La pequeña Moss se hace mayor

Un calco. Las Moss siguen los mismos pasos. Han posado para campañas de ropa interior de Calvin Klein. /E.C.
Un calco. Las Moss siguen los mismos pasos. Han posado para campañas de ropa interior de Calvin Klein. / E.C.

Lottie, la hermana de Kate, se conjura para destronar a la gran top. Es la nueva embajadora de Bulgari. «Si quiero ser alguien, me he de emancipar»

LUIS GÓMEZ

Parecía imposible, pero sucedió. La pequeña Lottie Moss le robó hace seis años todo el protagonismo a Kate. Y no ocurrió un día cualquiera. La chavala escogió la fecha en que la gran top de las últimas décadas pasó por el altar para presentar sus credenciales. De aquella ceremonia surgió lo inesperado. Los grandes ‘flashes’ fueron para Kate, como no podía ser menos, pero ya se empezaba a barruntar un cambio de cromos. La pequeña Moss, con sólo 13 años entonces, avisó del relevo generacional y empezó a hurtarle cuotas de protagonismo a su adorada hermana (por parte de padre), 24 años mayor que ella.

Ha llovido desde entonces y ha pasado lo que estaba cantado. Lottie le ha cogido gusto a los focos. La muchacha ha salido contestona y algo resabiada. Cansada de hincar los codos, ha concluido los estudios de secundaria -condición sine qua non impuesta por sus padres- y se ha lanzado al gran escaparate. Quiere triunfar a lo grande. Siente que se ha hecho mayor, aunque sigue siendo una chiquilla. Como en los casinos, se lo ha jugado todo a una carta: las pasarelas de lujo. No le pintan mal las cosas, de momento.

Con una mirada entre tierna, ingenua y atrevida, camina con paso firme. Es la nueva embajadora de accesorios de Bulgari, la firma italiana de lujo. Y, evidentemente, las influencias le han ayudado mucho. A sus 19 años, las casas de apuestas se frotan las manos. ¿Ensombrecerá definitivamente a Kate? ¿Acabará con su reinado? En realidad, llevan tiempo con la misma cantinela. El reto es mayúsculo. Casi imposible, pero Lottie tiene tanta confianza en sí misma que está dispuesta a arruinar todos los pronósticos. «Ella es ella y yo soy yo. Kate es una estrella y yo, una principiante. Si quiero ser alguien en este mundo, me he de emancipar», sostiene.

«Kate es una reina a su modo y yo una pequeña princesa. Los ingleses adoran las dinastías»

Y es lo que ha hecho. Su irrupción en el mundo de la moda fue espectacular. Algunos comparan su fulgurante presencia con la de Pippa Middleton, jóvenes que no se conforman con su condición de segundonas y reivindican el estrellato desde la primera línea. Si en julio de 2011, Lottie formó parte de una de las catorce damas del famoso cortejo nupcial, seis años después parece dar la razón al agente que le propuso dedicarse al modelaje: «Los ingleses adoran las dinastías. Kate es una reina a su modo y yo una pequeña princesa», esgrime esta joven de tez pálida y 168 centímetros de altura.

Como Kate, Lottie tampoco es especialmente guapa. Ni siquiera fascina con su estilo, pero se saca partido como nadie. Va en el ADN de las Moss. Lottie sabe cómo camelar a la industria de la moda. Echa mano, igual que las demás ‘it girls’, de todas las redes sociales que puede, aunque se decanta especialmente por Instagram y Snapchat. Se quita importancia y dice que todas las fotos que sube son de amigos «del barrio» y de la infancia. «Tengo los mismos amigos de siempre. No he cambiado. Sólo tengo algunos seguidores más que ellos», confesó, sin demasiada convicción, a la revista ‘Woman’.

«¿Estaré a la altura?»

De ser cierto lo que dice, hay que reconocerle que tiene la cabeza muy bien amueblada. Otras, con mucho menos, se han echado a perder entre fiestas interminables e ingresos en clínicas de desintoxicación. Lottie esperó a los 18 años para doctorarse como modelo profesional, aunque dos años antes ya frecuentaba los estudios de fotografía en busca de oportunidades. Storm Model, la misma agencia que descubrió a Kate y llevó su carrera hasta hace un año, vigila sus pasos. La edición inglesa de ‘Teen Vogue’ le ofreció en 2014 su primer ‘shooting’ y Sonia Rykiel la puso a desfilar. Palabras mayores. Sus apariciones en el Festival de Cannes han redondeado la aventura hasta coronarla como imagen de Bulgari. «Soy una gran fan de sus bolsos y de sus magníficas joyas, pero me pregunto si estaré a la altura», reconoció.

Que nadie vea en estas palabras un atisbo de miedo escénico o un posible temor a no dar la talla. La hermanastra de Kate sabe dónde pisa y que la profesión de modelo «no es nada fácil, aunque lo crea la gente». Dice que es justo lo contrario. «La confianza en una misma se aprende, y para no tener el carisma de una ostra delante del fotógrafo hay que trabajar y aprender a interpretar un personaje». A Lottie le ayuda mucho la ropa que se echa encima: «Es obvio que una chica bien vestida, que se siente hermosa, exhibe una fuerza enorme», garantiza.

Aunque su madre la empuja a probar suerte, cree que le faltan tablas para tantear el mundo del cine. De momento, quiere disfrutar de su «nueva vida». Afirma sentirse muy a gusto en la moda. «La escuela no era lo mío», recuerda. «Mis padres tuvieron la sabiduría de entenderlo y enseguida estuvieron de acuerdo en que me lanzara a la aventura. Me quieren y confían en mí» , agradece. Y, mientras, la pequeña Moss se hace mayor y va respondiendo a las expectativas creadas, que son muchas.

Cataluña, más que una pasarela

La Cataluña independentista, la misma que arremete contra un Estado autoritario, se postula como una gran pasarela abierta e integradora. Los diseñadores catalanes siguen en sus trece de derribar todo tipo de puertas y han trazado una hoja de ruta con la que encontrar el definitivo reconocimiento internacional. 080 Barcelona Fashion es una tarea en la que llevan comprometidos ya veinte años, cada vez con más éxito. Se las apañan con los mimbres de siempre: valores tradicionales (Custodio Dalmau, preferentemente) y creadores emergentes con los que impulsar en clave económica las raíces de un negocio que ha atraído en esta edición a cerca de un centenar de compradores, el 38% de fuera de España.

Por eso son tan diferentes las semanas de la moda de Madrid y Barcelona. Las de la capital española reproducen en cierta manera el modelo futbolístico de Florentino Pérez, el presidente del Real Madrid. Parece como si el objetivo prioritario consistiese únicamente en poblar las primeras filas de los desfiles de personajes famosos. Y poco más. Gente que añade glamour en busca de un impacto más mediático que económico. Barcelona es otra cosa. Juega a otra liga.

Compiten profesionales que tejen una industria de diseño a la conquista de nuevos mercados, una aventura realmente titánica. Claro que sus organizadores también recurren a los rostros conocidos. Faltaría más. Es uno de los mandamientos de los nuevos tiempos. Ir contracorriente sería un verdadero despropósito.

Pero saben cómo emplear sus armas para que la moda no se convierta simplemente en una pasarela de vanidades. La vigésima edición ha otorgado el papel estelar a Margherita Missoni, llamada a heredar uno de los emporios textiles italianos que ha hecho de la artesanía un modelo de estilo, mientras que el bailaor Rafael Amargo presentó también su marca junto con otros 36 modistos. Un hito que llevó al conseller de Empresa a proclamar que 080 Barcelona Fashion es mucho más que una pasarela.

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