Diario Vasco

Las donaciones de sangre encadenan cuatro años de descensos en Gipuzkoa

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Dos mujeres donan sangre en la sede de Donostia, situada en el barrio de Benta Berri. / MIKEL FRAILE

  • «Aunque hasta ahora la demanda también ha decrecido, hay que revertir la situación», advierte el presidente de la asociación, Sabin Urcelay

  • Han disminuido de las 31.000 de 2012 a las 28.209 del año pasado, y este 2016 va a la baja

Las necesidades de sangre en Gipuzkoa están cubiertas. De momento. Aunque huyen de cualquier alarmismo, en la Asociación de Donantes no esconden una realidad que quieren atajar, y es que desde 2012 las donaciones en el territorio están descendiendo paulatinamente. Una tendencia a la baja «que hay que revertir», en palabras de su presidente, Sabin Urcelay, para que en los próximos años no haya estrecheces y se pueda responder a la demanda de una sociedad cada vez más envejecida. Los datos no dejan lugar a dudas: si hace cuatro años se alcanzaron las 30.990 donaciones, esa cifra ha ido cayendo «de forma sostenida» hasta las 28.209 del año pasado.

Y en lo que llevamos de este 2016 la tendencia descendente se mantiene. Para este año se marcó la meta de las 28.800 donaciones, 591 más que el año pasado. Un objetivo que «no vamos a poder alcanzar», lamenta Urcelay. Entre enero y agosto se han sumado 17.663 donaciones, por lo que harían falta 11.137 en lo que resta de año. «Eso significa que necesitaríamos 1.157 donaciones más que el año pasado, unas 300 más al mes, lo que es imposible», reconoce el presidente de los donantes. Las expectativas se han rebajado y «en el mejor de los casos» el 31 de diciembre se espera igualar las 28.209 donaciones de 2015. Una meta «alcanzable» que, sin embargo, no permite levantar el pie del acelerador.

Menos presión

Pero, ¿a qué se debe este descenso? Urcelay recuerda que en 2012 se hizo un campaña específica y se contabilizaron muchas donaciones. «Se tocó techo a nivel de Euskadi. Y como en estos años las necesidades de sangre estaban cubiertas, se ha hecho menos presión a los donantes. Pero estamos llegando a un nivel en el que si seguimos así habrá un momento en el que esas necesidades no estén tan cubiertas. No podemos bajar más», reconoce Urcelay. «Tampoco nos planteamos alcanzar las 31.000 donaciones de 2012, pero sí revertir la tendencia a la baja», que es el objetivo que se han marcado para el 2017. Y empezar a subir hacia las 30.000 donaciones anuales.

Aunque las donaciones disminuyen, aún no hay problemas para responder a la demanda, «porque las necesidades también han bajado». El presidente de los donantes explica que los quirófanos son ahora «menos sangrantes» y que gracias a nuevas técnicas hace falta menos sangre. Aún y todo, no hay que olvidar que para una intervención de prótesis de cadera se pueden emplear hasta cuatro unidades, a lo largo del trasplante de un hígado hasta 17 bolsas y que tras un accidente laboral, L.N.G., de 54 años, recibió 45 unidades en dos días. Son ejemplos que aparecen en los folletos de la asociación, donde subrayan que mientras que el consumo de sangre en quirófano disminuye, la demanda se incrementa por parte de personas mayores o enfermos de cáncer, por ejemplo.

Esta situación no es exclusiva de Gipuzkoa. De hecho, Urcelay cuenta que en 2011 se difundió un estudio que advertía de que, debido a la inversión de la pirámide poblacional, a nivel europeo las necesidades iban a subir. Pero ese vaticinio no está cumpliendo. Aún. «Ya hemos dicho que se transfunde menos que antes y la gestión ha mejorado». Euskadi es un ejemplo de ello. «Desde que Osakidetza centralizó el banco de sangre y tiene el resto de los puntos coordinados los recursos están mejor gestionados y eso lleva a un ahorro en el consumo, en las caducidades y en otros aspectos». Aunque volviendo al estudio europeo, reconoce que las mejoras tendrán probablemente un límite, «y esa predicción que se hizo para el 2017 se dé más adelante. Se ha podido dar una corrección, pero cabe una posibilidad de que haga falta más sangre en el futuro».

Como prevenir es mejor que curar, «lo ideal» es que Gipuzkoa se asegure la capacidad de respuesta por parte tanto de la asociación como de la población, con un número suficiente de donantes. Que haya un colchón, porque siempre queda la posibilidad de citar al donante cada ocho meses en vez de seis.

Añadir sangre nueva, nuevos donantes, es uno de los principales objetivos de la asociación, y a lo que en este curso va a dedicar especial atención. La cifra de nuevos donantes también ha ido descendiendo en los últimos años: en 2013 hubo 2.168 guipuzcoanos que donaron por primera vez, y el año pasado 1.782. Entre enero y agosto de este 2016 se han contabilizado 1.134, por lo que faltan 866 para alcanzar el objetivo de los 2.000 nuevos donantes anuales. Urcelay se muestra optimista y cree que sí se va poder alcanzar esa meta, «vamos a intentarlo», y para ello han arrancado el curso con fuerza realizando en dos semanas media docena de extracciones en el campus de la UPV/EHU de Donostia, a dos pasos de su recién estrenada sede, y centros de enseñanza secundaria.

Porque si a los jóvenes guipuzcoanos se les pide que donen, lo hacen. Son muy solidarios. El problema es que con los años se desligan de la donación, otro aspecto que desde la asociación quieren evitar promoviendo acciones para fidelizar a ese segmento de la población que supone el relevo del futuro.

Que el 3% done

La asociación persigue que el 3% de la población sea donante. Pues bien, los guipuzcoanos de 19, 20, 21 ó 22 años cumplen esa meta de sobra. Según datos de la asociación, para cumplir ese 3% entre los que tienen 19 años, en Gipuzkoa debería haber 100 donantes hombres y 89 mujeres de esa edad, y la realidad es que hay 198 y 236, respectivamente: el 5,9% de la población total de esa edad en hombres y el 7,9 en mujeres. El problema reside en que, conforme avanzan en años, ese porcentaje va descendiendo, y ya para cuando cumplen la treintena es del 3,1% y 2,3%.

«Cuando vamos a la universidad o a centros de FP donan, somos capaces de captarlos, pero no de retenerlos. O porque acaban los estudios, o tienen otras prioridades, o vuelven a su municipio y creen que las extracciones son cosa de mayores, un sitio adonde va el aita con sus amigos y dona...», reflexiona Urcelay. «Pueden pensar: 'En la FP y la universidad donaba porque venían y me lo pedían, pero el problema de abastecimiento está solucionado y ya hay gente mayor que dona'».

Un nuevo premio

La asociación aspira a fidelizar a estos jóvenes que sí donan, para lo que plantea distintas acciones. Entre otros aspectos, barajan reconocer las primeras donaciones. Así como se premia a los que donan 25, 50, 75 ó 100 veces, van a estudiar la idoneidad de crear una distinción a donantes que, independientemente de su edad, «en sus primeros cinco años como donante lleguen a las diez extracciones».

También quieren mejorar el seguimiento tras la primera donación. Que haya un 'feedback'. Como señala el presidente de los donantes, «preguntarles qué les ha supuesto, sus sensaciones, si quieren comentar algo, si les apetecería repetir...». Según la literatura al respecto, para las primeras 4-5 donaciones se necesitan estímulos externos que inviten a donar sangre, y a partir de la quinta donación «más o menos tú ya te has autoconvencido de que la donación forma parte de tu vida y vas a seguir siendo donante. En el siguiente estudio habría que ver esos jóvenes que entran con 18 años con cuántas donaciones lo dejan».