la respuesta, no se puede dar la batalla por vencida. Se siguen necesitando familias. No se pide ningún perfil concreto. Pueden ser personas solas, parejas del mismo sexo, parejas heterosexuales... En un primer momento, basta con descolgar el teléfono y llamar a los números 943112522 y 943457740, ambos de la Diputación. Tras este primer contacto, los servicios forales de infancia se encargan luego de estudiar caso por caso para comprobar si la familia interesada es apta para responder a las necesidades de los menores y adolescentes, un proceso en el que también se recoge información para poder determinar qué menor asignar a cada familia en función de sus características.

Como punto de partida, la Diputación, y también la asociación de familias de acogida Beroa, dejan claro un asunto clave para no generar confusiones ni falsas expectativas. «El acogimiento familiar no es una adopción ni el primer paso para ella», ya que el objetivo final es que el menor pueda regresar a su hogar biológico, siempre y cuando su familia supere las dificultades, lo que no siempre ocurre.

Otro de los mensajes reiterados es que ese proceso, salpicado de complicaciones y de momentos de dificultades, se completa con el apoyo y acompañamiento profesional que permitan resolver esos conflictos, incluidas las visitas a la familia biológica. En cualquiera de los casos, los servicios sociales, que son quienes velan por la protección de los menores, actúan de acuerdo con el Juzgado para regular las visitas teniendo en cuenta el bienestar de la niña o el niño.

En la actualidad, 353 menores han iniciado ya su nueva vida en hogares de Gipuzkoa. La mayoría de ellos en acogida permanente, esto es, hasta que cumplen la mayoría de edad y pueden decidir legalmente sobre su futuro. Muchos continúan viviendo en esos hogares, sus hogares.