Diario Vasco

La mujer que estranguló a su nieta en Errenteria pensó que la menor se convertiría en una psicópata

  • La acusada estuvo ingresada en Martutene pero fue trasladada a la Unidad de Psiquiatría Legal del Hospital Aita Menni de Arrasate

La abuela que estranguló a su nieta hace un año en Errenteria permanece privada de libertad desde el 7 de septiembre del pasado año. Tras su detención ingresó en la prisión de Martutene, donde fue agredida por otra interna. Sin embargo, posteriormente fue trasladada a la Unidad de Psiquiatría Legal del Hospital Aita Menni de Arrasate. Se trata de un equipamiento reservado a personas que padecen una enfermedad mental y a la vez se hallan inmersas en procedimientos penales. Este servicio es único en el Estado.

La defensa de la acusada, representada por el letrado Carlos Guinea, solicita la absolución de la abuela, una petición que sustenta en el trastorno mental que la acusada padecía en el momento en el que cometió el delito. La defensa responsabiliza de la psicosis que la abuela presentaba a la hija de la acusada y a la vez madre de la niña. Sostiene que la abuela atribuía a su hija trastornos de conducta «derivados del consumo de bebidas alcohólicas», lo que generó en ella problemas de ansiedad.

Añade que con el paso del tiempo, las alteraciones de la hija se agravaron, lo que hizo también que el estado mental de la abuela se viera más afectado, hasta el punto de que le fue diagnosticado un «episodio depresivo grave con síntomas psicóticos».

El abogado relata en su escrito de conclusiones que, cuatro días antes de los hechos, la acusada fue derivada desde el Centro de Salud Mental de Errenteria a la Unidad de Psiquiatría del Hospital Donostia, donde, sin embargo el servicio de urgencias no estimó necesario su ingreso.

La defensa asegura que en el momento de los hechos, la abuela padecía un «trastorno de ideas delirantes persistentes de rango psicótico». Añade que presentaba signos de alteración psiquiátrica como consecuencia de la patología que suponía a su hija. «Apenas dormía y no conservaba el juicio de realidad», señala y añade que «en su convicción delirante estaba segura de que el futuro de su nieta Anne sería muy malo, que no había solución para los problemas de su hija ni tampoco los habría para su nieta Anne».

Afirma, asimismo, que la acusada estaba segura de que la nieta tendría que ingresar en un «reformatorio y se convertiría en una psicópata y en una adicta al alcohol, al sexo y a las drogas». «Esa certeza delirante, con total incomprensión de la realidad, fue lo que llevó a la abuela a acabar con la vida de su nieta para evitar el catastrófico futuro que, según su alterada percepción de los hechos, sufriría Anne», concluye la defensa.