Viagra sin receta en Reino Unido

Sin prescripción. Como si fueran aspirinas, las famosas pastillas azules estarán a mano de cualquiera que las necesite en las farmacias. / R. C.
Sin prescripción. Como si fueran aspirinas, las famosas pastillas azules estarán a mano de cualquiera que las necesite en las farmacias. / R. C.

Los súbditos de Isabel II serán los primeros del planeta en poder comprar Viagra sin receta médica. La idea es combatir la compra 'on line' de productos poco seguros

IRMA CUESTA

Los británicos no solo pasarán a la historia por haber sido los primeros en descubrir la existencia de una ley de la gravitación universal, idear el teléfono, crear la chocolatina o dar con el bosón de Higgs. A la larga lista de asuntos en los que nuestros vecinos del norte han sido pioneros se suma ahora haberse convertido en el primer país del mundo en permitir la venta de Viagra sin que los hombres decididos a hacerse con la famosas píldoras azules deban adjuntar a su petición una receta médica. Pfizer, la farmacéutica norteamericana que hasta hace muy poco era la única que comercializaba la popular pastilla contra la disfunción eréctil, informó esta semana de que la compañía trabaja decidida a que la distribución libre del Viagra sea una realidad la próxima primavera en el Reino Unido.

Según fuentes de la farmacéutica, la medicina que nació por pura casualidad en un laboratorio de Sandwich (Kent), cuando los voluntarios de un ensayo clínico para un producto que debía combatir la presión arterial alta comenzaron a informar de un número inusitado de erecciones, seguirá vendiéndose en farmacias y serán sus titulares los responsables de evaluar si el peticionario es apto o no para administrarse el tratamiento.

La empresa también ha explicado que un 'pack' de cuatro comprimidos de Viagra costará 22,26 euros y 38,97 el de ocho unidades, y que la decisión servirá para combatir la venta fraudulenta de este tipo de medicamentos en la red, sin ningún tipo de garantía. «Cada año hay casi 24 millones de búsquedas de Viagra en internet. Con esta iniciativa ofrecemos a los pacientes con disfunción eréctil una alternativa legal para comprarlo y combatir la distribución de productos falsos», explicaba el martes Victor Clavelli, director jefe del departamento de Marketing de la Unidad de Negocio de Atención Primaria de la compañía al diario británico 'The Independent'.

Intereses en juego

Aunque nadie pone en duda las buenas intenciones de Pfizer, algunos apuntan a que en la decisión ha tenido mucho que ver el fin de la patente. A mediados de 2013, la farmacéutica perdió la exclusividad (sólo la mantiene en los Estados Unidos hasta 2020) y el Sildenafil -nombre genérico del Viagra- pasó a ser de dominio público.

A finales de los 90, la pastilla que revolucionó la vida sexual de millones de hombres de todo el mundo engordó las arcas de Pfizer de forma meteórica. De hecho, cuando lanzó el medicamento, el precio de las acciones se duplicaron en cuestión de días. Gracias a las campañas de promoción, que incluyeron apariciones del mismísimo Pelé, la impotencia masculina perdió parte de su estigma y las píldoras azules se convirtieron en una máquina de hacer dinero: más de un millón de euros anuales. Con esos números sobre la mesa, es fácil entender por qué las farmacéuticas, una vez se levantó la veda, se lanzaron a comercializar genéricos como alma que lleva el diablo.

En cualquier caso, la determinación de Pfizer y la Agencia Reguladora de Medicamentos y Productos Sanitarios británica de facilitar el acceso a la Viagra llega rodeada de cierta polémica. Mientras la Administración defiende que la decisión se ha tomado después de una concienzuda evaluación, el asesoramiento de la Comisión de Medicamentos Humanos y una consulta pública efectuada principios de este año, algunos médicos y psicólogos alertan de que las famosas pastillas se han convertido en una droga que alienta a sus consumidores a descuidar los problemas mentales o fisiológicos subyacentes que pueden causar impotencia. Lo que nadie pone en duda es que muchos hombres evitan ir al médico y buscan en sitios web ilegales algo que les ponga contentos. Si solo en Gran Bretaña se expenden alrededor de seis millones de pastillas de Viagra al año, es fácil imaginar cuántos tomarán su dosis sin haber pasado antes por el médico de cabecera.

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