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Juan Luis Gómez Colomer, ayer en Bergara.
Juan Luis Gómez Colomer, ayer en Bergara. / MIGURA

Gómez Colomer: «Si en la universidad alguien tiene una idea brillante, se topa con la burocracia»

  • Juan Luis Gómez Colomer, Presidente de la Asociación Alexander von Humboldt España, Un centenar de intelectuales que superan la excelencia se reúnen estos días en Gipuzkoa. Su misión es mejorar el mundo. O al menos intentarlo

Juan Luis Gómez Colomer, catedrático de Derecho Procesal en la Universidad Jaume I, es también presidente en España de la Asociación Alexander von Humboldt, que ayer comenzó su encuentro anual en Bergara dentro de las actividades con las que la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) conmemora su 40 aniversario en Gipuzkoa. La asociación reúne a catedráticos, profesores universitarios e investigadores que han alcanzado la excelencia y están empeñados en proponer soluciones para mejorar el mundo. Aunque sepan que ellos solos no pueden hacerlo.

- ¿De qué hablan cien catedráticos, profesores de universidad e investigadores del CSIC cuando se reúnen?

- Somos exbecarios de la Fundación Humboldt que quieren mantener vivo el contacto y que cada año se reúnen en una universidad española distinta para plantear un tema de actualidad. Discutimos sobre ello pero no desde el punto de vista profesional o particular sino intentando aportar ideas a la sociedad para mejorar, porque luego esto lo publicamos en forma de libro.

- ¿Qué tema toca este año?

- Uno muy importante y que está muy de moda en estos momentos, que es el papel de las regiones en el desarrollo científico, es decir, qué puede aportar una región para que las personas vivamos mejor, para que la ciencia nos ayude a ser mejores, para vivir mejor, garantizar un futuro a nuestros hijos y cuidar nuestro entorno natural.

- ¿En España hay muchas desigualdades regionales en cuanto a investigación?

- Sí, pero pasa también en otros países. De lo que se trata es de que exista una mayor cohesión y eso es lo que está haciendo Europa, cohesionarnos más. Un ejemplo típico es Italia, donde la diferencia que existe entre el Norte industrial, rico e innovador, y el Sur agrícola y atávico, es abismal. Eso perjudica mucho al desarrollo de las personas porque en definitiva de lo que se trata es de que vivamos mejor. No hablo con esto de materialismo sino de formación, de cultura, colaboración, solidaridad, de tener un salario y una vivienda dignos y dar un futuro mejor a nuestros hijos. De eso se trata.

- ¿Cómo se puede lograr?

- Los gobiernos locales y el mundo empresarial e industrial, que es el que da trabajo a la sociedad y el que mueve el dinero, tienen que contar con la universidad, pero para que el político, el empresario y el ciudadano confíe en su universidad, esta tiene que estar a la altura y satisfacer sus necesidades y problemas.

- ¿La sociedad todavía no confía en la universidad?

- Depende de muchas cosas. Fíjese, en el ránking de universidades no hay ni una española reconocida a nivel mundial. No estamos entre los cien primeros y sin embargo es muy curioso porque hay equipos de investigación potentísimos. La misma Universidad del País Vasco, la misma UNED, tienen equipos de investigación importantísimos en el mundo. Hay físicos vascos mundialmente conocidos que realizan unas investigaciones de primer nivel.

- ¿Eso no basta?

- La cuestión fundamental está en que, a diferencia de países que han seguido otra política donde ha habido más confianza interactiva, donde la sociedad ha confiado más en la universidad y viceversa, no hay un equipo de investigación muy bueno sino que hay muchos. Todos ponen como ejemplos Harvard, Columbia o Yale.

- ¿De qué son ejemplos?

- Lo que caracteriza la política de esas universidades no es que exista un investigador muy bueno con un equipo de primera línea, sino que hay muchos de muy diferentes especialidades que están ayudando al desarrollo del país.

- ¿Esto no ocurre en España?

- He hablado con políticos de diferentes sensibilidades e ideologías y lo tienen todo claro. Tú hablas con ellos no para pedir dinero, porque nuestra asociación nunca lo pide, sino sobre desarrollos institucionales, de que podemos conectarnos con Alemania y con empresas alemanas o de que podemos reunirnos periódicamente. Te dicen siempre que sí pero en los últimos diez años nos hemos topado con el mismo muro.

- ¿Qué muro?

- Que eso acaba costando dinero y ahora no lo hay. Ese es el muro con el que nos encontramos.

- Una de las primeras víctimas de los recortes económicos es la investigación.

- Imagínese que les estás diciendo que ocho equipos investigadores en oncología deberían trabajar con ocho equipos alemanes y que lo primero que habría que hacer es ponerse de acuerdo sobre lo que es importante o no. ¿Quién no tiene interés en este mundo en que se acabe con el cáncer?

- ¿Y qué ocurre cuando se les dice esto?

- Pues bueno, dices que el primer encuentro preparatorio puede costar diez o quince mil euros porque hay que reunir a muchas personas durante veinte días, y te contestan que no lo pueden sacar de ningún lado. Esto es algo que yo entiendo por los momentos que estamos pasando, pero hay otros países donde también hay problemas económicos y sin embargo tienen claro que el desarrollo personal integral pasa por tener una mejor universidad. Esta es la diferencia.

- ¿Si en la universidad española hay buena investigación lo que falla es la docencia?

- Yo no conozco todas las universidades como para hablar en su nombre pero sí puedo darle una impresión general porque llevo en esto cuarenta años. Tampoco le hablo como presidente de la Asociación Humboldt porque no entra dentro de nuestras competencias, pero lo que yo puedo decir es que la universidad española se ha burocratizado demasiado. Hay demasiados papeles. Fíjese que hace siglos las universidades se creaban con una bula papal que tenía tres líneas y a partir de ahí, a través de costumbres, hábitos y modos de proceder se establecía la docencia y poco a poco se iba investigando.

- ¿Con el tiempo esto ha cambiado?

- Ahora las universidades tienen no menos de ciento y pico reglamentos que no sirven para nada y se regulan por 18 leyes, muchas de ellas contradictorias o que solamente ponen obstáculos. La burocracia es el principal problema de la universidad española. Si aquí uno tiene una idea brillante se topa con la burocracia, por eso muchos prefieren trabajar con extranjeros o realizar otro tipo de investigaciones.

- ¿Es el único problema?

- Tampoco debemos olvidar que como la universidad en España es semifederal, se permite que se creen universidades en las regiones. A mí esto me parece bien, pero lo que ocurre es que los políticos que crean esas universidades quieren que el núcleo fundamental de investigación esté formado por gente de esa región. Esto hace que no se favorezca algo esencial en la universidad, que es el intercambio, el formarte fuera o pasar una parte de tu vida compartiendo y aprendiendo con colegas de todo el mundo.

- ¿Se convierte en una organización endogámica?

- En la universidad hay gente muy buena pero tenemos dos grandes problemas: la burocracia y la endogamia local. Si fuéramos menos burócratas, trabajáramos más en lo nuestro y con menos papeleo y un vasco no tuviera problemas en irse un año a Inglaterra y un inglés en venir a Euskadi, si no tuviéramos estos problemas tendríamos profesores más internacionales, más preocupados por la ciencia que por temas locales y seríamos menos endogámicos.

- ¿Cuando hablan de todas estas cosas en la Asociación Humboldt y las publican en un libro ya les hacen caso?

- No, pero tampoco pretendemos que se nos haga caso. Nosotros damos un punto de vista. Esto al final siempre acaba siendo un problema de conciencia en el sentido de qué es lo que tengo que hacer. Esto lo hago y he cumplido, yo no puedo resolver el mundo. ¿Se imagina que la universidad tuviera que resolverlo todo? Sería horrible. Aquí cada uno tiene su función.

- ¿Cuál es su función?

- Proponer soluciones razonadas y viables. Esa es nuestra función. Después, la gente que tiene competencias para ello es la que lo tendrá que hacer.