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Maider Belda: «Muchos padres se echan a llorar cuando les dicen que su hijo es muy inteligente»

Maider Belda, en su despacho de la academia Ikasi, en San Sebastián.
Maider Belda, en su despacho de la academia Ikasi, en San Sebastián. / LUSA
  • Maider Belda, Psicopedagoga, Sabe por propia experiencia lo que supone ser un niño con altas capacidades. No es fácil para ellos

La psicopedagoga Maider Belda atiende a niños de altas capacidades en la academia Ikasi de San Sebastián. Ella descubrió de adulta que había sido superdotada, al igual que lo son su hijo y su hermano mayor. Se calcula que en Gipuzkoa el 2% de los niños tienen altas capacidades pero no todos han sido detectados. Y no todos son felices. Para un niño superdotado la vida no es fácil salvo que a los tres años regatee como Messi. En ese caso todo serán alabanzas para él y su familia. Su don será motivo de orgullo en su barrio e incluso en su ciudad. Pero si en vez de tocar el balón el niño sorprende a sus padres leyendo los rótulos de las tiendas, se convertirá en un problema. En un ornitorrinco.

- ¿Usted fue una niña con altas capacidades?

- Pues sí, lo que pasa es que lo he descubierto ahora. Mi hermano mayor es muy inteligente, mucho más que yo, y yo siempre he tenido la sensación de que era normal o incluso tonta.

- ¿A qué edad lo supo?

- A los 37 años, muy mayor.

- ¿Cómo lo descubrió?

- Lo sospeché cuando leí libros sobre niños de altas capacidades. Allí aparecía esa sensación de no encajar, de tener una comprensión del entorno y de la realidad diferente, como si fueras más consciente de lo que pasa y de que los demás no se dan cuenta.

- ¿Era la primera de clase?

- No. Yo era muy normal hasta que llegué a BUP. Allí suspendí todo menos dos asignaturas que eran Biología y Dibujo Técnico y eran las que me gustaban. La imagen que nos han dado sobre los superdotados suele ser de un genio o persona con una habilidad que llama mucho la atención como recitar las capitales de todos los países o hacer sumas largas de memoria, pero no es eso.

- ¿Qué es?

- Sería la capacidad de manejar información más deprisa que otras personas y asimilarla.

- ¿Qué ha perdido usted por el hecho de que no le detectaran sus altas capacidades cuando era niña?

- Saber quién soy, conocerme y entender lo que me diferenciaba de los demás.

- ¿Es difícil detectar las altas capacidades?

- Dentro del sistema educativo es muy difícil. Cuando detectamos a un niño con altas capacidades, muchos profesores lo primero que dicen es que no saca tan buenas notas, cuando las notas son un indicador erróneo.

- ¿Qué es lo que hay que mirar en un niño?

- Hay características comunes. Un aspecto en el que suelen destacar es el lenguaje verbal. Su desarrollo suele ser pronto y además con mucha destreza, con muchas palabras y todas las dicen en el contexto y sentido adecuado. También suelen empezar a andar antes. Todo lo que sea autonomía lo desarrollan pronto porque tienen una mayor curiosidad y necesidad de conocer el entorno. Cuando tienen un problema o una situación para resolver suelen dar muchas soluciones diferentes. Hacen preguntas inusuales, tienen un sentido del humor distinto, con un matiz más ácido, más irónico; les aburren los chistes de Jaimito. Tienen un sistema de valores profundamente asimilado y exigen coherencia. Detectan muy rápido cuándo alguien no está siendo coherente. Los casos claros son los que tienen una capacidad da aprendizaje muy alta, mucha constancia y creatividad.

- ¿Y los no claros?

- El niño que es muy inteligente pero se aburre en clase y no es constante porque no conecta con el profesor, porque sus padres no saben cómo ayudarle a desarrollar la constancia o porque es muy inquieto.

- ¿Ese es el niño del que sus padres dicen que es listo pero un poco vago?

- Eso es, sería ese perfil.

- ¿Estos niños tienden a callar lo que son por miedo?

- Algunos sí, sobre todo las niñas. El perfil de chica muy inteligente es todavía más difícil de identificar que en los chicos. Hay menos chicas identificadas de altas capacidades cuando las probabilidades son las mismas.

- ¿Por qué?

- Se camuflan. Se dan cuenta de que lo que se valora en su entorno no es tanto que sea un hacha en materias como las ciencias, sino que se valora que sean empáticas, y tienden a camuflarse. Ponen por delante encajar en el perfil femenino que ellas perciben dentro del grupo. Prefieren eso a destacar.

- ¿En todos los colegios hay niños con altas capacidades?

- Seguro, en todos los colegios y en todos los cursos. En Gipuzkoa un 2% de los alumnos de entre 2 y 18 años tienen un cociente intelectual de más de 130, pero no todos están identificados.

- ¿Un alumno de altas capacidades es un incordio para un profesor?

- Depende. Yo he conocido de todo. Hay profesores que lo han vivido como una amenaza pero otros como una oportunidad. Recuerdo el caso de una clase en la que el profesor estaba explicando cómo son los mamíferos. Nada más empezar a decir que son los animales que nacen del vientre de la madre y luego toman pecho, un niño levanta la mano y pregunta: '¿y el ornitorrinco?, porque es mamífero y ovíparo'. Algunos maestros le habrían contestado a ese alumno 'calla y atiende, que ya llegaremos a eso' y el niño se queda sin saber si lo que ha dicho está bien o no.

- ¿Se acaba sintiendo como un ornitorrinco, como el raro entre su especie?

- Eso es. Los niños con altas capacidades con conductas disruptivas en el aula adoptan esa actitud porque no se sienten vistos. Si el maestro no les reconoce ellos no tienen por qué reconocerle a él. Pero también entiendo a la otra parte, porque los profesores se cansan. Ese niño pregunta sobre el ornitorrinco pero cuando le has contestado te hace otra pregunta e igual no sabes responder a esa.

- ¿Les tienen miedo?

- Esos profesores se sienten cuestionados, no quieren que les pillen en lo que no saben, pero hay otros que aprovechan muy bien las preguntas de un alumno de altas capacidades y les dicen que a ellos no se le había ocurrido y les animan a buscar en el ordenador cosas sobre el ornitorrinco para que al final de la clase les explique a todos lo que ha encontrado.

- ¿El truco consiste en buscar la ayuda de ese niño para que los demás aprendan?

- Esa es una de las claves. Si ese niño encuentra cosas y luego se las explica a sus compañeros, va a tener que trabajar en algo importante, que es la metacomunicación.

- Que consiste en...

- Yo tengo algo en mi cabeza y para mí está claro, pero para mí es un trabajo que tú me entiendas. Eso suele ser algo que muchas veces no aprenden los niños de alta capacidad y terminan aislándose. A ellos les gusta jugar con los 'gormiti' o lo que sea, pero su forma de entender el juego es muy diferente y como no lo saben explicar al resto, no conectan. Si le ayudas a comunicarse con los demás, a adaptarse al lenguaje que los demás necesitan, le has dado una herramienta muy buena.

- ¿Se les tiene envidia por ser tan inteligentes?

- Algunos compañeros de clase sí, sobre todo los niños que se esfuerzan mucho para sacar buenas notas. Les molesta mucho que haya un compañero que casi sin estudiar tenga un resultado mejor. Esto es molesto, pero sucede lo mismo en el fútbol.

- ¿El sistema educativo no está acostumbrado a buscar las capacidades de cada alumno?

- Tenemos una reticencia. Yo todo esto lo he descubierto a partir de mis hijos.

- ¿También tienen altas capacidades?

- Cuando vi que algo no funcionaba es cuando identifiqué que mi hijo las había heredado de mi hermano.

- ¿Qué pensó?

- En vez de decir qué bien, qué inteligente, me llevé las manos a la cabeza y pensé pobre niño. Es muy triste que cuando pensamos en una habilidad muy buena, lo primero que nos venga es 'ahora qué hago yo con esto'.

- Es el mundo al revés. Si un hijo nos sale superdotado para jugar al fútbol nos sentimos orgullosos de él, pero si aprende a leer a los tres años nos da pena.

- Lo comprendo porque lo he vivido, pero me sigue doliendo un montón. Aquí han venido padres con mucha angustia porque sospechan pero no saben. No vienen con orgullo o con ilusión para ver si su hijo es muy inteligente, sino con angustia. Cuando les digo lo que ha salido en las pruebas muchos se ponen a llorar o pasan un mal rato porque acaban de obtener la confirmación de que su hijo es diferente. Y eso es algo que asusta.

- ¿Qué sienten?

- Sienten miedo. Las altas capacidades suelen ser genéticas y la mayoría de esos padres descubren a sus cuarenta años que ellos también las tienen. Se preguntan si van a saber responder a un hijo tan inteligente, pero yo les recuerdo que ellos quizá también lo sean, que no están ante un bicho verde.

- ¿Es lo que piensan muchos?

- Le hemos dado ese matiz. Tú vas al parque y dices que a tu hijo le van a fichar en la Real y todos te empiezan a felicitar y a decirte qué suerte, pero si dices que te han dicho que tu hijo es muy inteligente te miran de forma rara. Eso es algo que está ahí.

- Y es algo bueno, lo malo es cómo lo perciben los demás.

- Lo perciben como una amenaza y no es así.

- ¿Qué hacemos con estos niños, separarlos del resto de los compañeros en la escuela?

- No. Yo lo que suelo recomendar es lo que he dicho antes del ornitorrinco, intentar que el alumno forma parte del aula. Tiene la edad biológica de los demás, con lo que en muchos aspectos es igual que ellos y, como ellos, necesita cariño y atención, lo único que necesita es un mayor estímulo. Entiendo que a veces los profesores están saturados y tienen a varios niños que necesitan una atención especial, pero creo que la mejor forma de atender a estos niños de altas capacidades es no limitárselas y permitirles que exploren hasta donde ellos quieran.

- ¿No se corre el peligro de que los padres quieran potenciar tanto las altas capacidades de sus hijos que les dejen sin infancia?

- Me he encontrado con el caso contrario, con niños que tienen tanta curiosidad que quieren hacer todo y se cansan mucho. Lo que hacen los padres es intentar parar esa máquina que va a tres mil revoluciones. Ahora estoy haciendo un curso con madres de niños de alta capacidad y si hay algo en común a todas es su agotamiento cuando termina el día.

- ¿Porque sus hijos no paran quietos?

- Porque no dejan de hacer preguntas hasta un punto en el que ya no puedes más. Estás cansada y ellos siguen y te dicen 'he pensado que, se me ha ocurrido que, igual si juntásemos no sé qué', y son las diez de la noche y todavía siguen. 'Ama, he pensado que a lo mejor si pusiéramos eso así....' Llega un momento en el que hay que decir basta. No es tanto el padre el que sobreestimula al niño.

- ¿Lo sabe por experiencia?

- Un día llevaba a mi hijo en la sillita y él, con tres años, me preguntó por qué si la electricidad va por metal las farolas también son de metal y no de madera. Tú intentas responder y él no para de preguntar. Al final parece que la gente te mira por la calle porque le oye al niño y parece que yo le estoy enseñando esas cosas en vez de dejarle jugar.

- ¿Siguen siendo niños? ¿No pierden la niñez?

- La viven de otra manera. Por lo menos para mí, ahora que lo veo desde otro punto de vista, el error es no darnos cuenta de que son diferentes y pensar que se van a divertir chutando un balón contra una pared. Igual para él lo divertido es chutar el balón para que haga una parábola y luego caiga no sé dónde. No se pierden la niñez.