«No quiero un hijo torero»

«No quiero un hijo torero»

Pletórica en su quinto mes de embarazo, Eva González asegura que su marido, el convaleciente Cayetano Rivera, «se partía de la risa» al ver su beso con Saúl Craviotto

ARANTZA FURUNDARENA

Está de cinco (invisibles) meses y se siente en el ecuador de su embarazo. Porque Eva González ha hecho las cuentas y le sale que una gestación «no dura nueve meses, sino diez. Nos engañan», advierte entre risas. Con su marido en casa convaleciente de la última cornada y aprovechando un paréntesis en la grabación del enésimo ‘MasterChef’, la sevillana presentó el jueves en Madrid, junto a José Coronado, el corto publicitario que ambos han rodado para la nueva campaña de Cortefiel. Se titula ‘Algo que compartir’. Y Eva, que no da puntada sin hilo, aprovechó el eslogan para subrayar que no espera que Cayetano le ayude a cambiar pañales... «Porque no se trata de ayudar, sino de compartir; que el bebé va a ser de los dos».

Bromista y contundente a la vez, Eva salpicó todas sus declaraciones con ese desparpajo andaluz que ya es marca de la casa. No eludió ninguna pregunta. Aunque el arte de echar balones fuera lo domina desde la época en que fue novia de Iker Casillas... «¿La polémica sobre las fotos de Fran con su hija Cayetana? Ni idea. No me he enterado. Pero Tana es una niña maravillosa y se merece ser feliz y que la dejéis un poco tranquila». La polémica se refiere a la portada de ‘¡Hola!’ en la que Francisco Rivera posa esta semana junto a su hija Cayetana, con motivo de su recién estrenada mayoría de edad. Por lo visto la madre de la joven, Eugenia Martínez de Irujo, está indignada.

Desde que este pasado verano confirmara su embarazo, la exMiss España es la mujer del momento. No hay semana en que no esté de actualidad, ya sea por la cornada sufrida por su marido o por el peliculero beso que se dio el martes ante las cámaras de ‘MasterChef’ con el piragüista Saúl Craviotto... El doliente Cayetano, que todavía se resiente de la grave cogida en el muslo que sufrió la víspera del Pilar en Zaragoza, lo presenció desde el sofá. Y lejos de abrírsele las carnes (y los puntos), según palabras textuales de su mujer, «se meaba de la risa».

La sevillana está pletórica con su embarazo y se nota. Derrocha toneladas de endorfinas. «Me encuentro maravillosamente. Bueno, un poco más cansada. Pero es que cuando trabajas catorce horas seguidas te cansas. Más si vas subida al taconazo». Eva está enamorada de su trabajo. Ella misma lo reconoce. «Soy una pesada. No hablo de otra cosa. Pero es que me paso el día en el plató». Del plató salía el 11 de octubre cuando recibió la llamada de Cayetano. «Yo iba en el coche de producción. Me telefoneó justo antes de entrar en el quirófano. ‘Quédate tranquila que estoy bien, no es grave’, me dijo. Inmediatamente me fui al AVE, pero como era el principio del puente, no tuve que cambiar los planes de trabajo. Cayetano es tan bueno que hasta eso me lo gestionó bien».

Todavía con el susto en el cuerpo, Eva no piensa dejar de ir a ver torear a su marido... «Yo soy brava. Nada miedosa. Muy de tirar p’alante», asegura. Sin embargo, esta periodista aún recuerda las palabras que le escuchó pronunciar hace unos años, cuando todavía no estaba clara su relación con Cayetano... «¿Tú me ves a mí como mujer de torero?». Al final, diferente, libre, peculiar y atípica, Eva González ha acabado convertida en mujer de torero. «El día que se corte la coleta voy a ser la persona más feliz del mundo –admite–, pero nunca se me ocurriría pedirle que lo deje. Se encuentra en un buen momento, muy centrado. Es más, ahora mismo ya está deseando recuperarse para volver a los ruedos... Esta gente es que no anda bien de la cabeza», concluye riendo.

Mejor cocinero o surfero

La pareja no quiere conocer de momento si el bebé será niño o niña. «Como es el primero, con que venga bien...». La presentadora calcula que habrá engordado «unos dos kilitos» y confiesa que ahora le tira más el dulce... «No paro de entrar en el supermercado de ‘MasterChef’». Pero la barriga no acaba de asomar y Eva está intrigada. «Dicen que es de un día para otro... ¿A ver si me voy a levantar una mañana y no me voy a reconocer?», comenta con su humor indesmayable. Pero hay algo que le hiela la sonrisa: la insinuación de que su futuro hijo pudiera ser algún día torero... «No, por favor –suplica–, prefiero que sea cocinero, que lo único malo que le puede pasar es que se queme. ¿Torero? –vuelve a reflexionar–. No, no, no... Antes lo mando a un campamento de surf a Australia, y que se haga surfero».

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