Diario Vasco

Arantzazu 'honró' a la patrona

La representación institucional fue agasajada con un aurresku de honor a cargo de Oñatz.
La representación institucional fue agasajada con un aurresku de honor a cargo de Oñatz. / MARIAN
  • Una nutrida representación institucional y cientos de fieles celebraron el día de la 'amatxo' de Gipuzkoa

A punto de cumplirse cien años de la proclamación de Aran-tzazu como patrona de Gipuzkoa (la onomástica se celebrará en 2018) y pese a la secularización de la sociedad, la 'amatxo' del espino sigue siendo especial para muchos guipuzcoanos. Ayer, en su festividad no hubo aglomeraciones, ni mucho menos, pero fieles, devotos, montañeros y políticos de distintas siglas se dividieron entre la tradición, el protocolo y la devoción y vistieron de fiesta Arantzazu plantando cara a la inestable climatología.

El aguacero matinal no pilló a la secular peregrinación oñatiarra (una cita con más de cinco siglo de antiguedad) que a las 9 ya había alcanzado su destino, ni afectó a los actos protocolarios, pero sí dejó huella entre los que subían andando al santuario hacia las diez.

«Menos mal que ya no llueve» relataban mientras esperaban la llegada del lehendakari dos veteranas que habían optado por el autobús y explicaban que «la gente bajaba calada hasta los huesos». «La iglesia está llena, así que vamos a ver el 'paseillo' y luego subiremos al coro».

No hubo novedades en el guión: el diputado general Markel Olano, la presidenta de las Juntas Generales Eider Mendoza, y el alcalde Mikel Biain, recibieron a Urkullu en la explanada de la Basílica, y junto a los consejeros Tapia, Darpón y Uriarte, un buen número de diputados forales, y los concejales de Oñati presidieron el aurresku de honor delante de friso de Oteiza.

El lehendakari se paró unos minutos a departir con los portavoces de la asociación de familiares de presos Etxerat, que le hicieron entrega del informe «Los niños de la dispersión» y solicitaron «nuevos pasos para acabar con una política penitenciaria que infringe los derechos humanos de más de un millar de niños». Este colectivo también cruzó impresiones con el presidente del PP de Gipuzkoa, Borja Sémper, también presente.

Tras el protocolo la mayoría de los representantes institucionales acudieron a la misa mayor oficiada por el obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, mientras otros apostaban por la oferta gastronómico-cultural. En su homilía, el prelado pidió a los fieles que se «atrevan a proclamar los valores cristianos en su integridad, incluso cuando resultan contraculturales» y puso a Teresa de Calcuta, «como ejemplo a la hora de afrontar las obras sociales».

Recordó que la festividad de Gipuzkoa se celebra en un contexto teñido de «preocupaciones» y citó como ejemplos «la celebración de las elecciones autonómicas, la conformación del Gobierno central, la crisis migratoria que no cesa, las guerras de Medio Oriente y África, el terrorismo fundamentalista, el alto nivel de paro con el que convivimos, los puestos de trabajo no suficientemente dignos, las rupturas matrimoniales, la violencia doméstica, la desestructuración familiar, el deterioro ecológico, la cultura de la frivolidad y del consumismo, el aumento de los suicidios y de los transtornos psicológicos»

El obispo se felicitó por que observa «con esperanza» que existen «muchos ideales asumidos por la opinión pública mayoritaria» en los que se perciben «el deseo del bien y de la verdad», que intuye que nacieron «en buena medida del humus del Evangelio».

Tras la misa, la banda de música hacía las delicias de los melómanos, mientras el txikiteo alcanzaba su hora punta. Otros aprovechaban para comprar quesos, panes de caserío o rosquillas antes de iniciar el camino de regreso a casa. Y no faltó quien decidió perderse por los parajes verdes y rocosos, o disfrutar entre amigos o en familia de la rica oferta gastronómica.

Dos familias de Urrestilla y Ataun se confesaban habituales y devotas a la virgen. «Venimos desde hace muchos años sea festivo o no. Damos una vuelta y después de comer nos volvemos». De más cerca, de Oñati, subieron Anttoni, Asun, Carmen, Begoña y Josefina, fieles también a una tradición que mantendrán «mientras el cuerpo aguante».

Los vendedores ambulantes, que conocen bien lo que se cuece en el santuario mariano más visitado de Euskadi, se mostraban satisfechos por la afluencia de gente.