El discreto encanto de Clare y la gloria de un vestido nupcial

El discreto encanto de Clare y la gloria de un vestido nupcial

L. GÓMEZ

De convocarse una consulta, seguramente solo los muy entendidos acertarían a las primeras de cambio quién se esconde detrás del nombre de la discreta Clare Waight Keller. En el último año ha dado un tremendo impulso a su carrera. Ha sido la primera mujer en ponerse al frente de la mítica casa francesa Givenchy y, sobre todo, firmó el vestido de novia de la exactriz Meghan Markle para su boda con el príncipe Enrique. Un puntazo que la ha colocado bajo todos los focos. Ahora ya no tiene escapatoria.

Pese a tratarse de una desconocida para el gran público, la diseñadora británica acumula un importante currículo. Antes de suceder a Riccardo Tisci hiló muy fino durante seis años en Chloé. Se podrá decir que una de las reglas no escritas hablaba de que el vestido nupcial fuera diseñado por una firma inglesa. Sin embargo, Clare Waight Keller, natural de Birmingham, no figuraba en ninguna de las quinielas, lo que lleva a pensar que a esta mujer le acompaña la suerte o, definitivamente, esconde más de un as bajo la manga.

Si primero se ganó el respeto de la industria por su trabajo al frente de Pringle of Scotland y después en Chloé, algo dice que Clare es más de lo que aparenta. El compromiso con el feminismo de Meghan Markle y su entrada en solitario a la capilla de San Jorge encajó como un guante en la elección de Waight. Famosa por sus modelos vaporosos y femeninos, trazó un vestido limpio con escote barco, manga tres cuartos y tremendamente minimalista. De aire clásico, intentó contentar a todo el mundo sin malhumorar a nadie. Sin llegar a provocar olas de admiración, mantuvo un perfecto equilibrio: ni demasiado tradicional ni demasiado edulcorado. Ni sorprendente, original y mucho menos rompedor. Pero salió airosa.

Una estrategia perfecta que descubrió a una sola protagonista: a la novia. Markle la eligió por su estética atemporal y estilo relajado. Cuando la ficharon para capitanear Givenchy, los dueños de la firma destacaron su capacidad para «romper las normas e innovar sin crear necesariamente una revolución». Pero, vistos los pasos que da, ya nadie se atreve a pronosticar que no acabe revolucionando el negocio.

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