Diario Vasco

El Gobierno Vasco echa el cierre al centro nacional del envejecimiento de Donostia

Rivera, que presidió el CNIE, la científica María Blasco y Agustín Eizagirre, gerente provisional.
Rivera, que presidió el CNIE, la científica María Blasco y Agustín Eizagirre, gerente provisional. / M. FRAILE
  • El gabinete Urkullu extingue la fundación que quedaba del proyecto lanzado por el PSE en la anterior legislatura

  • El CNIE nació en 2011 con la ambición de ser referente mundial en investigación, pero la crisis y el nuevo Ejecutivo han supuesto su final

El Centro Nacional de Investigación e Innovación sobre el Envejecimiento (CNIE) es historia pasada. El Boletín Oficial del País Vasco publicó el 12 de julio la orden del Ejecutivo por la que extingue y liquida la fundación creada para impulsar la entidad, uno de los proyectos estrella que lideró el anterior lehendakari, el socialista Patxi López, junto con la entonces ministra de Industria, Cristina Garmendia, y que contemplaba construir su sede en Donostia. El proyecto nació apuntando a lo más alto, pero la realidad demostró que fue de más a menos hasta desaparecer ahora. En la orden publicada en julio, aunque firmada en febrero, también se acuerda «que todos los bienes que conforman el patrimonio fundacional sean entregados al Instituto Biodonostia y a la Fundación Vasca de Innovación e Investigación Sanitarias», si bien no se especifica la cantidad.

El CNIE fue presentado en mayo de 2011, en vísperas de las elecciones municipales de ese año. El entonces lehendakari Patxi López y la ministra Garmendia, 'madrina' del proyecto en la legislatura de Zapatero, presentaron el proyecto como una de las revoluciones en investigación, que se había conseguido atraer a Euskadi, en puja directa con ciudades como Barcelona y Valencia. La inversión inicial del proyecto se cifró en 40 millones, que iban a ser financiados a partes iguales por los gobiernos central y vasco. Se aspiraba a reunir a 30 investigadores especializados en envejecimiento, y a trabajar en red con otros centros tecnológicos hasta llegar a los 300 profesionales. También se contemplaba construir un edificio emblemático en Donostia, y de hecho el Ayuntamiento llegó a ceder una parcela en el parque tecnológico de Miramar. Dos pesos pesados de la investigación científica avalaron el centro. La directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), María Blasco, y el director del Centro Nacional de Investigaciones Cardiológicas (CNIC), Valentín Fuster, entraron a formar parte del patronato.

Los problemas

¿Demasiado bonito para ser cierto? Las malas noticias esperaban a la vuelta de la esquina. La crisis económica obligó a Euskadi a pisar el freno y a revisar a la baja todo el proyecto. Los problemas de fondos coincidieron con el cambio político en el Gobierno central, que logró el PP. El Ejecutivo de Rajoy decidió salirse de la financiación, a la espera de que se recuperaran las cuentas, lo que mermó la dimensión del futuro centro. Desde el Departamento vasco de Salud, entonces dirigido por Rafael Bengoa, se decidió continuar con el proyecto en solitario, a sabiendas de las consecuencias que entrañaba. Los recortes redujeron a una décima parte la financiación prevista, que se quedó en 6,5 millones de euros, comprometidos en su totalidad por el Gobierno Vasco. En la partida estaba incluido el gasto de la construcción de la futura sede de Donostia.

El siguiente capítulo del proyecto se escribió a finales de 2012. El cambio de gobierno en Euskadi volvía a plantear un escenario incierto. El Ejecutivo que formó Urkullu recibió un proyecto que había arrancado de forma provisional y al que le faltaba el empujón definitivo. Ya entonces el PNV se había mostrado crítico con las formas en que se había lanzado, hasta el punto de acusar al PSE de haber vendido el centro «con interés electoral». Los jeltzales renunciaron a la construcción del edificio para el CNIE y apostaron por destinar los primeros tres millones de euros presupuestados en 2012 a los programas de investigación, pero no a nuevas infraestructuras.

El silencio institucional se apoderó luego del proyecto, apenas interrumpido por peticiones del socialista Odón Elorza en el Congreso para relanzar el proyecto -la investigadora María Blasco también lo ha pedido en varias entrevistas en los medios-. Durante estos años, parte de la investigación está siendo desarrollada por el instituto Biodonostia, de la mano de Osakide-tza, en proyectos para lograr financiación del Instituto Carlos III.