Si me retocas, dímelo

Inma Cuesta denunció que la habían reducido a la mitad en la portada de un dominical./
Inma Cuesta denunció que la habían reducido a la mitad en la portada de un dominical.

Francia regula el uso del Photoshop. Obligará a partir del 1 de octubre a los editores a notificar cuándo una fotografía es manipulada

LUIS GÓMEZ

Son guapas, famosas, poderosas, casi perfectas... Y, además, no se callan cuando manipulan digitalmente sus cuerpos sin su consentimiento. Artistas, 'celebrities' y modelos proyectan desde los kioscos una imagen tan extraordinaria después de pasar el filtro del Photoshop que muchas veces terminan siendo irreconocibles. Esta polémica, sin embargo, puede tener los días contados. Francia está a un paso de convertirse en el primer país del mundo que dejará constancia por escrito de cuándo una fotografía ha sido retocada. España, Israel y Estados Unidos trabajan también en la preparación de leyes similares, pero andan muy lejos de la normativa francesa, que entrará en vigor el próximo 1 de octubre y obligará a añadir el mensaje 'fotografía retocada' en las imágenes comerciales objeto de alteraciones. Los editores que violen la ley se enfrentarán a sanciones de hasta 35.000 euros. Una minucia, en cualquier caso, comparada con las descomunales cantidades de dinero que mueven las pasarelas y la industria de la cosmética.

La medida afecta especialmente a la población femenina, castigada por una práctica habitual en la moda. Muchas famosas han puesto el grito en el cielo al no reconocerse en vallas publicitarias y revistas de lo estilizadas que las dejaron. Fue el caso de Blanca Suárez, actriz con la que muchos internautas suelen cebarse por sus curvas. A la musa de Pedro Almodóvar la sacaron en un reportaje con menos caderas, los brazos más delgados y los pechos más elevados. En vez de bajar la cabeza, Suárez atajó el escándalo insertando una imagen en su cuenta de Instagram en la que se la veía saltando sobre una cama en ropa interior para mostrar sus verdaderas dimensiones. Con todo, fue su compañera Inma Cuesta la que protagonizó el rifirrafe más sonado después de verse en el suplemento dominical de un periódico de Barcelona. Cuesta subió a Facebook el posado 'real' y el que vieron los lectores, que advertía de una corrección de las imperfecciones de la piel, el vello de los brazos y la posición de la cadera. «No entiendo la necesidad de manipular mi cuerpo hasta dejarme en la mitad de lo que soy», protestó.

Fuera de nuestras fronteras, la británica Kate Winslet, imagen de Lancôme, abandera al grupo de mujeres contrarias al uso del Photoshop. Detractora también de la cirugía estética, en el contrato con la multinacional cosmética incorporó una cláusula de que sus fotos salieran a la luz sin ningún retoque. Keira Knightley, protagonista de varias películas de la saga 'Piratas del Caribe', accedió a posar en 'top less' con la condición de que no la realizaran ningún 'arreglo'. Algo que obvia habitualmente Ralph Lauren, que ha sucumbido a los excesos. Tanto se le fue la mano en una campaña que dejó sin caderas a una modelo extremadamente delgada. Francia pretende evitar la promoción de ideales de belleza inaccesibles.

¿Quiénes son los principales culpables de distorsionar la realidad? ¿Se trata de un juego urdido en muchas ocasiones por las víctimas en busca de notoriedad? Hay respuestas para todos los gustos. «Siempre se acusa al retocador de alterar la realidad. Pero antes de él, sobre esa celebridad ya ha actuado un maquillador que le ha quitado ojeras y le ha puesto pestañas postizas, un peluquero que le ha colocado extensiones para lograr un melenón espectacular que nada tiene que ver con la coleta que traía de casa, una estilista que ha cambiado su aspecto en vaqueros por una imagen ultrasexy... La elección de la iluminación y la localización también ayuda a crear una fantasía. ¿Y luego el que altera la imagen es el encargado del Photoshop?», censura Paco Llata, jefe de fotografía de la revista 'Tiempo'.

«Profesionales poco sutiles»

«En el 99% de los casos son las propios modelos las que exigen la corrección. El problema es que hay profesionales poco sutiles a los que se les va la mano y llegan a perder la perspectiva de la realidad», enfatiza. Pedro Mansilla, sociólogo especializado en moda, apunta que en las dos última décadas las revistas del sector y la publicidad han impulsado la creación de estereotipos de la «mujer perfecta. Alcanzarla se ha convertido en una obsesión que genera inseguridad», reflexiona. Alberto Yagüe, director de uno de los laboratorios fotográficos más importantes de España, subraya las singularidades de su oficio: «Es cierto que nadie se da cuenta si eliminamos las venas de los ojos o el vello de los brazos, pero sí ven cuando un muslo ha quedado demasiado delgado. Lo malo es que se ha abusado mucho. Hasta yo estoy asustado. Los fotógrafos capturan las instantáneas, pero son los directores de arte los que deciden al final lo que se mete», matiza. «Constantemente se buscan llenar diferentes expectativas», alerta José Luis Nueno, experto en Marketing del Instituto de Estudios Superiores de la Empresa.

Alberto Bernárdez, fotógrafo de famosos, juzga injusto las críticas dirigidas a su gremio. Advierte que son las protagonistas de estas campañas las que casi siempre alientan estas 'mejoras'. «Dan por hecho que habrá modificación. Ya en la sesiones fotográficas, al decirles 'saca culete, mete tripa o pon el brazo así', estamos modificando la percepción óptica de su anatomía». En medio de este debate, Susie Orbach, reputada psicoterapeuta británica, aplaude la ley francesa: «Sólo el 2% de las mujeres se sienten cómodas con sus cuerpos. La publicidad construye en sus mentes una imagen de un cuerpo y una cara que no son reales», remarca.

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