Diario Vasco

La mujer que estranguló a su nieta en Errenteria se enfrenta a 30 años de condena

Un parque infantil situado ante el edificio en una de cuyas viviendas se perpetró el delito.
Un parque infantil situado ante el edificio en una de cuyas viviendas se perpetró el delito. / PEDRO MARTÍNEZ
  • Las acusaciones piden su ingreso en un centro adecuado a la enfermedad mental que sufre

  • Le imputan un delito de asesinato, con una atenuante por confesión y otra por la alteración psíquica que presentaba en el momento de los hechos

Acaba de cumplirse un año de su fallecimiento. Era el 5 de septiembre de 2015 cuando a Anne Bravo Hierro le arrebataron la vida de manera dramática. Tenía diez años. La tarde de aquel sábado, su abuela decidió poner fin a su existencia. Doce meses después, aún no se ha señalado fecha para el juicio, pero sí se han formulado las imputaciones. La Fiscalía de Gipuzkoa solicita para la autora del crimen 25 años de prisión y la acusación particular que ejercen los padres de la niña reclaman 30. El delito que le imputan es el de asesinato. La defensa pide, por su parte, la absolución al estimar que en el momento de los hechos la acusada padecía un trastorno de ideas delirantes y tenía alterado «el juicio de la realidad».

Era septiembre. El barrio errenteriarra de Beraun celebraba sus fiestas. La niña había ido a pasar con sus abuelos el fin de semana y disfrutar del ambiente festivo. La menor había sido recogida esa misma mañana por su abuelo que se había desplazado a Irun a casa de los padres.

La mañana transcurrió sin incidencias destacables. El abuelo y la niña estuvieron juntos y sobre las dos de la tarde llegaron a casa a comer. De acuerdo al escrito de calificación del ministerio público, elaborado por la fiscal Marta Sánchez Recio, tras la comida, la niña estuvo jugando a cartas con su abuelo. Así permanecieron hasta poco antes de las seis de la tarde, en que el marido de la acusada empezó a arreglarse, ya que debía acudir a cantar en un coro con motivo de la programación festiva. La abuela le hizo saber que ya se quedaba ella con la niña.

A las 17.50, el abuelo abandonó el domicilio y convino con su esposa en que se reunirían más tarde. El texto fiscal precisa que «en cuanto» el marido salió de casa, la abuela se dirigió a una de las habitaciones del piso, tomó un cuaderno, fue a la cocina y escribió dos notas, una dirigida a su marido: «Txema, te pido perdón, cuida del resto de la familia». La segunda era mucho más enigmática: «Lo hago para que no entre en un centro de acogida».

Seguidamente, la mujer se dirigió a la sala en la que la menor se encontraba jugando «plácidamente». La Fiscalía sostiene que para entonces la acusada ya había tomado la determinación de poner fin a la vida de su nieta.

Sentada en el sofá

Anne estaba en el sofá cuando los últimos acontecimientos empezaron a desencadenarse. La abuela se aproximó y le dijo: «Venga, levántate». La acusada cogió el cinturón de una gabardina que se encontrada en el respaldo del sofá y se situó detrás de ella. Se lo enrolló en el cuello «simulando que se trataba de un juego» y a continuación la llevó hacia uno de los dormitorios, al tiempo que decía: «Ay mi niña, con lo que te quiero».

Anne, «confiada en el supuesto juego en el que estaba participando», indica la Fiscalía, fue caminando hacia atrás, desde la sala a la habitación. Lo hizo por un corto pasillo. La abuela iba delante de ella, con el cinturón sujeto con sus manos. La pequeña le preguntaba «¡amona, qué vas a hacer conmigo!».

Al entrar en el cuarto, la acusada se colocó detrás de la nieta y tensó los extremos del cinturón «haciendo palanca con su propio peso y apoyándose en la cama para hacer fuerza e «impedir que la menor pudiera defenderse».

Los intentos de la niña por intentar despojarse del cinturón resultaron inútiles. La presunta homicida siguió oprimiendo hasta que la niña dejó de moverse y cayó inconsciente a los pies de la cama.

«Absoluta frialdad»

En las actuaciones judiciales están también personados los padres de la menor que están representados por el letrado Miguel Alonso Belza. Este, en su escrito de calificación, sostiene que la abuela, tras acabar con la vida de su nieta, «con absoluta frialdad y perfecto conocimiento de lo que había hecho», llamó a la Guardia Municipal de Errenteria y confesó que había matado a su nieta.

Una patrulla de policías municipales se desplazó al domicilio y halló a la nieta desvanecida en el suelo del cuarto donde acontecieron los hechos. La menor presentaba una coloración amoratada. Aún tenía pulso, por lo que los guardias iniciaron las maniobras de reanimación hasta la llegada de los efectivos sanitarios. Estos, finalmente, lograron estabilizar a la niña y la trasladaron al Hospital Donostia, donde al día siguiente falleció.

La abuela admitió ante los municipales presentes en la casa que había matado a su nieta mediante el empleo de un cinturón, que posteriormente fue hallado sobre la cama del dormitorio. «He sido yo, tenía que hacerlo», les dijo la abuela. Posteriormente explicaría por qué acabó con la vida de su nieta.

Tanto la Fiscalía como la acusación particular sostienen que, «en el momento de los hechos, la acusada padecía un trastorno de ideas delirantes que limitaba sus capacidades intelectivas y volitivas.

Las acusaciones imputan a la abuela un delito de asesinato. Sostienen que concurre una atenuante de confesión así como una eximente incompleta de alteración mental, además de la agravante de parentesco.

La Fiscalía solicita una pena de 25 años de prisión y demanda que la media de internamiento se lleve a cabo en un «establecimiento médico adecuado a la anomalía o alteración mental que padece». El letrado Alonso Belza, por su parte, reclama que la condena sea de 30 años. De igual forma, las acusaciones piden que la abuela indemnice con 150.000 euros a los padres de la menor.

El caso será juzgado por un jurado popular.