Los trapos sucios de los hoteles Marriott

Bill Marriott, junto a sus tres hijos, John, quien le ha llevado a juicio, Stephen, que es invidente, y David./JEMAL COUNTESS
Bill Marriott, junto a sus tres hijos, John, quien le ha llevado a juicio, Stephen, que es invidente, y David. / JEMAL COUNTESS

John Marriott III, nieto del fundador, demanda a su padre, mormón, por repudiarle a causa de su divorcio. Él le ha mandado al paro

I. OCHOA DE OLANO

Corría 1927 cuando John Willard y Alice, una joven pareja mormona, desembarcaban en Washington con el sueño de emprender allí un negocio y asentarse. En plena canínula veraniega abrieron una taberna que solo despachaba cerveza de raíz bien fría -una humilde bebida fermentada hecha a base de vainilla y corteza de cerezo-. Cuando en invierno las temperaturas se desplomaron y los trabajadores manufactureros de la zona precisaban calentar sus huesos, les sirvieron chile. Su amistad con el cocinero de la embajada de México les permitió ofrecer la mejor gastronomía mexicana de toda la franja Este. La combinación de la malta y el picante funcionó como un tiro. Para 1932 gestionaban una próspera cadena de restaurantes y, en 1957, inauguraban en Virginia su primer motel.

Germinaban, sin sospecharlo, la semilla del imperio Marriott International, que ha aupado a sus descendientes al número 42 de la lista Forbes... y también a los tribunales. La batalla judicial entre sus descendientes por la multimillonaria herencia ha estallado. John Marriott III, nieto del fundador, ha presentado una denuncia en el Tribunal Superior de Washington DC contra su padre, Bill Marriott, artífice de la conversión del negocio familiar en un lujoso monopolio hotelero. Le reclama su parte de la herencia familiar. Alega que su progenitor le ha negado su trozo de la suculenta tarta como castigo por su divorcio en 2015, que supuso una ofensa para una familia de devotos mormones.

Hasta ahora, los Marriott tenían una imagen pública intachable en Estados Unidos como un clan muy religioso, discreto y dedicado casi en exclusiva al trabajo. El nieto divorciado de John y Alice Willard ha hecho saltar por los aires esa fotografía de familia armoniosa y feliz. En su casa también se cuecen habas. Unas cuantas.

Según consta en el escrito legal, ya de niño se sintió John III tan presionado que, con solo 11 años, llegó a considerar el suicidio. Cuando confió a sus padres su profunda tristeza buscando su apoyo, su padre fue taxativo: «Tienes todo lo que necesitas, vuelve a la cama». La cosa no acaba ahí. A los 12 años comenzó a tener problemas para dormir y, «en más de una ocasión», su progenitor «le dio un fuerte medicamento para adultos (Valium)».

El imperio

4000 establecimientos
gestiona en 70 países la cadena estadounidense con sede en Maryland. Algunos bajo las marcas de Ritz-Carlton o Bulgari. Sus propietarios conforman una de las familias más ricas de América.
Origen
El germen del emporio data de 1927, cuando una joven pareja de mormones, John y Alice Willard, abrieron una humilde taberna en Washington DC que solo servía malta y chile.

Tres años más tarde John empezaba a dar sus primeros pasos en el negocio familiar y lo hacía como lavaplatos en uno de los hoteles. Poco a poco, y pese a sus adicciones al alcohol y a las drogas, ascendería hasta convertirse en el vicepresidente ejecutivo de ventas y marketing. Muchos creyeron que sucedería a su padre como presidente. Sin embargo, Bill tenía otros planes. En 2005 ya buscaba otros candidatos y John decidió dejar la cadena hotelera y centrarse en otra empresa familiar, JWM Family Enterprises.

Su ruptura matrimonial, una década después, terminó por dinamitar su relación. Al final, su padre le echó de la firma que lideraba, le recortó su capital en los hoteles y desvió una parte sustancial de su herencia, que incluye 24,2 millones de acciones de Marriot International valoradas en 2.300 millones de euros. La 'oveja negra' del clan ha perdido una fortuna y se ha quedado sin hermanos ni madre. Un juez pondrá ahora a lavar los trapos sucios del clan.

Fotos

Vídeos